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ANEXO al 26.03.17 ~ Ángel Ejarque Calvo

La Derrota
26/03/2017 16:34
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«…O del colega Ángel Ejarque, que es casi mi hermano y estuvo treinta años de su vida subiendo por la cara cada vez que a un madero se le ocurría decirle estás servido. …»
Cuánto cuento 5/3/1995


«… Y como se venía de venir, que dice mi amigo Ángel Ejarque, algunas damas se me han tirado a la yugular. …»
Pijolandios de diseño - 28 de febrero 1999

«… Yo nunca me berreo, como dice mi colega Ángel Ejarque, alias -sé lo que me digo- El Potro del Mantelete, que por cierto acaba de ser abuelo por segunda vez. …»
La foto del abuelo - 04 de noviembre de 2001


PATENTE DE CORSO 08.09.2002 ~ Sicarios en el país de Bambi ~

Me telefonea Ángel Ejarque, el rey del trile, mi colega de La ley de la calle, que es también abuelo de mi ahijada Inés -me hizo esa faena el cabrón-: el choro impasible que utilicé de modelo para el Potro del Mantelete, y que hace años cambió de registro y ahora es de honrado y ejemplar, el tío, que aburre a las ovejas. Es como lo de las lumis, dice: si un primavera las quita de la calle, ya nunca vuelven. O casi nunca. El caso es que él no ha vuelto, pero le queda el punto de vista; así que cuando nos vemos o nos llamamos le damos cuartelillo a las cosas de la vida, como en los viejos tiempos, cuando le dedicaba canciones en el arradio los días que no estaba de cuerpo presente porque dormía en Alcalá Meco. Puños de acero, de los Chunguitos. O La mora y el legionario; de javivi, me parece. Todas ésas. Dedicado a mi colega Ángel, que se está comiendo un marrón, etcétera. De noche no duermo, de día no vivo. Bailando un tango en un burdel de Casablanca. Hay que ver cómo pasan los siglos. Ocho o diez años hace de eso, creo. O más.

El caso es que me llama Ángel, qué pasa, colega, cómo lo ves y toda la parafernalia. Y como resulta que acaban de darle matarile a un policía, por el morro, cuando iba a decirle estás servido a un sicario colombiano, le pregunto a mi plas cómo lo ve. Estas cosas en tus tiempos no pasaban, ¿verdad?... Y cómo iban a pasar, me dice. Si entonces era al revés; si eran los de la secreta y los picoletos y los grises quienes tenían acojonado a todo el mundo, colega. Impunidad gubernativa, me parece que lo llamaban. O igual no. El caso es que te majaban a hostias o te daban un buchante disparando al aire, tócate los cojones, y encima les ponían una medalla. Todo por la patria. O por la cara. Menudas estibas me llevé yo por la cara. Lo que pasa es que luego, con la democracia, que vino de puta madre, pues pasó al revés. Y ahora, aunque maderos perros siempre los hay mande quien mande -a ver quién, si no, colega, se hace madero-, los cuerpos y fuerzas se andan con mucho ojo antes de tirar de fusko o dar a una hostia, porque a poco que se les vaya la mano se comen una ruina que te cagas. Que está , muy bien y me parece guais del paraguais, oyes. Que se corten un poquito los hijoputas. Lo que pasa es que de tanto cogérsela con papel de fumar, porque los primeros que los venden si meten la gamba son sus propios jefes, se han amariconado mucho. Y ya me dirás quién tiene huevos de coger a un caco con las manos en los bolsillos, pidiéndole que se entregue, oiga, hágame el favor, si no es molestia. Fíjate si no el otro día, los picos esos de un atraco, que el chaval llevaba una pistola de fogueo -averígualo, tronco, en mitad del esparrame-, y se dio a la fuga pegando tiros; y cuando los cigüeños lo pusieron mirando a Triana en la persecución, que cuando atracas son cosas que pasan, todo Cristo quiso empapelar a los picolinos diciendo que si era proporcionado o desproporcionado, y los periódicos titularon por lo de menor de edad con pistola de fogueo, que parecía que acababan de cargarse a un niño de la lotería de san Ildefonso. Como si los menores de edad no sean igual de peligrosos, o más, que muchos mayores, y las pistolas se adivinara de lejos si son de fogueo o del nueve parabellum. Venga ya.

