Foro sobre Arturo Pérez-Reverte
Un lugar de encuentro donde "discutir" sobre la obra del escritor Arturo Pérez Reverte

Salva escribió el día 22/09/2015 a las 06:58
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Esta noche, en El Gran Teatre del Liceu de Barcelona, A.P-R. premiado con ...










-------------------------------------------------------------------------------- "EN ESPAÑA, DESGRACIADAMENTE, LA PALABRA HA DEJADO DE SER PELIGROSA"



Novelista, académico, reportero de guerra, marinero díscolo... Arturo Pérez-Reverte lleva 25 años escribiendo columnas en el suplemento XL Semanal

Cada domingo destripa el mundo a su manera: a medio camino entre la vivisección sin anestesia y una esgrima con la actualidad

EL MUNDO premia todo ello. «Hablo de la palabra como arma», dice. «Como el arma de aquel que no quiere otra arma».

PEDRO SIMÓN - Madrid

Actualizado 22/09/2015 03:49

Vive en un batiscafo abisal de sables y libros, luce ese escepticismo del que lo ha visto casi todo con una libreta en la mano y, de cuando en cuando, emerge de las profundidades para hacer apnea de sí mismo.

-Envejecer significa dejar de ser cosas que has sido. Cuando me viene esa sensación de que estoy dejando de ser lo que he sido, me voy a navegar.

-¿Por qué?

-Porque navegar no es estar tomando el sol en Formentera. Es mal tiempo, temporales, tratar de no perder el barco... De no perderte tú.

De Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) nos habían dicho que es un corsario difícil, que en los duelos dispara antes de contar 10. Como en la vida, casi nada es verdad.

-¿Prefieres respuestas largas o cortas?

-Como tú quieras, Arturo.

-Bueno, procuraré hacértelo lo más fácil que pueda...

P - Hombres buenos es un homenaje a la razón. ¿Quedan hombres de aquellos hoy en día?−

R - Claro que quedan. Lo que pasa es que las elites intelectuales, que son las que siempre han marcado el camino en el mundo ilustrado, cada vez están más asfixiadas por lo políticamente correcto, por la injerencia de los políticos en territorios culturales que no son los suyos ni los conocen. Digamos que la voz de los hombres buenos cada vez está más apagada y se escucha menos. De todas formas, el hombre bueno por excelencia es el maestro. Es el que ilumina a los jóvenes, el que abre el camino. De ellos depende el futuro...

P - Según Rafael Chirbes, los malos siempre ganan. Y, entre los malos, el peor de todos...

R - Chirbes era un hombre bueno. Y tenía razón: casi siempre gana el peor. El malo no tiene ningún escrúpulo a la hora de utilizar las herramientas de la maldad. Mientras que el bueno tiene líneas rojas que no pasa. Y si además unes la ignorancia, y la osadía que da la ignorancia... A veces oyes hablar a un político y te dices: «Madre, ¿cómo se atreve este tío, que no sabe hilar sujeto, verbo y predicado, que no tiene no ya un discurso intelectual normal, sino un discurso sintáctico normal? ¿Cómo se atreve a pretender orientar la vida de los demás?». Cuanto más preparado estás, más prudente eres. Porque sabes que el mundo está plagado de minas.

P - El Premio Columnistas del Mundo trata de honrar la memoria de José Luis López de Lacalle, asesinado por ETA, y otros compañeros. ¿Tan peligrosas son las palabras?

R - En España, la palabra, desgraciadamente, está dejando de ser peligrosa. Hablo de la palabra como arma. Como el arma de aquel que no quería otra arma. Es un arma que ha sido eficaz durante 3.000 años. El arma más afilada que la espada. En un tiempo como éste, la palabra ha sido tan devaluada que ha sido sustituida por la imagen. Ha perdido influencia, vigor, eficacia... La gente buena todavía acude a donde están las palabras, pero la gente estúpida, la gran masa, acude a la imagen. −P Tus columnas son arcabuzazos.

