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ANEXO a PATENTE DE CORSO 23.12.18 ~ ¡VIVA MÉXICO, CABRONES!

La Derrota
24/12/2018 10:20
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Todo comenzó con una mujer:

"Era una hembra de corazón, como canta el corrido. Pasó al otro lado de Río Grande con las llantas del coche llenas de hierba mala y le pegó siete tiros a su novio Emilio Varela cuando, entregada la droga, este quiso dejarla para irse con otra a San Francisco. Los narcos, compañeros de Varela, la buscaron por las cantinas hasta dar con ella en Tijuana. Ahora Camelia está en el cielo, junto al amor de su vida, porque prefirió que la mataran antes de decir donde escondía el dinero -sin Emilio Varela, dijo, ¿para qué quiero la vida? Y el hijo de Camelia anda por Jalisco y la frontera dándoles balazos a los que ultimaron a su mamacita, convertidos todos ellos en leyenda de la que canta el pueblo, en corridos que circulan por las cantinas del norte mejicano, mientras se consumen botellas de tequila Herradura Reposado y los narcos preparan viajes, y los mojados esperan a que alguien los pase al otro lado por trescientos dólares, y la banda del coche rojo se lía a tiros con los rangers en Las Cruces, cuatro muertos de la banda y tres del gobierno, y Lino Quintana, el superviviente, les dice a los de la Migra: lo siento, sheriff, pero yo no sé cantar.
Antes, el corrido hablaba de la Revolución, de Zapata y Pancho Villa, de la toma de Zacatecas y la guerra contra los gringos. El corrido mejicano ha sido siempre la voz del pueblo, la que convierte en leyenda, a base de malos versos cantados con el corazón, la miseria de los eternos oprimidos, de los peladitos de los pies descalzos fusilados una y mil veces por los poderosos de siempre, de los revolucionarios que se quemaron en la hoguera de las eternas causas perdidas en ese país cuya desgracia, entre muchas otras, fue estar tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.
Ahora los tiempos han cambiado, pero la miseria continúa. Arriba, en la frontera, la vecindad del gringo, la droga, la emigración ilegal, sostiene una economía clandestina que al menos permite escapar, o soñar con escapar, de la pobreza. En los bares de Tijuana, Chihuahua, o Monterrey, jóvenes sin nada que perder y todo por ganar, con botas vaqueras, ceñidos tejanos, y sombreros de ala ancha, el 45 haciéndoles un bulto sospechoso a la altura del cinturón, silban los compases de La Puerta Negra a la espera de la orden que los lleve a ajustar cuentas al soplón de turno, o a pasar por Nogales con diez kilos de la fina camuflados en la camioneta gris. A muchos de ellos los detendrá la Emigración, o les darán matarile los rangers, las bandas rivales o sus propios compañeros. Pero les queda el consuelo que con su historia alguien hará una canción, y los Tigres del Norte y los grupos musicales de la frontera cantarán su vida y su muerte en esos corridos, antes prohibidos por el Gobierno, pero que ahora el público pide a gritos en las fiestas de los pueblos y en las cantinas: Ya encontraron a Camelia, El hijo de Camelia, Los tres Amigos, El Zorro de Ojinaga, La tumba del Mojado.
Acabo de darme una vuelta por allí, y he cantado La Puerta Negra bebiendo tequila con mis cuates en cantinas sobre las que planea la sombra de Camelia la Tejana; en lugares donde ahora hay más niñas bautizadas Camelia que Guadalupes. Y mientras escuchaba las historias y las canciones, pensaba en el contraste con nuestras rías gallegas o las playas próximas a Gibraltar…"
Camelia, la tejana - 8 de enero de 1995