¿Y lo de los sudacas malos, colega?, le pregunto. ¿Eso cómo lo ves? Pues de ese palo ni te cuento, plas, me dice. Que al lado de mis primos los colombiatas, de un lado, y de los yugoslavos, los rusos, los rumanos y demás del otro, el moro del chocolate y la navaja resulta más tierno, te lo juro, que el Babalí del Tebeo. De momento se cascan entre ellos, y la gente dice bueno, ahí me las den. Pero con el tiempo impondrán sus cojones, y entonces nos vamos a enterar de lo que vale un peine. Porque ésos no tienen complejos: matan a su madre y se fuman un puro. Y a eso la madera de aquí está poco acostumbrada, y encima nos han convencido, los de las tertulias de la radio, de que en una democracia los policías detienen a los malos con persuasión, psicología y una estampita de San Pancracio; y que un madero que utilice la violencia para detener a un violento se pone a su altura y es un fascista. Así que ya me contarás cómo van a meter mano los de aquí, que andan acojonados sin atreverse a pincharle al teléfono ni a Al Capone, y no te digo a sacar una pipa, no sea que los jueces los empapelen, y encima no tienen presupuesto ni para las balas o la gasolina del zeta. A ver cómo colocas así a un sicario colombiano armado con una tartamuda, o infiltras confites y chusqueles en las bandas, como si esas cosas se hicieran por amor al arte. En plan: como me caes bien, inspector Gagdet, voy a denunciar a mi doble y a mis consortes. No, por Dios. A cambio no quiero viruta de un fondo de reptiles, ni parte del cargamento de droga, ni nada. A cambio sólo quiero un besito. Muá, muá. No te jode. Y con el terrorismo, igual. Parece mentira que todavía haya gente que, tal y como está el patio, se tome la vida como si esto fuera Bambi.


«…He telefoneado a mis compadres Ángel Ejarque y Antonio Carnera, viejos colegas de oficio, que lo conocían y respetaban. Un clásico, ha dicho Ángel. Era un maestro y un clásico. Y Carnera, de profesional a profesional -quizá recuerden su famoso timo del abrigo de visón y la torda del Pasapoga- lo ha definido como un genio y un aristócrata de la calle.…»
26.01.2003 ~ La última aventura de Pepe el Muelas

«…Mi compadre Ángel Ejarque, sin ir más lejos, ahora jubilado de la calle, pero que en su momento fue el rey del trile, capaz de hacer palmar a un guiri dos mil dólares en diez minutos en plena Gran Vía, me lo dice siempre: «Las ratoneras funcionan, colega, porque al ratón le gusta el queso».…
01.02.04 ~ La foto de la zorrimodel ~


Estampitas en Chiclana - 20-02-05

Supongo que recordarán ustedes la magnífica película Los tramposos, de Pedro Lazaga, en la que Tony Leblanc y Antonio Ozores, en una secuencia antológica del cine español, le dan el timo de la estampita a un paleto en la estación de Atocha. Y si no la recuerdan, o son demasiado jóvenes para conocerla, deberían comprar el vídeo, o el deuvedé, o lo que sea. La película es de finales de los cincuenta, y cualquiera diría que ese mundo desapareció del todo. Pero no. Quedan flecos. Aunque parezca mentira, aún hay pringaos a los que endiñársela, como dice mi amigo Ángel Ejarque Calvo, de quien varias veces he hablado en esta página: ex estafador y ex trilero que dejó la calle hace ya quince años –cómo pasa el tiempo, colega– y trabaja honradamente, lo que no le impide seguir siendo, más que mi tronco, mi plas. Mi hermano. El caso, como digo, es que la última víctima del timo de la estampita, hace unas semanas, fue pringá, y de Chiclana. Una entrañable ancianita de 77 tacos. Y el proceso táctico del timo se desarrolló como mandan los cánones. Delicioso, de puro ortodoxo. Se lo cuento.
La mujer se vio abordada por una joven que, haciéndose pasar por deficiente mental, preguntaba por un convento de monjas. Después de un ratito de parla, la joven hizo creer a la anciana que acababa de encontrar un fajo de billetes. Estampitas, claro. Más sobado, imposible. Y a estas alturas. Pero la abuela entró a por uvas. Entonces apareció el gancho: una segunda estafadora que propuso a la anciana engañar a la presunta deficiente, darle algo de viruta a cambio del fajo y repartírselo entre las dos. Así que con la intervención de un tercer cómplice, supuesto taxista que se ofreció a llevar a la víctima a su casa y luego al banco, sacaron tres mil euros que la abuela tenía encalomados en la cartilla, o en donde fuera. Resumiendo: cuando la anciana abrió el sobre, descubrió que era chungo. Que sólo había recortes de periódicos y que los estafadores le habían pulido los ahorros de toda la vida; y además, antes de abrirse, las cuatro joyas que tenía. Clavadito a la copla: le dije a mi chiclanera hasta mañana, y me fui.