R - Son duras. Hay gente que piensa que yo soy así. Pero es que esas columnas tienen un objetivo: que sean eficaces. Vivimos en un país en el que si no le pateas el hígado a la gente, no se da por aludida. Esa brutalidad es necesaria. Yo no soy brutal en mi vida normal, pero la columna es otra cosa. Ahí acudo a la brutalidad, al insulto, a la violencia, porque sé muy bien que si no pateas la cara de algunas personas esa columna pasaría inadvertida.

P - ¿A dónde toca disparar ahora?

R - A la ignorancia, a la estupidez... No te voy a decir nada nuevo.

P - Bueno, yo tampoco te voy a preguntar nada nuevo...

R - Mira, durante mucho tiempo pensé que lo peor del mundo era la maldad, pero no. Con la edad, te haces más lúcido, adiestras la mirada: lo peor es la estupidez. Son peor los estúpidos que los malos. El estúpido siempre hace más daño que el malo. Por acción o por omisión. Por líder estúpido o por masa borreguera. Un personaje de mi novela dice: «Sin esclavos no habría tiranos; sin borregos no habría lobos». Todo aquel impulso social que no está guiado por la razón termina siendo pernicioso. Ya lo he dicho: de nada vale una urna si el que vota es analfabeto.

P - Decía Enrique Meneses que el periodista tiene que tratar de forma suave a los débiles y de forma fuerte a los fuertes.

R - Depende. Hay débiles que necesitan una conmoción. Hay gente cuya debilidad les hace cobardes, cómplices pasivos de las grandes líneas de los malos. Ellos necesitan situaciones que los conmuevan. Cuando el débil se ve arropado por la masa se comporta como la masa. El débil no está indefenso, tiene unas derivas muy peligrosas. Por eso cuando se combate el mal no sólo hay que ir contra los que gritan, sino también contra los que están callados.

P - ¿Añoras algo del Pérez-Reverte reportero?

R - Añoro la juventud, el poder estar tres días sin comer, una semana sin dormir, el caminar por el desierto todo un día y por la noche dormir como un bendito. Fueron 21 años. No fue un paseo, fue lo bastante intenso como para colmarlo.

P - ¿Estás cansado de algo del Pérez-Reverte escritor?

R - No. Yo ahora tengo una responsabilidad: los lectores. En 40 países. Sé que mi trabajo va a ser visto por mucha gente. Te das cuenta de que no puedes gustarle a todo el mundo. Vivir es elegir. Y elegir es tener amigos y enemigos, moverte, ir decantándote.

P - ¿Crees que la velocidad que demanda lo digital está envileciendo el periodismo o lo está haciendo mejor?

R - El periodismo ha cambiado. Yo era reportero. Me iba seis meses a Eritrea y mi reportaje iba en primera página. Ahora tardo cinco minutos en transmitir, y lo que dices no vale una mierda porque lo ha dado todo el mundo. Hasta tu vecino con internet. Ahora la inmediatez es fundamental. Lo malo es que la inmediatez provoca una serie de reacciones de gente no periodista, de ruido, que sofocan al profesional. En ese sentido, el periodismo ha dejado de ser un ejercicio profesional de tíos preparados, formados para ello o con talento, en el cual las voces eran autorizadas para ser una especie de competición para ver quién da más, más fuerte, más rápido. El periodismo ha dejado de ser un polo de referencia, ahora es un foro de debate. Esto es muy distinto. El periodismo sereno, analítico, informativo, riguroso que se hacía antes ha quedado sumergido. El periodismo serio está condicionado por lo otro. Por lo que digan las redes.

P - La gente escribe más, pero lo hace bastante peor. Te hablo del teléfono móvil, de WhatsApp y hasta de Twitter...