Y tiene muchos amigos:
"Tengo un amigo que, merced a sus emisiones de radio, a un programa de la tele y a su columna en el diario Reforma es, posiblemente, el periodista cultural que más influye en Méjico. Sin duda se cabreará conmigo porque escribo Méjico y no México; pero como soy un gachupín cabroncete y ahora estoy en España, y además su hija Juana Inés lee mis novelas desde antes de que lo hiciera él, escribo Méjico como me sale de los higadillos. Con jota de joder aztecas, que diría aquel animal de Alvarado, el que se escapó por los pelos, él y cuatro más, de la escabechina en la retaguardia de la Noche Triste, cuando Cortés dijo maricón el último. En cuanto a mi amigo, se llama Germán Dehesa y es un cincuentón chaparro, lúcido, hipocondríaco y mordaz, que se ha convertido en la cruz del gobierno del señor Zedillo porque no le da martillazo sin clavo. El último episodio corresponde a una recepción en la que Zedillo, al saludar a Germán, le susurró entre campechano y dolido: «Cómo chingas». A lo que éste respondió: «Sí, señor presidente. Pero yo chingo a uno, y otros chingan a noventa millones de mejicanos».
Germán, que está casado con su Hillary, o sea, la rubia y guapísima cantante Adriana Landeros, le daba clase de Literatura a las señoras ricas de la buena sociedad mejicana, por supuesto a cambio de una pasta gansa, y con eso pudo ir tirando hasta que la vida empezó a irle bien. Ahora esas mismas señoras, y sus nueras e hijas e incluso nietas, siguen acudiendo a él para que les hable de Borges y de Quevedo y de Valle Inclán, y además le forman una especie de club de fans de marujas-cultas o de lupitas, o de como diablos se diga allí, que siguen todas sus intervenciones públicas, y que darían por él alma, corazón y vida, cual reza el bolero.…
…
Ahora tiene viruta, una casa estupenda, políticos que lo temen y se esfuerzan en hacerle la pelota, fans marujonas a las que se les hace el asunto agua de limón cuando lo oyen recitar un soneto de Quevedo, y amigos por los que es capaz de batirse, si se tercia, a espada y daga. Amigos que, cuando viajan a las Indias, beben con él tequila Herradura reposado y disfrutan de su amistad generosa, tranquila y cómplice.…"
El niño que no cantó -29 noviembre 1998



Muy pronto empieza a documentarse para LRdS publicado en 2002, sucesivos viajes y muchas anécdotas:


"Ya les he contado alguna vez que me gusta Méjico. Me gustan el paisaje, la comida, el tequila y la gente. Allí te atracan, por ejemplo, y, con la Colt 45 apuntándote al entrecejo, un fulano con bigotazos va y te dice, muy suavecito: «Amigo, deme el reloj y las tarjetas de crédito o se muere ahorita». No dice «lo mato», o «le pego un tiro», no. Dice «se muere». O sea, que te mueres tú solo, y él no se hace responsable de nada. …
…
Y a la salida, cuando cinco tequilas más tarde regresé haciendo eses y canturreando Mujeres divinas seguido por dos fulanos que me pisaban la huella con evidentes intenciones, comprobé que la mentada policía no era el cuerpo de policía local, sino una policía concreta, o sea, una uniformada gorda con pistola enorme al cinto, que me sonrió y detuvo el tráfico para que nuestro coche pudiera salir,…
…
Méjico también es otras cosas. Es, sobre todo, la forma singular en que coexisten la crueldad, la pobreza y el orgullo, a menudo en la misma gente. …
… Y en ésas les ponen una botella de tequila sobre la mesa después que tú, con mucha mili mejicana en las conchas, pronuncies la fórmula que aquí nunca falla: «Soy extranjero y no conozco las costumbres, pero tengo mucho gusto en invitar a una copa a los señores». Y al final sales de allí vivo y a las tantas, con una castaña de órdago y media docena de nombres más -alias incluidos- en tu vieja agenda de viaje.…"
Mordidas y chocolate - 28 de enero de 2001


"Tiene sus reglas no escritas esto de Culiacán, estado de Sinaloa, Méjico, donde vas por la calle y oyes en cada tienda y automóvil corridos narcos igual que en España oyes a Sabina o al Fary. En el ambiente local, el amigo que te presenta es quien responde de ti. Y si algo se tuerce gacho, como dicen aquí, pagáis tú, el amigo que te avala y a lo mejor hasta la familia del amigo. Son las reglas, repito, y nadie se extraña. Pero es como para sentirse raro en plena barbacoa en la colonia Las Quintas -narcos de clase media alta- con una Pacífico en una mano y un plato de carne demasiado asada en la otra, rodeado de bigotazos norteños, cinturones piteados, botas de avestruz o de iguana, cadenas de oro al cuello, relojes de cinco mil dólares. Todo sin mujeres a la vista, con guardaespaldas en la puerta, coches Grand Marquis, Suburban del año y todoterrenos Bronco y Ram aparcados en la calle. Y bajo la palapa de la barbacoa, los Tigres del Norte cantando a todo volumen Pacas de a kilo.…
    … que algunos hasta tienen corridos de los Tucanes o los Leones o los Incomparables: corridos personales, escritos para ellos con nombres, apodos y apellidos, que oyes cantar en las cantinas y en las casetes de los autos. Es lo que quedará de ellos, dice mi amigo. De nosotros. Quedarán corridos. …
… Así ha ocurrido esta vez. Llegué de la mano del amigo de un amigo, como siempre ocurre, y una noche con la segunda botella de Herradura Reposado recién abierta sobre la mesa, después del circuito habitual que nos llevó de La Ballena al Don Quijote y de allí al téibol Osiris, con Eva y con Jackie bailándonos completamente desnudas a dos palmos de la nariz -ciento setenta pesos cada baile privado de cinco minutos detrás de las cortinas-, el hombre que ya era mi amigo dijo órale, compadre. Pues me late que te voy a ayudar. Y aquí estamos. Invitados a la barbacoa de una chaca sinaloense -hemos descubierto que su esposa fue maestra y me lee, lo que consagra mi prestigio local-, con los patrulleros que pasan por delante de la casa en sus coches, despacito, y saludan, buenos días, cómo le va, ahí nos vemos. Éstos deben de ser los que cobran cada semana y cumplen sus compromisos; porque a otros los saludan de otra manera, como al jefe de policía a quien hace una semana le pegaron cuarenta y seis tiros de Kalashnikov a la hora del desayuno, sentado en su coche y a la puerta de su casa, a tres cuadras de mi hotel.…"
Mi amigo el narco -09 de septiembre de 2001