Dirán algunos de ustedes, conmovidos en sus nobles sentimientos: pobre viejecita ingenua. Pues no. Discrepo como discrepa mi consorte Ángel. De pobre y de ingenua, nada. A la abuela chiclanera le salió el chino mal capado porque se lo ganó a pulso. Así que lástima, la justa. Cuando el otro día le comentaba la cosa a mi plas, bebiéndonos unas garimbas en un bar de Leganés, el antiguo rey del trile enarcó una ceja, como suele hacer, con esa cara de boxeador currado –el Potro del Mantelete– que tiene, se apoyó en el mostrador y dijo muy serio: la codicia, colega. Parece mentira que aún te aligeren de esa manera, cuando todo cristo sabe lo del timo. Pero la codicia es mala que te rilas. Te pone un trapo en el careto y no ves más que lo que te interesa. Y los viejos más que más, oyes, porque algunos, con los años y los achaques y la artrosis –yo empiezo también con la artrosis, colega, hay que joderse–, se vuelven egoístas que no veas, y todo es amarrar para ellos. Y claro, como a pesar de los tiempos que corren, y de la chusma que hay suelta, aún quedan artistas de la calle, a veces llega gente fina, con arte y labia, y les da el tiznao. Como en mis tiempos del cuplé.

Después de decir eso, Ángel encendió un Marlboro –todavía lo llama rubio americano, porque es un clásico–, le dio un sorbo a la garimba y se quedó pensativo. Y en cuanto a los abuelos, añadió de pronto, qué quieres que te diga. Pensamos que los puretas, por la edad y las canas y la experiencia, son todos buenos, sabios y tal. Pero los abuelos son como los demás, colega. Pueden ser unos marrajos de mearse y no echar gota. Un delincuente, un estafador, un trilero, cualquiera que se busca la vida en la calle por necesidad o por vicio, puede ser, como te digo, un golfo o un obligao por las casualidades. Cada uno es cada cual, y ahí no me meto. Pero entre la gente que se llama decente, muchos lo son porque no tienen más remedio, o nunca tuvieron ocasión de tocar otro registro, o no tienen huevos para currárselo. Hasta que de pronto creen que salta la liebre, y que sale gratis. Ésta es la mía. Y claro. Se aprovechan. Pero no te hagas ilusiones, tronco. Lo mismo entre los jóvenes que entre los abuelos hay perros a punta de pala. Lo de sinvergüenza es una de las pocas cosas que no se quitan con la edad.



«… El hecho de que a veces, cuando se me pone, puche el golfaray o les haga homenajes a pájaros ilustres como a mi paisano el Maca –«Le tiré cuando se iba»–; al gran Pepe Muelas, virtuoso de la estafa, que en paz descanse; a mi plas Ángel Ejarque, rey del trile; a ese querido Juan Rabadán del que nunca más supe –uno de mis viejos remordimientos– y a otros cuyos nombres no derroto porque siguen en activo, no significa que sea un julandra que no sabe distinguir a un casta legal de un resabiado cabrón. …»
26.06.2005 ~ Un lector indeseable

«… Luego, a veces, iba al programa La ley de la calle, que hacíamos en Radio Nacional, a acompañarnos a Manolo el policía, a Ruth la lumi, a Juan el rey del tandem, y a Ángel Ejarque, ex boxeador y trilero profesional: mi colega, que lo sigue siendo. Mi plas. Y de ese modo, entre garimbas, humo de cigarrillos y largas madrugadas, supe cosas de Alejandra que ahora me vienen a la memoria.…»
«… uego bebe un sorbo de vino, se echa el pelo atrás y pregunta por los otros: mi gente de entonces. Le cuento algo, por encima. A Ruth se la tragó la noche, Juan murió, Manolo es una estrella de la tele, Ángel trabaja en una empresa de seguridad, honrado a carta cabal... La vida, Alejandra. Los días y los años pasan para todos.…»
15.06.08 - Una cerveza con Alejandra