R - Se escribe mal por muchas razones. La gente no lee. Ve analfabetos hablando por televisión. Y luego escribe antes de pensar. Todo eso redunda en un despojo: las redes son un bar de analfabetos. Vargas Llosa dice algo. Y uno suelta: «Vargas Llosa no tiene ni puta idea». En su perfil se define como Libertario, tengo 18 años y me gusta el rock.... Y el tío se atreve a criticar a Vargas Llosa, creyendo de verdad que las redes sociales lo igualan... Cuantos más hombres buenos haya, el desastre será menor. Pero el desastre es inevitable. Por eso son importantes los combates de retaguardia. Los últimos soldados que defienden la trinchera.

P - ¿Se puede hacer un novelón con el tema catalán?

R - Es demasiado mediocre. Hay temas sórdidos. Y este es un de ellos.

P - ¿Qué personaje es el presidente Rajoy?

R - [Largo silencio]. ¿Has venido aquí para fastidiarme?

P - En efecto. [Nos reímos los dos]. En un país con 2.000 imputados por corrupción y casi 200 causas abiertas, ¿cómo se explica esta paz?

R - Porque no se han dado cuenta. La gente no quiere mirar. No es la economía nada más. Es todo. Es el sistema de vida de los últimos 50 años. Es lo que está cayéndose... En cuanto la crisis ha dejado de apretar, la gente ha vuelto a hacer lo de antes: a entramparse con una hipoteca, a gastarse lo que no tiene por un viaje a Cancún, a hacer lo mismo. Me incluyo yo también.

P - Me gustaría que recomendaras un clásico rabiosamente moderno.

R - Recomendaría dos autores: Galdós y Valle-Inclán. Sus lecturas ayudarían a entender por qué estamos como estamos.

P - En las elecciones generales, ¿te gustaría que ganara uno o que perdieran todos?

R - [Hasta 20 segundos de silencio. Pérez-Reverte medita mucho la respuesta] No voy a contestar a esa pregunta.

P - ¿El problema de la educación se llama sistema educativo?

R - El problema de la educación en España se llama políticos analfabetos. Que en vez de elevarse ellos hasta el nivel de la cultura hayan rebajado la cultura hasta su mediocre nivel. Hay un error enorme, el desprecio a las elites intelectuales. Se han empeñado en decir que todos los niños son iguales en el colegio. Y eso no es verdad. Todos han de tener las mismas oportunidades, eso sí. Pero no son iguales. Lo que están haciendo es machacar al brillante por ser brillante para igualarlo al mediocre. Es un sistema hecho para machacar el futuro. España es un país enfermo, histórica y culturalmente.

P - Sólo una última cosa. ¿Por qué te joden tanto las fotos?

R - Nunca me han gustado. Las detesto. Y, para mi desgracia, me veo obligado cada poco tiempo a tener que someterme a ellas.

http://www.elmundo.es/television/2015/09/22/5600620ee2704e35038b45a0.html
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ÁLBUM XIV PREMIOS INTERNACIONALES DE PERIODISMO DE EL MUNDO













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VIDEO DEL DISCURSO DE ARTURO: "EL PERIODISMO AGREDIDO "



Discurso íntegro del periodista, escritor y académico Arturo Pérez-Reverte tras recibir el Premio Columnistas del Mundo 2015

Señoras y señores.

Al agradecer este premio (que me conceden ustedes bajo su exclusiva responsabilidad) necesito mencionar, antes de todo, los nombres de tres grandes amigos míos a los que, entre otros, pero ellos especialmente, asocio de modo automático con la cabecera de EL MUNDO.

Uno es el de Julio Fuentes, compañero de territorios comanches durante muchos años, que murió cumpliendo orgullosamente con su obligación de reportero, cuajando así la leyenda que, con su trabajo y sus peligros, él mismo había creado.