"La noche es de música, humo de cigarrillos, cerveza Pacífico y tequila en el Don Quijote de Culiacán, Sinaloa. Mis amigos celebran un negocio reciente, y además, como cada día, el hecho milagroso de seguir vivos. Son cinco, de esos que llevan las chamarras puestas como si tuvieran frío en todas partes: bultos sospechosos en la cintura, botas de piel de serpiente, tejanas cien equis, gorras de béisbol de los Tomateros de Culiacán, mucho oro grueso encima. …
… mientras en el escenario alguien canta “Lo que sembré allá en la sierra”, coreado por el público.
…
… Luego la seguimos en el Lord Black. Un téibol. Música discotequera. Hembras de infarto bailando desnudas en la pista mientras caen botellas de Remy Martín. Cada vez que insisto en pagar una ronda y logro que me dejen, la banda magnética de la American Express salta hecha confetti. Estos pinches cabrones, digo en voz alta, se gastan en una noche lo que yo gano en un mes. Pos ganas bien poco, güey, dice uno. Y otra vez se descojonan de risa.
…
…Así que me siento, y Cinthia se sienta en mis rodillas, me pone una teta casi encima de cada hombro y me dice que le cuente cosas de España y si es verdad que escribo libros, y yo le digo vale, te cuento, pero no te muevas, que me vale así, quietecita, sin baile. Que tampoco soy de piedra. Y hablamos un rato como personas, y le pregunto cosas que me interesa saber, y Cinthia me dice que el trabajo allí es sólo provisional…"
El beso de Cinthia - 13  de enero de 2002


"Como dice mi amigo el escritor mejicano Xavier Velasco, todo puede convertirse en literatura. Todo vale. O más bien, apunto yo en el segundo tequila, hay un momento en la vida de quien le pega a la tecla en que la literatura se convierte en una especie de puerta, en un filtro por el que entra sólo aquello que te interesa, y el resto se queda fuera. …
… Xavier es un buen guía del Méjico nocturno en su vertiente golfa. No en vano nos hicimos amigos precisamente después de que yo leyera su libro "Luna llena en la rocas", donde le da un repaso a los garitos más infames y peligrosos del centro de la capital mejicana. Y esta noche peregrinamos juntos como por sus páginas. El estreno ha sido en el Tenampa, un lugar clásico de mariachis, bastante tranquilo y decente, bajo las efigies legendarias y protectoras de Cornelio Reyna, Vicente Fernández y José Alfredo, con los mariachis cantándonos Mujeres divinas, que a estas alturas de la vida más que una canción es un estado de ánimo. …
…De perdidos, al río. Salón Tropicana. Orquesta, lleno hasta arriba, baile. Lo mismo güilas elegantes con pinta de buscar lo que buscan, que honestas familias de clase media y gente de toda la vida. Boleros. Salsa. Danzón.…"
Salón Tropicana - 17 de marzo de 2002


