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ANEXO al 18.09.16 ~ Cómo no los vas a querer ~

La Derrota
18/09/2016 22:37
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laderrota arroba gmail punto com
Arturo Pérez-Reverte PATENTE DE CORSO 29.08.04 -
- Pepe y Manolo en Formentera

Pues eso. Que arribé de madrugada y estoy fondeado frente a los Trocados, en Formentera, con treinta metros de cadena en cinco de sonda, intentando recobrarme de una larga noche frente a la pantalla de radar o con los prismáticos en la cara, esquivando mercantes que nunca se apartan aunque vayan a vela y encima vean tu luz roja de babor, los muy cabrones. Estoy tumbado en el camarote, digo, durmiendo el sueño glorioso de los marinos cansados que al fin arrían velas y echan el hierro donde querían echarlo, sobando como un almirante pese a los rayos de sol que se filtran por los portillos, y además tengo la suerte de que no hay ningún retrasado mental con moto de agua dando por saco cerca, y de postre hace dos semanas que no leo periódicos, ni oigo la radio, ni tengo la menor idea de cómo andan la comisión del 11-M, ni el Pesoe, ni el Pepé, ni el plan Ibarretxe, o sea, ni puta falta que me hace, ni a mí ni a nadie. Estoy tal cual, digo, dormido y razonablemente feliz, soñando que una sirena se desliza a mi lado y me despierta con la habilidad que tienen las sirenas como Dios manda para esa clase de menesteres despertatorios, cuando un estruendo exterior estremece los mamparos. Chunda, chunda, hace, igual que cuando estás en la calle y pasa un imbécil con la radio a toda leche v las ventanillas del coche abiertas.
Me levanto, jurando a los doctrinales. Después subo a cubierta y veo el otro barco. La playa tiene muchas millas y hay sitio de sobra; pero el recién llegado ha venido a situarse cerquísima de mi banda de estribor. Es un yatecito a motor de nueve o diez metros, algo cochambroso, con música bailonga atronando por los altavoces de la bañera y tres jóvenes señoras en tanga y con las tetas al aire bailando en la proa. Para ser exactos, se trata de una rubia y dos morenas. Y para ser más exactos todavía, lo de señoras resulta relativo, porque tienen una pinta de putas que te rilas. Con Ibiza cerca y a primeros de agosto, no digo más.
Pero lo mejor, el tuétano del asunto, son los tres jambos. El dueño del barco está al timón, en la toldilla. Cincuentón, moreno, peludo, tripón, con una cadena de oro al cuello. Sus dos colegas responden al mismo perfil ibérico: barriga cervecera desbordándoles la cintura del bañador, latas de birra en la mano. Un común toquecito hortera. Españoles maduros de toda la vida, con aspecto y maneras de estarse corriendo una juerga de cojón de pato. El típico Manolo que le ha dicho a su respectiva: oye, Maruja, me voy tres días con Pepe y Mariano a pescar atunes en alta mar, para descansar un poco del curro, y a la vuelta te llevo con los críos a la playa. Eso es lo que imagino mientras los observo moverse al ritmo de la música, bailoteando a saltitos discotequeros entre sorbo y sorbo a la cerveza alrededor de las pájaras de la proa, que siguen a lo suyo sin hacerles mucho caso. Y entonces, como si me hubieran adivinado el pensamiento, uno empieza a darse golpecitos de nalga con la grupa de una de las tordas y le grita al patrón: «Vente pacá, Manolo, que no decaiga». Lo juro: Manolo. Tal cual. Y entonces llega Manolo moviendo la tripa al ritmo de la murga discotequera, esforzadamente moderno a tope, y agarra a una chocholoco, la rubia, y se tira al agua con ella, y allí le quita el tanga y lo agita en alto como trofeo antes de ponérselo de gorro, y los colegas lo jalean desde el barco, y uno saca una cámara y le hace una foto chapoteando con la lumi apalancada, el tanga en el cogote y él sonriendo regordete y triunfante, imaginando, supongo, la envidia de los compañeros del curro cuando en septiembre les enseñe el afoto. Ese afoto que luego la legítima siempre encuentra escondido en un cajón v te cuesta, según la pasta que tengas, el divorcio o un disgusto.
Pero lo mejor es que, cuando Manolo sale del agua y se pone a secarse desnudo, ciruelo al sol, mientras la rubia despelotada pasa de él y se va a bailar con las otras, y los colegas lo rodean cerveza en mano celebrando lo del tanga, juás, juás, qué jartá a reír nos estamos pegando, compadre, oigo que a otro de ellos lo llaman Pepe. Les doy mi palabra. Pepe esto y Pepe lo otro. Y me digo: no puede ser, es demasiado clásico todo, demasiado patéticamente perfecto. Pepe y Manolo. La España eterna, cutre, cañí, nunca se rinde. Entonces me entra así como una ternura retorcida y rara, oigan. Y, horrorizado de mí mismo, sonrío.