El otro, que vive momentos difíciles con la entereza y el valor con que los vivió siempre, es Fernando Múgica, a quien conocí en otro lugar incómodo de la vasta geografía de las catástrofes, hace ahora, justos, cuarenta años. Con él viví dos décadas de trabajo, guerras y aventuras que nos unieron en esa estrecha fraternidad, hecha más de silencios, instintos y respeto que de palabras. Esa lealtad de viejos reporteros que todavía nos une.

El tercer nombre no necesita glosa: Raúl del Pozo. Viejo reportero, viejo columnista, viejo amigo desde el legendario diario Pueblo.

El cuarto nombre está aquí hoy, es Antonio Lucas y es mi amigo. Y cuando un hombre de sesenta y cuatro años con cierta compleja biografía en la mochila llama a alguien amigo, no lo hace jugando con las palabras. A él le doy el abrazo fraternal que hoy no puedo darle a Julio y a Fernando. Y que comparto contigo, director, con los compañeros del periódico y con quienes me habéis traído hoy aquí para hacerme el honor que me hacéis.

Me temo que, aparte expresar mi agradecimiento, no puedo decir nada que, de una u otra forma, no haya dicho ya.

Desde hace casi treinta años escribo novelas y un artículo de opinión cada semana. Ahí están mis ideas y mi mirada, mi biblioteca, mi experiencia, mis recuerdos, mis amigos, mis filias y mis fobias.

Nunca pretendí ser objetivo, pues eso quedó en los tiempos de reportero. Ahora soy subjetivo, todo cuanto puedo, en esa especie de desahogos, de ajustes de cuentas semanales. Ajustes de cuentas que a menudo también me incluyen a mí mismo.

Pero hoy estamos aquí para hablar de periodismo. Y eso me da ocasión para repetir un par de ideas que ya expresé, como digo, en otras ocasiones, pero que siguen siendo válidas. Creo. O por lo menos, sobre este particular yo no tengo otras.

En mi opinión, el único freno, la única medida que conocen el político, el financiero o el notable, cuando alcanzan cotas perversas de poder, es el miedo a la prensa libre. Hay quien prefiere llamarlo respeto, pero yo, prefiero la otra palabra. Quizá porque, como me gusta mucho leer a Suetonio, recuerdo siempre aquello de: "Oderint, dum metuant" (que me odien, pero que me teman). Miedo de quienes deben tenerlo, a perder la influencia, el poder, el dinero, el privilegio, la reputación, la impunidad. A sufrir las consecuencias de su ambición, sus mentiras, sus cobardías o sus delitos.

Sin ese miedo, todo poder viciado por la condición humana (que siempre acaba asomando por alguna parte) se vuelve tiranía. Por muy disfrazada que esté. Y ese miedo, tan saludable en democracia, incluye el temor a la exposición pública. La denuncia. El titular de prensa. La investigación rigurosa que, con frecuencia, llega más allá de donde los otros mecanismos llegan, pueden o quieren llegar.

Ese miedo a la prensa es saludable. Es necesario para nuestra salud social. Miedo, no al ruido de las redes sociales (que la ausencia de filtros vuelve confuso, tornadizo y babélico), sino al del titular de prensa sólido, documentado, profesional, y al texto que señala y explica. Al artículo de opinión cualificada.

Por eso, en formato papel como en digital, una prensa rigurosa, de opinión seria e información veraz, sigue siendo imprescindible. Y más en España. Ahora. Aquí.

He dicho ya alguna vez, y lo repito ahora de nuevo, que nunca en esta democracia se ha visto en España un maltrato semejante del periodismo por parte del poder, lo detente quien lo detente, como se ha visto en los últimos diez o quince años.

Quienes tienen el poder o aspiran a tenerlo no siempre están dispuestos a pagar el precio de una prensa libre. Basta ver las ruedas de prensa sin preguntas, el rechazo a las comparecencias públicas, los debates electorales donde son los políticos, y no los periodistas, quienes deciden el formato. Y estremece la facilidad con que en los últimos tiempos, salvo algunas y muy arriesgadas excepciones, el periodismo se pliega en España a la presión del poder. En Cataluña (ya que estamos aquí, haciendo amigos, no está de más decirlo) y también en el resto de España.