"…cuando me llamó mi amigo el escritor mejicano Élmer Mendoza, que estaba en Madrid en su primera visita a Europa y a España. Quihubo, cabrón, me dijo. Estoy en tu pinche tierra gachupina hijadeputa, y es que no me lo creo, carnal. Alucino porque todo esto lo conocía ya de antes sin haberlo visto, de los libros, y ahora que lo pateo comprendo tantas cosas de mi tierra y de aquí, y es como si me paseara por una memoria antiquísima que tenía ahí y no me daba cuenta. Y estoy tan entusiasmado que ahorita mismo quiero que me lleves a una librería y me aconsejes, porque quiero comprar un Quijote bueno, el mejor que pueda, y releer sus páginas esta noche en el hotel.
Eso dijo Élmer. Así que me fui para allá, lo conduje a la librería de Antonio Méndez, en la Calle Mayor, y le regalé a mi carnal sinaloense el Quijote en la edición crítica de Francisco Rico, el que viene con letra grande en un solo tomo, que me parece la mejor y más fiel presentación actual del texto original de Cervantes. Pero como aún tenía fresco lo del imperio del otro, confieso que sentí una punzada de remordimiento. A ver si estoy haciendo mal, me dije. A ver si fomento glorias imperiales al regalar un libro franquista por antonomasia, y jodemos la marrana. Pero cuando le miré la cara a Élmer se me quitó la aprensión de golpe. Pasaba las páginas de su Quijote con una expresión de felicidad infinita. Sabes, güey, me dijo. Desde niño, cuando era un hijo de campesinos incultos y empecé a ir a la escuela allá en Méjico, soñaba con caminar por España con este libro en las manos. Me lo quedé mirando con cara de guasa. ¿A pesar de Cortés y la Malinche, Alvarado, el Templo Mayor y toda la parafernalia?, pregunté. Y Élmer encogió los hombros, sonrió y dijo chale, carnal. No mames. O como decís en España, no me toques los cojones.
La lengua del imperio - 2 de junio de 2002


"En el Tenampa, excepto algunos turistas guiris que caen por allí a las horas punta, son duros hasta los mariachis. Y lo que de verdad me gusta de ese antro es que permanece fiel a lo que fue. Música, tequila. Comas etílicos. La leche. Desde hace quince años, cada vez que viajo a México D.F., el Tenampa es una de mis dos visitas obligadas. La nocturna. La otra es hacia el mediodía, a una cantina -cuyo nombre, disculpen, no cito aquí para que no me la revienten donde uno puede tequilear oyendo a José Alfredo y narcocorridos de los Tigres del Norte en la rockola. En el Tenampa, sin embargo, la música es en vivo. Se paga por oírla, incluso a veces antes de llegar al sitio. …
…
He vuelto al Tenampa, claro. A la mesa de siempre, bajo las efigies de Cornelio Reyna -me bajé de la nube en que andaba-, de Jorge Negrete, de Vicente, de José Alfredo. Los clásicos. Como era entre semana, no me cachearon en la puerta. Había poca gente, como debe ser: un par de grupitos de mejicanos, dos fulanos con una torda en la mesa de al lado, mariachis cantando a tanto la pieza, ya saben: cuántas veces me sacaron del Tenampa, hablando de mujeres y traiciones, la mitad de mi copa dejé servida, etcétera. Lo de siempre. Se vinieron a la mesa mis mariachis de plantilla, dirigidos por el compadre César, casado con española. Una hora y quince minutos cantando, y yo con ellos. Una pasta, rediós, pero siempre vale la pena. Esta vez, tras unas cuantas clásicas por supuesto, Mujeres divinas la primera- nos dio por los corridos de la Revolución: Siete Leguas, La tumba de Villa. Y otras. Lo bueno de los antros mejicanos es que, si quieres y eres un tipo derecho, nunca estás solo. Pagas una copa, o las que hagan falta, y al rato has hecho amigos para toda la vida. … Me encanta México.
A poquito, rodeado por los mariachis -esa noche no dejaron un peso en mi cartera, los malditos-, César se me sentó un rato a la mesa y charlamos, como de costumbre. México, España. … De pronto se inclinó hacia mí, y con aire de confidencia pero en voz alta, dijo: «Oiga, mi don Arturo. Yo soy malinchista, proespañol. Nací en Tlaxcala, donde los indios que ayudaron a Cortés. O sea, que soy tlaxcalteca, a mucha honra. ¿Y sabe nomás qué le digo? -en ese punto señaló a sus compañeros, que asentían bonachones, guitarra en mano-... ¡Pues que entre usted y yo chingamos bien a todos estos cabrones!»
Una noche en el Tenampa -18 de enero de 2004


