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D.E.P. El Batman Güemes ~ANEXO

La Derrota
08/05/2022 11:53
1232 mensajes en el foro, registrado desde 14/10/2001
laderrota arroba gmail punto com

«…Me acordaba de él y de todo esto el otro día en una cantina mejicana, La Ballena de Culiacán, cuando anduve por allí presentando mi última historia. Y me acordé porque ocurrió algo, una pequeña situación, trivial en apariencia, que el perro inglés habría comprendido tan bien como yo mismo la comprendí; porque, aunque no lo parezca, tiene mucho que ver con lo que hoy les cuento. El caso es que estaba con Julio Bernal, el Batman Güemes y el escritor sinaloense Élmer Mendoza, mis amigos de allá, bebiendo tequila en una de las mesas del fondo del antro, rodeados de tipos bigotudos y silenciosos, raza pesada que miraba la pared o al vacío ante un caballito de tequila o una media Pacífico mientras en la rockola sonaba Veinte mujeres de negro. Sólo Élmer no bebía. Padece del estómago, y un trago de alcohol le sienta como una patada en los mismísimos epicentros. En ésas estábamos cuando se acercó el camarero y, poniendo ante Élmer un vaso de tequila, dijo que lo traía con los saludos de los ocupantes de una mesa cercana. Miramos en esa dirección: cuatro tipo mostachudos, silenciosos y graves, con sombreros de palma y chamarras que ocultaban cualquier cosa que llevasen -y les aseguro que esos tíos la llevaban- fajada al cinturón. En Sinaloa, Élmer es un escritor muy respetado: la gente lo saluda por la calle. Vi que tomaba la copa sin vacilar y la alzaba en dirección a la mesa, mientras los otros, muy serios, asentían con la cabeza. ¿Te conocen?, le pregunté. Claro que sí, fue la respuesta. ¿Y no saben que no bebes alcohol? Lo saben, contestó mi amigo. Pero también saben que aquí, cuando te encuentras con alguien a quien aprecias, le mandas una copa. Y saben que yo lo sé. Y dicho eso, Élmer se echó al cuerpo el tequila sin pestañear. Glub, glub. De un solo trago. Volvieron a asentir los otros allá en su mesa, muy serios, aprobando el gesto en silencio, y cada uno volvió a lo suyo. Yo miraba a mi amigo, viéndolo apretar los dientes mientras el alcohol le raspaba el estómago. Luego me miró con una sonrisa estoica y sonrió de la manera en que él suele hacerlo, así, como muy despacio:
—Ni modo, carnal –resumió, encogiéndose de hombros–… Son las reglas.»
2002.10.06 SON LAS REGLAS




«…    Buena chica, Cinthia, le comento a mis amigos más tarde, cuando vamos en el Grand Marquis rumbo al hotel. Y el Batman, que conduce, se ríe y dice: lástima de todo lo que se mete, con ese cuerpo. Porque esa güera no va a durar mucho ni va a salir de aquí nunca, compa. Se gasta todo lo que gana en pericazos, o que no viste cómo moqueaba la morra, y cuando esté hecha una mierda se la traspasarán a otro tugurio de menos categoría y terminará de cualquier manera, cada vez bajo, cogiéndose a cualquiera por cuatro pinches pesos. Y yo me digo, recordando el beso de Cinthia, que prefería la historia del visado y la película en Los Ángeles. Y que a veces uno sabe más cosas de las que quisiera saber en esta puta vida.»
2002.01.13 El beso de Cinthia

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