En mi opinión, nunca se ha visto en España un periodismo tan agredido por el poder político y financiero, y tampoco se ha visto nunca tanta mansedumbre, tanta resignación en la respuesta. Apenas hay afán por buscar, por investigar, excepto cuando se trata de servir intereses particulares. Entonces, para procurar munición al padrino que a cada cual corresponde o se ha buscado para sobrevivir, entonces sí hay luz verde, y hay medios, hasta que se toca la línea roja correspondiente a cada cual: la banca, la telefonía, la publicidad, el nacionalismo, la iglesia, tal o cual sigla de partido, lo socialmente correcto llevado hasta extremos de estupidez.

En pocos casos se trata de hacer reflexionar al lector. Se trata, por lo general, de imponerle una supuesta verdad. Un punto de vista. Y ése parece ser el triste objetivo del periodismo español de hoy: no ayudar al ciudadano a pensar con libertad. Sólo convencerlo. Adoctrinarlo. Esa es su gran, nuestra gran derrota. Su gran, nuestra gran miseria.

En mi opinión, salvo muy nobles excepciones (y a EL MUNDO corresponde el honor de ser, a menudo, una de esas dignas excepciones), escasea el periodismo crítico independiente en España. El periodismo de iniciativa, que arroja asuntos al ruedo de la información y la vida. Más bien lo que hay es un seguidismo abúlico de la nota de prensa, la convocatoria en la sede del partido. Lo que suele haber (no siempre, pero a menudo) son declaraciones o actuaciones de políticos, y toma de postura de los medios a partir de eso, con aplicación inmediata, además, casi automática, de las filias y fobias donde se alinea cada cual. Hay tertulias de radio y televisión, editoriales de ciertos diarios, donde es posible adivinar qué dirá el periodista en cuanto dé el primer teclazo o abra la boca. A qué políticos defenderá, y a cuales atacará. Incluso qué argumentos va a manejar.

La presencia del político en la vida periodística española es asfixiante. Aquel compadreo que tan útil nos fue a unos y a otros, políticos y periodistas, en los tiempos épicos de la transición, se está pagando ahora muy caro.

El político ya no respeta al periodista, y lo maltrata. Raro es el trabajo periodístico sobre el hecho más remoto, que no incluya, con carácter casi obligatorio, alguna declaración de políticos a favor o en contra; marginando el interés del hecho en sí para derivarlo a lo que el político opina sobre él, aunque esa opinión sea una obviedad o un lugar común, o quien habla maneje mecanismos expresivos o culturales de una simpleza aterradora.

Lo que cuenta es que el político esté ahí. Que adobe y remate el asunto. Que lo protagonice. Si hay un canutazo de político, el redactor jefe ya se queda tranquilo. Se ha cumplido el canon.

Por modesta o mediocre que sea a veces, la figura del político asfixia a todas las otras. Hasta en el más humilde periódico local español, las páginas abundan en politiqueo municipal, convirtiendo cualquier menudo incidente concejil en asunto de supuesto interés público. Los mecanismos internos más aburridos de cualquier formación política importante se examinan hasta el agotamiento.

En mi opinión (y he viajado y visto lo suficiente para tenerla), las horas que radio, televisión o periódicos dedican en España a analizar el funcionamiento interno de los partidos, no tienen equivalente en el mundo democrático. Y aburren hasta a las ovejas. Hacen que los lectores deserten. Se desinteresen de lo que se les cuenta. Y es difícil culparlos por ello.

De ahí la necesidad. La pertinencia del aldabonazo y sus consecuencias. Del espléndido titular en primera página y la columna explicativa, rigurosa, lúcida. Del miedo, dije antes. Miedo a la voz de los periodistas libres y de los hombres libres que los leen.