«…El arriba firmante, por ejemplo, tuvo en otro tiempo oportunidad de presenciar dos situaciones parecidas, una como testigo y otra como estrella invitada, a medias con el rey del trile, Ángel Ejarque Calvo. La primera fue durante un reportaje nocturno en los barrios duros madrileños, allá por los ochenta. Avisada la policía de que un tío le estaba dando a su legítima las suyas y las del pulpo, acudió una patrulla. Y cuando redujeron al fulano, poniéndole unas esposas, la mujer, a la que el otro había puesto la cara guapa, se revolvió como una fiera contra los maderos. «¡Dejadlo, dejadlo, hijos de puta! –gritaba desgañitándose–. ¡Dejadlo!»
La segunda vez salía de calzarme unas garimbas con Ángel en las Vistillas –acababan de soltarlo del talego–, cuando nos topamos con un jambo que le daba fuertes empujones a una mujer contra el capó de un coche, mientras discutían. Le afeamos la conducta y se nos puso bravo. Ángel –hoy honrado currante y abuelo múltiple–, que fue boxeador y todavía entrenaba en La Ferroviaria, lo miró fijo y muy serio, calculando en dónde iba a calzarle la hostia. Y en ésas se nos rebotó la torda. «¿Pa qué os metéis vosotros?», preguntó. Me encogí de hombros y le dije a mi plas: «Tiene razón, colega. ¿Pa qué nos metemos?». Y Ángel, que siempre rumia las cosas muy despacio y todavía andaba mirándole el hígado al otro, levantó una ceja y dijo: «Vale». Y nos fuimos. Y al rato, después de pensarlo un rato, concluyó, filosófico: «Sarna con gusto no pica, colega».…»
21 de Septiembre de 2008 - Sobre palos y velas


PATENTE DE CORSO 20.03.11 ~ Trileros en las Ramblas ~ 924

Doy un paseo cerca del mercado de la Boquería de Barcelona, entre esas estatuas vivientes a las que han prohibido, o van a prohibir, que posen con armas simuladas aunque sean vaqueros, indios, soldados o marcianos, para que no den ejemplos belicistas a la tierna infancia, dicen, y también por seguridad pública, imagino; no vaya a ser que a un indio se le dispare una flecha, o algún niño quede traumatizado ante un vaquero verde fosforito con un Colt en la mano. El caso es que paseo, como digo; y en ésas me topo con una cuadrilla en torno a una mesa de camping, currándose la calle: están el que dirige el juego, los ganchos y también algún pringao palmando o a punto de. Así que saco el móvil y telefoneo a mi colega Ángel Ejarque, retirado del delito hace veinte años, pero que en su tiempo fue leyenda viva, rey del trile y de otros lances callejeros, y le digo oye, plas, se me cae la cara de vergüenza, años sin ver una cuadrilla de trileros currándose la calle, y la primera que encuentro, al arrimarme con toda ilusión, es de guiris, te lo juro, del Este por el acento. Y curran chungo, por lo que veo y oigo. Muy descarado y sin finura. Casi atracando a la gente, mira lo que te digo. Aprietan tanto que sólo les falta sacudir a los batos, que por cierto son tres japos con mochilas, para que aflojen la viruta. Y oyes. Ya sé que tú te saliste de la calle; pero, ¿y los colegas? ¿Cómo es que tus antiguos consortes dejan que les quiten de esa manera el pan de la boca? Si vieran esto, los huesos de los palmaos, aquéllos a los que se llevaron los años o el prive, se removerían en sus tumbas. No te digo ya el Muelas, que era maestro de maestros. Hasta el más primavera de los soguillas que teníais entonces para dar el agua sería un virtuoso comparado con estos chapuzas de importación. ¿Qué pasa? ¿Ya no quedan trileros nacionales como Dios manda? ¿Dónde están aquellos artistas de morro y labia? ¿Qué ha sido del Patillas, el Catarecha, el Rasca, el Chino o el Ladrillo? ¿No hicieron escuela? ¿El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos?

