Y te puedo asegurar que, de haberlo leído mi Abuela Chica (bisabuela materna) a la que me lleve años escuchando sus historias delante del balcón de la cocina familiar, sus hijos Juan y Antonio, desaparecidos uno después de los sucesos de Casas Viejas en el 33 y otro en el 36; mi abuela Luisa que se pasaba la vida pidiendo paz y silenciando su parentesco con los Seisdedos, pese al episodio de sus hermanos y tantos y tantos otros a los que he conocido y he escuchado en mi infancia. Eso, que si hubieran leído este artículo aplaudirían en silencio la valentía del que lo firma. Pero siempre en silencio y agradeciendo cómo vivimos hoy. Porque en mi casa, desde el 32 al 40 hubo muertos y desaparecidos en ambos lados. Y sin embargo, los que quedaron y vivieron para contarlo nunca fueron franquistas. Ni rojos. Ni nada. Fueron hombres y mujeres con un par que solo quisieron que los tiros a la barriga que se gritaban en Casas Viejas y, más tarde, ahí mismo en la calle Churruca, nunca lo vieramos sus nietas.
¿Recueperar la memoria histórica? a quien le puedan vender esa burra. |