Ésa es la palabra clave. Ese miedo de los infames es el que mató a Jose Luis Lopez de Lacalle, que da honroso nombre a este premio y honra a quienes lo recibimos; pero no acalló su voz, heredada por sus compañeros y multiplicada en los lectores. Ése es el único freno y contrapeso, a estas alturas. Lo demás son milongas. Cuentos chinos.

Y esa palabra, miedo al periodismo libre y decente, la aprendí hace casi cincuenta años, en la más importante lección de periodismo de mi vida. Es una anécdota que he contado varias veces, pero que sigue siendo la que mejor refleja lo que pretendo decir hoy. Por eso, con permiso de ustedes, la cuento de nuevo.

Yo tenía 16 años, había decidido ser reportero, y cada tarde, al salir del colegio, frecuentaba la redacción en Cartagena del diario La Verdad. Estaba al frente de ésta Pepe Monerri, un clásico de las redacciones de entonces, escéptico, vivo, humano. Empezó a encargarme cosas menudas, y un día me encargó que entrevistase al alcalde de la ciudad. Y cuando, abrumado por la responsabilidad, respondí que entrevistar a un alcalde era demasiado para mí, y tenía miedo de hacerlo mal, el veterano me miró con mucha fijeza, se echó atrás en la silla, encendió uno de esos pitillos que antes fumaban los viejos periodistas, y dijo algo que no he olvidado nunca:

"¿Miedo?... Mira, chaval. Cuando lleves un bloc y un bolígrafo en la mano, quien debe tenerte miedo es el alcalde a ti".

Pienso en eso a menudo. Y últimamente, en España, más todavía. Cuando lleves un bloc y un bolígrafo en la mano, quien debe tenerte miedo es el alcalde a ti.

Todo el periodismo, su fuerza, su honradez, hasta su épica, se resume en esas extraordinarias palabras. En esa declaración segura de sí, hermosa, arrogante, formulada por un humilde, viejo, escéptico, cínico, magnífico periodista.

Gracias, director. Gracias, amigos. Gracias a todos.

VIDEO
http://www.elmundo.es/opinion/2015/09/22/56018a92268e3e55548b45a0.html

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PÉREZ-REVERTE: "LA PRENSA LIBRE ES EL ÚNICO MIEDO DE LOS PODEROSOS"

Pérez-Reverte defiende un periodismo crítico independiente como el de EL MUNDO frente el que se pliega en España a la presión del poder

EL MUNDO - Barcelona

Este martes por al noche, la prensa cosechó un respaldo unánime a su independencia. En el Liceo de Barcelona, este diario, que cumple 20 años en su edición para Cataluña, celebraba además la entrega de los Premios Internacionales de Periodismo de EL MUNDO. Un cartagenero, una estadounidense de Connecticut, una francesa, una saudí y una veintena de venezolanos, todos ellos con incontables países registrados en sus retinas durante el ejercicio de la profesión, se envolvieron en la misma bandera, la de la libertad. "El único freno, la única medida que conocen el político, el financiero o el notable, cuando alcanzan cotas perversas de poder, es el miedo a la prensa libre", clamó Arturo Pérez-Reverte, tras recibir el Premio Columnistas del Mundo. Las reporteras Lynsey Addario y Veronique de Viguerie, así como la periodista árabe Safa al-Ahmad, compartieron por su parte el Premio Reporteros del Mundo, entregado por la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. La prensa opositora venezolana, representada en su discurso de agradecimiento por Miguel H. Otero, mereció una mención especial en esta XIV edición de los galardones. [Las mejores imágenes de la gala]

"Salvo muy nobles excepciones (y a EL MUNDO corresponde el honor de ser, a menudo, una de esas dignas excepciones), escasea el periodismo crítico independiente en España, el periodismo de iniciativa, que arroja asuntos al ruedo de la información y la vida", subrayó Pérez-Reverte, que recibió su premio de manos de David Jiménez, director de EL MUNDO. Éste rememoró el trabajo de los periodistas del diario que perdieron la vida por contar la verdad, Julio Fuentes, Julio A. Parrado y José Luis López de Lacalle, en cuya memoria se conceden los galardones. "Os premiamos a vosotros y a vuestro periodismo para que sigáis inspirándonos de la misma forma que lo hicieron nuestros compañeros caídos en Afganistán, Irak o en un sitio en el que nunca debió haber un conflicto, el País Vasco", manifestó Jiménez a los galardonados, "hechos, como ellos, de la pasta de los grandes reporteros".

