Foro sobre Arturo Pérez-Reverte
Un lugar de encuentro donde "discutir" sobre la obra del escritor Arturo Pérez Reverte

Kacho escribió el día 09/08/2007 a las 16:27
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Gobiernos y misions de paz
Hola, Francisco:

Leyendo la discusión que mantuvo recientemente con algunos habituales de este foro, me gustaría contarle algunas cosas que quizás puedan interesarle.

En primer lugar, comparto su indignación por la muerte de soldados españoles a manos de terroristas organizados, así como la de turistas, o seres humanos de cualquier índole. El terrorismo es una de las más crueles y miserables formas de erradicación de la vida y de implantación de la dictadura del miedo. Cuando se trata de soldados que desempeñan una misión en el extranjero, estas muertes nos afectan en los términos que usted aduce. Jóvenes que deciden dar un sentido altruísta a sus vidas, con el riesgo honorable de estar dispuestos a sacrificarla por una causa, en teoría justa.

Insisto. Siento su misma rabia al pensar que un inhibidor de fecuencia hubiese podido evitar que los asesinos obtuviesen su fin. Sobre todo cuando conocemos que estos dispositivos están colocados en todos los coches oficiales de nuestros políticos. Que el ejército no está preparado dotado de los medios necesarios para cierto tipo de intervenciones, es una verdad de Perogrullo. Sin embargo, desde hace años, estos militares desempeñan su trabajo supliendo estas carencias con voluntad férrea y amor al prójimo. Creo que aquí terminan nuesras perspectivas comunes. Usted clama contra ZP por felón, por engañarnos poniendo el disfraz de "misión de paz" a lo que son operaciones militares en territorios en conflicto.

En todas sus soflamas patriótico-bélicas, no leo ninguna alusión a un suceso bastante vergonzante para la cúpula militar y para el gobierno que tenía el poder en la fecha que paso a referirle.

El 26 de mayo de 2.003, 64 militares con el mismo valor, la misma gallardía, y la misma entrega a la bandera nacional que los asesinados en Líbano o Afganistán; fallecían en accidente aéreo empotrándose de lleno contra el Monte Pilav, un terreno boscoso e impracticable en la misérrima región de Trabzon, creca de la frontera de Turquía con Georgia. Estos soldados y oficiales regresaban de una misión de paz en Afganistán, donde dos años antes se había realizado la ofensiva aliada que llevó el nombre de "Justicia Infinita", que si la memoria no le falla, tuvo por objetivo la aniquilación del régimen talibán que desde la expulsión de los soviéticos, ejercía la represión en ese país tan desgraciado.

Debido a mi trabajo de reportero gráfico, viajé en el mismo avión que el Ministerio de Defensa fletó con el titular de la cartera por aquel entonces, el Sr. D. Federico Trillo Figueroa. El objetivo era realizar una inspección "in situ" lo antes posible, con el fin de determinar con premura las causas del siniestro. No sé si conoce el infierno, pero lo que encontramos en ese monte escarpado donde la niebla no permitía ver a más de dos metros, se le parecía bastante. La primera impresión, pasado el sentimiento de desolación absoluta, fue de que el accidente debió de producirse por algún suceso extraordinario , puesto que ningún piloto en su sano juicio hubiese sobrevolado esa zona de nula visibilidad en plena noche, a no ser que una emergencia lo dejase como última opción. Hubo prisa por realizar las identificaciones de los fallecidos y la repatriación de los cuerpos. El ministro dio explicaciones en el Congreso, que no fueron ciertas, como después se demostró. El contrato del vuelo pasó por varios intermediarios. El aparato era un cacharro obsoleto en condiciones paupérrimas. La tripulación carecía de la preparación necesaria y del descanso estipulado para realizar el vuelo. El partido de la oposición interpeló con insitencia al grupo popular en el Congreso sobre este tema. De todos es conocida la respuesta del Sr. Aznar ("Dejen a los muertos en paz", harto y deseoso de zanjar esta cuestión que apestaba a pura mierda según se iban desvelando las mentiras que el Gobierno utilizó para acallar el llanto de los familiares y, sobre todo, las voces críticas que pedían una investigación más exhaustiva. Pero esos muertos no podían descansar en paz, porque la mitad de ellos disfrutaban del eterno reposo bajo lápidas que no se correspondían con sus verdaderos nombres. No hubo dimisiones. No hubo disculpas. Y a día de hoy, el opusino Sr. Trillo sigue haciendo uso de su acta de diputado, y supongo que conciliará cada noche el sueño con la absoluta tranquilidad de su ultracatólica conciencia. Se lo deseo para siempre. Porque a pesar de no ser correligionario suyo, no necesito de dogmas ni de instituciones sagradas para querer el mal de nadie.

Un año después, hubo un cambio de gobierno. Según usted, y por boca de Ansón, "por accidente". El Ministro que heredó la cartera del Sr. Trillo, D. José Bono, organizó una operación populista, de las muchas que ha protagonizado a lo largo de su dilatada carrera política, y fletó el mismo avión que 366 días antes el Sr. Trillo con el mismo destino. También cubrí aquella noticia. Pero esta vez nos acompañaban los familiares de los fallecidos, para que asistiesen a la inauguración de un monolito en memoria de todos aquellos militares que perdieron la vida en aquel monte ya por siempre maldito. La climatología era idéntica a la del mismo día un año atrás. Para los que acudíamos por segunda vez, fue inevitable revivir imágenes que intentas aparcar en un rincón de la memoria para poder seguir adelante. Los habitantes del lugar que habían participado en las labores del rescate se abrazaban a los parientes compartiendo sus lágrimas. Míseros campesinos que fueron testigos directos de la mayor catástrofe que ha sufrido nuestro Ejército. Hubo una catarsis. La gente trataba de acabar con los fantasmas que les habían torturado durante todo ese tiempo. Era imposible ne dejarse llevar por la aflicción de más de un centenar de llantos y lamentos. Algunos familiares quisieron recoger puñados de aquella tierra húmeda que vio morir sangre de su sangre. Fue entonces cuando aparecieron placas de identificación, fotografías, restos de uniformes y objetos personales. Aquello sacó a la luz la infinita chapuza que el PP trataba de ocultar a toda costa.

El resto lo conocerá bien. La exhumación de los cuerpos, las nuevas pruebas de ADN, el tormento de dar sepultura por segunda vez a un ser querido...

No recuerdo la voz de nadie de los que vomitan hoy en día toneladas de odio. Nadie llamó "traidor" al que no dio el trato digno que se merecían aquellos héroes (ya que tanto le gusta el término), sino que pisoteó su memoria con el fin de ocultar su cadena de errores garrafales. Y lo hicieron porque la caca les pesaba en los calzones, porque sabían que aquellos militares nunca debieron subir a aquella chatarra llamada Yak-42.

Usted debió sentirse mal entonces. Indignado, engañado, avergonzado... Se le saldrían los hígados. Sentiría que dejar el país durante ocho años a gañanes capaces de acometer semejante tropelía fue un suicidio malogrado del que salimos indemnes. Bueno, 64 militares ya no lo pueden contar, y sus familias ya sólo pueden llorar.

Por cierto, aquellos militares, en sus ocho meses de misión, camparon por el árido paisaje afgano sin los mismos inhibidores de frecuencia que hasta hace poco no fueron instalados en los vehículos de transporte. Y si no recuerdo mal, el enemigo a combatir, también se llamaba integrismo islámico. La verdad es qe este Gobierno es un felón.

Un cordial saludo.
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Naufragué en el abismo de las noches en vela, con el recuerdo incrustado de la luna en tus ojos.


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