Eso largo por el móvil. Tal cual. Y Ángel, avergonzado, responde es que nos hemos vuelto algo mariquitas, colega, y también nos hicimos viejos, o taxistas, o empleados de algo, y dejamos el juego, el alcohol y las tordas donde se nos iba el jurdós, y en los últimos tiempos a los jóvenes les fue más cómodo hacerse camareros o albañiles. No hubo escuela fina, así que se perdió el arte. Mírame a mí, que cuando nos conocimos manejaba cuadrillas de siete u ocho virtuosos que se comían el mundo -yo hasta les sacaba a mis niños el dinero de la hucha- y hubo días que levanté hasta un cuarto de kilo, y aquí me tienes ahora, reformado y limpio que te rilas, de currito en una empresa de seguridad. Llevo veintidós años sin sobar un catecismo, y no entro en un bar ni para ir al tigre. Pero oye lo que te digo -en este punto le advierto un puntito de curiosidad profesional- ¿esos jambos están burlando con pastos o con triles?

Le respondo que con pastos, que los ganchos cantan la Traviata con acento eslavo, y que el de la mesa es tan burdo con los tapones y la borrega, que hace falta ser de Osaka para no coscarse. Y Ángel responde es natural, colega, porque los pastos los manejas más fácil, son de estocada en plan aquí te pillo aquí te mato, y todo consiste en esconder la bolita; mientras que los triles necesitan arte, son lentos de ejecutar y hay que currárselos doblando una esquina de un naipe y luego otra, con buena mano. Y es que ya no hay estilo, añade. Ni filigranas de caballeros. Y si el pringao muerde el pastel y se rebota, encima van y lo hostian. Es otro estilo, ¿me sigues? Además, saben que aquí hay pajera abierta y se les da cuartel, y que si no se pasan de violentos, pues tranquis. Van a la calle en bola según entran, por la misma puerta, y por lo que yo me comía tres meses ahora les sale gratis. Así que esto es vente a Alemania, Pepe: cada día verás más, haciéndose los amos del trile, de las lumis y de todo. Pero cosas buenas también tienen, no creas. Nosotros éramos individualistas, a ver si me entiendes. Después de un buen palo astillábamos y cada uno se iba por su cuenta, a su vicio: la priva, las tías o la ludopatía de cada cual. ¿Te acuerdas? A pulírnoslo. Éstos, sin embargo, son solidarios entre ellos. Vinieron a trabajar: curran y viven juntos, en grupo, ahorran, se organizan en plan serio, tienen abogados. Cuando les va bonito invierten en usura, en puticlubs, en tráficos de armas y cosas así. Son peña emprendedora, con ganas de montárselo. Se hacen un futuro. No acabarán, como algunos que tú y yo conocimos, durmiendo en la calle con tres cartones: el de abajo, el de arriba y el de Don Simón. Pasa como con todo lo demás: se lo van a llevar crudo porque lo curran, vinieron con hambre y ambiciones y juegan para meter goles. Y ya lo ves. Hasta burlando en la calle, colega, nos mojan la oreja.


«…Así que, para fastidiar a ese San Mateo espontáneo que nos ha salido a Antonio y al arriba firmante, voy a contarle otra, para que tampoco se la crea. Es la del tranvía 1001, la hizo Paco El Muelas, íntimo colega de Antonio y de mi plas Ángel Ejarque, y hasta Luis García Berlanga le dedicó un cortometraje al evento.…»
24 de mayo de 1998 - El tranvía 1001



PESOS SUPERLIGEROS
 Campeón:
TONY ORTIZ  (Centro)
 
1.- PEDRO CARRASCO  (Centro)
2.- D. BARRERA CORPAS  (Tenerife)
3.- ENRIQUE LEVY  (Tenerife)
4.- MIMOUN MOHATAR  (Galicia)
5.- HORACIO RUIZ  (Vizcaya)
6.- JOSÉ A. BLASCO  (Cataluña)
7.- JUAN PEÑA  (Aragón)
8.- ANGEL EJARQUE  (Centro)
9.- RAUL TEJERA  (Tenerife)
10.-JOSÉ RUBIERA  (Asturias)
https://tigresdelcuadrilatero.wordpress.com/2015/10/14/boxeo-ano-1-972-por-sr-fabio-matilla/




Gracias don Arturo, gracias Salva

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