Entre un buen puñado de reporteros internacionales más acostumbrados al trabajo sobre el terreno que a las galas de etiqueta, el director de EL MUNDO no fue el único en rendir homenaje a los queridos ausentes. "Cada vez más, estamos en el punto de mira, como consecuencia de nuestros esfuerzos por dar testimonio de las injusticias del mundo. Hemos sido secuestrados, golpeados y, en el peor de los casos, asesinados", recalcó entre lágrimas Addario, reportera gráfica norteamericana que ha cubierto 41 conflictos en los últimos tres lustros y ha sufrido dos secuestros, si bien nunca ha abandonado la profesión, hasta el punto de trabajar embarazada de siete meses. "El mundo no es blanco ni negro; es mucho más complejo. Nosotros nos movemos en la escala de grises", aseveró en castellano De Viguerie, en un análisis de la imagen extensivo al periodismo en su totalidad. La saudí al-Ahmad dedicó todo su discurso a las personas "valientes" que han combatido la opresión. Otero, presidente editor de El Nacional, afirmó: "Éste es un premio no sólo para nosotros, sino para todas las personas que están luchando por la libertad en Venezuela".

Junto con Sáenz de Santamaría, acudieron a la cita periodística Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior; José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores; María Llanos de Luna, delegada del Gobierno en Cataluña; José Luis Ayllón, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes; y Josep Martí, secretario de Comunicación del Govern de Cataluña. En esta semana de elecciones, representantes de los medios, la empresa y la cultura coincidieron con las autoridades políticas con el objetivo de celebrar estos Premios y el XX aniversario de EL MUNDO Catalunya, "dos motivos aparentemente diferentes pero en los que hay un nexo común: la defensa de la libertad de prensa y de las esencias del periodismo", tal y como argumentó Antonio Fernández-Galiano, presidente de Unidad Editorial.

Así, tras exponer cómo "desde un punto de vista histórico y jurídico no hay discusión posible sobre la españolidad de Cataluña", Fernández-Galiano quiso señalar la "deslealtad institucional" planteada por los representantes del pueblo catalán de cara a los comicios del 27S.

Álex Sàlmon, director de EL MUNDO Catalunya, plasmó una rotunda defensa del "baile de posturas contrapuestas, sano, democrático, interesante y divulgador" que ha diferenciado a EL MUNDO del resto de cabeceras, 20 años de "trabajo a contracorriente" no exento de "aislamiento institucional". En sintonía con esas palabras, Pérez-Reverte alertó sobre cómo "el periodismo se pliega en España a la presión del poder; en Cataluña y también en el resto de España". El académico, reportero, articulista, novelista y ahora también Premio Columnistas del Mundo aseguró: "Nunca en esta democracia se ha visto España sometida a un maltrato semejante del periodismo por parte del poder, lo detente quien lo detente, como se ha visto en los últimos 10 o 15 años".

http://www.elmundo.es/television/2015/09/22/5601bad622601d74278b4598.html

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BRINDIS EN EL LICEO




EL MUNDO de CATALUNYA celebra su 20 aniversario con una fiesta en la que se han entregado los Premios Internacionales de Periodismo de EL MUNDO

EL MUNDO de CATALUNYA ha celebrado esta noche su XX aniversario con una fiesta en el Liceo de Barcelona en la que se han entregado los Premios Internacionales de Periodismo de EL MUNDO. A la cita han acudido la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría: el Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz y el Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, además del director de EL MUNDO, David Jiménez, el presidente de Unidad Editorial, Antonio Fernández Galiano, el vicepresidente Giampaolo Zambeletti y el director de EL MUNDO de CATALUNYA, Álex Sàlmon.

