ANEXO al PATENTE DE CORSO 17.09.17 ~ La carta esférica
La Derrota
17/09/2017 11:12
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laderrota arroba gmail punto com
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"…En cuanto a las novias, Tánger no preguntó si habían sido muchas o pocas. En realidad, de aquel tiempo Coy sólo recordaba con especial afecto a una: se llamaba Eva y era norteamericana, hija de un técnico de la refinería de Escombreras. Una chica sana, rubia y bronceada, de dientes blancos y espaldas de windsurfista, junto a la que pasó un verano cuando él ya era estudiante de náutica. Reía a carcajadas por cualquier cosa, tenía bonitas caderas y era pasiva y tierna haciendo el amor, en calas escondidas entre acantilados de piedra oscura, con el mar lamiéndoles las piernas, en rojos atardeceres rebozados de salitre y arena. Durante un tiempo, Coy retuvo en los dedos y en la boca el sabor de su carne y de su sexo: aromas de sal, yodo, agua secándose sobre una piel caliente bajo los rayos del sol. También guardó algunos años una fotografía: ella junto al mar, el pecho desnudo, el pelo húmedo y echada hacia atrás la cabeza, bebiendo en una bota de vino que le dejaba regueros como de sangre entre los senos menudos, insolentes, de jovencita. Como buena chica gringa, su memoria histórica, reducida a sólo dos o tres centurias, le había planteado dificultades para aceptar, incrédula, que el fragmento de barro con asas regalado por Coy -un elegante cuello de ánfora olearia del siglo I, procedente del pecio del “Capitán”- llevaba dos mil años en el fondo del mar en cuya orilla se amaron aquel verano. …"
La carta esférica, Cap. IV (2000) Arturo Pérez-Reverte
Gracias Salva, gracias capitán.
La carta esférica, Cap. IV (2000) Arturo Pérez-Reverte
Gracias Salva, gracias capitán.