Y la última mexicanada antes de la de esta semana, también iba de corridos, de narcocorridos:
Maestros y narcos mejicanos - 27 de marzo de 2005
Si hay algo estupendo en Méjico, son los maestros. No enseñantes, ni docentes, ni esas gilipolleces que utilizamos aquí a modo de innecesario eufemismo. Se llaman a sí mismos maestros, y a mucha honra. Quien ha visitado sus modestas escuelas rurales o del extrarradio monstruoso del Deefe, sabe hasta qué punto su trabajo es heroico, hasta qué extremo llega su amor por la lengua española de la que tan orgullosos se sienten, y lo respetados que son por la sociedad a la que sirven. Tienen sus cosas, claro. Sus mafias sindicales y demás. Pero eso va en dos direcciones, y casi nunca es malo. Al contrario. Que un millón de maestros se pongan de acuerdo para pelear por ellos y por sus alumnos, me parece magnífico. Ojalá en España, en vez de héroes solitarios por una parte y abúlicos mercenarios de la tiza por otra, tuviéramos una mafia magistral como ésa, capaz de romperle la cara, metafórica o literalmente, a tanta Logse, a tanta idiotez, a tanto diseño, a tanta pseudocultura paleta y a tanto ministro analfabeto. Pero, en fin. Cada cual tiene lo que merece tener.
El caso es que en los estados de Sinaloa, Michoacán y Tamaulipas, según me cuentan los amigos, se ha retirado de las aulas el libro Cien corridos mexicanos, que formaba parte de las bibliotecas escolares seleccionadas por doce mil maestros de allí. En Méjico son los profesores quienes deciden con qué libros trabajan sus alumnos, y uno de los elegidos había sido ése, pues el corrido fue siempre medio tradicional, popularísimo, para contar la vida real, tan ajena a los discursos oficiales: antes hablaba de revolución y delincuencia, y ahora de narcotráfico. El libro en cuestión incluye corridos narcos, y algunos senadores han puesto el grito en el cielo. Esas canciones, dicen, pervierten a la juventud y cuentan historias ilegales. Por eso está prohibida su difusión radiofónica o televisada, muy en la línea de la actitud oficial sobre el asunto: ya que no puede erradicarse el problema, que mucha gente vive de eso y que gente poderosa coquetea con el negocio, la solución es negar la evidencia y mirar para otro lado. Tuve ocasión de comprobarlo cuando publiqué en Méjico La Reina del Sur, y algunos políticos le hicieron una promoción eficacísima exigiendo que se retirase de las librerías. Así que les estoy muy agradecido a esos pendejos por ponerme un piso.
Cada vez que voy a Méjico y me preguntan por la música narca, digo lo mismo: lo inmoral, lo censurable, es que el Gobierno permita la pobreza y la injusticia que empuja a la gente a buscarse la vida con el tráfico de droga, y que tanto alto personaje de la nación haya mojado en la salsa. Además, el narcotráfico es una realidad social. Ese mundo existe, tiene sus costumbres, su música y su literatura. Negarlo no soluciona nada. Los niños de las escuelas seguirán oyendo Carga ladeada, La banda del carro rojo o Regalo caro en casa, por la calle, en los centros comerciales, entre otras cosas porque esas canciones cuentan historias fascinantes y las cuentan muy bien, conectando con el sentir popular. En Méjico, la palabra Gobierno fue casi siempre sinónimo de enemigo –es herencia de familia, dice un corrido famoso, trabajar contra la ley–. En ciertos estados norteños, narcos y pistoleros son leyenda, y hasta tienen su patrón sinaloense: el bandido Malverde, santificado por el pueblo. Por eso, iniciativas como la de llevar esas canciones a las escuelas son oportunas e inteligentes. Permiten justo lo que no hace el pusilánime Gobierno: razonar, orientar, debatir el problema. Explicar el lado oscuro de ese mundo sucio a los jóvenes que, fascinados por leyendas falsamente idílicas, aspiran a convertirse en traficantes por poder y por dinero, soñando con música, mujeres y carros del año. A vivir, como cerveza Pacífico en mano decía mi compadre el Batman Güemes, «tres años como un rey en vez de treinta como un buey».
Por eso dedico hoy esta página a los maestros de Méjico. Son ellos quienes tienen razón. El narcotráfico existe, luego debe explicarse. Lo que hace daño es lo inexplicable: que la televisión que censura una obra maestra como la canción Pacas de a kilo difunda sin escrúpulo programas de basura rosa, o idiotice a los jóvenes con la siniestra vacuidad de Gran hermano. E incluso, puestos a comparar, algunos de los valores que cantan los narcocorridos tienen su puntito en los tiempos que corren. Hablo en serio. Conozco a traficantes mejicanos más leales, fiables y cumplidores que algunas de las llamadas personas decentes.


"…Pero todo se andará, y ese día me nacionalizaré mejicano. Allí todavía te pegan un tiro hablándote de usted."
Oye, ministro - 10 de agosto de 1997



Un buen momento para escuchar la banda sonora de "La reina del sur", y ¡feliz nochebuena, amigos!

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