Los políticos tampoco quisieron perderse la cita. Se vio al líder de Ciutadans, Albert Rivera, al socialista Jaume Collboni, la Delegada del Gobierno en Cataluña, María Llanos de Luna, el popular Albert Fernández Díaz, Carina Mejías, Núria Marin, la alcaldesa de LHospitalet, Martín Rodriguez Sol de Unió y la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho.

También los candidatos a la presidencia Inés Arrimadas (Ciutadans) y Xabier García Albiol (PPC). El secretario de Comunicació de la Generalitat, Josep Martí y el Secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón, se sumaron a una noche intensa, llena de discursos, lágrimas (las de una emocionada Lyndsay Addario), más de un brindis y alguna que otra ausencia.

Los Premios Internacionales de Periodismo, que reconocen el compromiso ético y la defensa de la libertad de expresión, llegan a su XIV edición con unos galardonados de lujo: el columnista y escritor Arturo Pérez-Reverte, la reportera gráfica Lynsey Addario, la fotógrafa Veronique De Viguerie y la periodista Safa Al-Hamad.

A la velada se sumaron numerosas figuras de la sociedad civil catalana, como la presidenta del Palau de la Música, Mariona Carulla; la escritora Pilar Eyre, el presidente del Gremio de Editores de España Daniel Fernández, los periodistas Casimiro García Abadillo, Pedro García Cuartango y Enric González, Mar Raventós del Grupo Codorniu, Josep Ferrer de Freixenet, la diseñadora Rosa Clará, el abogado Miquel Roca, Lluís Sans de Santa Eulàlia, el presidente del Gremio de Editores Catalanes Patrici Tixis; los hermanos Torres del restaurante Dos Cielos, Gerardo Marín de Alfaguara, Enrique Lacalle de BCN Meeting Point y Miquel Valls, presidente de la Cambra de Comerç de Barcelona. También Amancio López de Hotusa, el delegado del Estado del Consorcio de la Zona Franca Jordi Cornet; Daniel Alonso de la Oficina Antifraude, el vicepresidente del EspanyolRafael Entrena, la ex vicepresidenta de la Generalitat, Joana Ortega, Rosa Esteva del Grupo Tragaluz, el presidente del Círculo Ecuestre Borja García-Nieto, Kim Faura de Telefónica, Luis Hernández de Renta Corporación, Esteve Rabat, Francisco Reynes de Abertis, Miguel Torres de Grupo Bodegas Torres, Miquel Suqué del Grupo Peralada, el Comisario Superior de la Policía Sebastián Trapote, y Rafael Vilaseca consejero delegado de Gas Natural.

El 20 de septiembre de 1995 salió a la calle el primer número de EL MUNDO de CATALUNYA. En la primera portada destacaban la corrupción (los papeles del Cesid) y una encuesta sobre política catalana según la cual Pasqual Maragall era el líder más valorado y a Pujol le faltaban cinco escaños para revalidar su mayoría absoluta (una mayoría que, efectivamente, perdió). Dos décadas más tarde, la corrupción sigue acumulando portadas y Cataluña vive sumida en otra campaña electoral, de las más intensas y decisivas que se recuerdan en democracia. Mucho ha pasado a lo largo de estos 20 años. Sobre el pasado, el presente y, por qué no, también sobre el futuro, se reflexiona en un suplemento especial de 120 páginas que EL MUNDO de CATALUNYA ofrece a sus lectores. Un extra que el miércoles llega a los quioscos y cuyos primeros ejemplares se repartieron en la celebración del Liceu.

http://www.elmundo.es/television/2015/09/22/56019ed6e2704e71798b4597.html
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