Arturo Pérez-Reverte PATENTE DE CORSO 02.09.12
~ Manolo y la valkiria ~ 1000

La motora no parece gran cosa -mediano tamaño, bandera noruega-, pero la mujer es espléndida. Desde su modesta menorquina de siete metros, donde junto a la bandera española con el toro ondea la del Betis, nuestro héroe observa la embarcación fondeada cerca, apuntando hacia la playa que resguarda de la brisa de levante. Hay otros barcos, pero ése es el que está más próximo. Ante la cabina de la motora, tumbada en una colchoneta, una diosa vikinga se dora al sol completamente desnuda. Debe de llevar varios días de mar, pues su piel nórdica tiene un bronceado que contrasta con el cabello largo y rubio, muy claro. Su cuerpo no muestra marcas de bikini en las caderas ni en los senos, que son grandes, pesados y oscilantes, y hace un rato dejaron sin aliento a nuestro personaje cuando la mujer caminó por una banda del yate, desenvuelta, impúdica, indiferente, para ir a tumbarse en la proa.
-Ponme bronceador, Manolo.
Con un suspiro, nuestro hombre deja los prismáticos y le extiende a su Maripepa un chorro de Aftersun Skin Vaporub protección 80 por la región dorsal. Medio bote. Después, mientras la legítima se mete en el agua por la escalerilla -chof, hace al sumergirse-, él se limpia las manos pringosas en el bañador -bermudas hasta las rodillas, tripa cervecera y michelines a los flancos-, abre la nevera portátil y saca una Cruzcampo fresquita. Luego coge otra vez los prismáticos.

La rubia también se está dando crema. Pero no compares, piensa nuestro héroe enfocándole las lentes entre las ingles. Depilación total, comprueba. O a lo mejor resulta que ella es así, de natural. La imagina en las tierras brumosas del norte, en algún fiordo de ésos donde ya es de noche a las cuatro de la tarde, aburrida con uno de aquellos pavos rubios y grandes como castillos, incapaces de decirle ojos lindos tienes. Sin otro entretenimiento que follar como conejos. Qué mal repartido está el mundo, piensa. Qué diferencia de costumbres. Y de material. Le haría una foto con el móvil para enseñársela a los amigos en el bar, pero está demasiado lejos. Hoy es uno de esos días, concluye, en que estaría bien ser pirata del Caribe o corsario moruno, incluso desnutrido somalí, para hacerle un abordaje a la valkiria, al estilo de antes, y llevársela como botín de guerra. Por la cara, como en las películas de romanos. O mejor, puesto en plan moderno, ser un millonetis ruso amigo del Putin y de la Putina que lo parió, con yate como el que estaba el otro día fondeado cerca, que parecía un portaaviones. Con ése no habría problemas en ir a un fiordo, calar palangres y llenar los camarotes de rubias así. O de morenas. Y luego, viajes, piscina, baños de espuma, masajes. Lo natural en esos casos.
Chof, chof. La legítima acaba de subir por la escalerilla, chorreando, y el nivel del Mediterráneo, aliviado, baja dos palmos.
-¿Qué miras, Manolo?
-Nada.
-¿No estarías espiando a esa guarra?
-No digas tonterías, mujer.

Hay que irse yendo. Resignado, nuestro héroe deja los prismáticos, enciende el motor, y la consorte, envuelta en una toalla, se va a proa para izar el fondeo. Pop, pop, pop. Despacio, petardeando, la lanchilla recoge cadena mientras Manolo gobierna el timón. Eso lo acerca a la otra embarcación, donde la valkiria, que ha oído el ruido, se incorpora a mirar, con los dos enormes volúmenes morenos, sueltos, gozosamente libres a la vista. El ancla está casi debajo de su motora, y el fondeo se recupera con las lanchas muy cerca una de otra. Al fin, Manolo cae a babor y pasa a tres metros de la vikinga, que de cerca está como para tirarse al agua. Nuestro artista mete tripa, o lo intenta, poniendo cara de lobo de mar. Y entonces, ese pedazo de hembra alza una mano que hace oscilar de modo espléndido su anatomía, saludando, y dirige a Manolo una sonrisa mortal de necesidad. Mientras él, que acaba de encasquetarse la gorra de Chanquete con dos anclas cruzadas, saluda tocándose la visera, impasible, y metiendo todo el timón a una banda, pop, pop, pop, pone rumbo al club náutico.
-Has pasado muy cerca de ese barco -protesta la respectiva-. Imbécil. Casi chocamos.
Una mano en el timón, mirando el mar azul y el horizonte, Manolo relaja la tripa y acaba la cerveza. Luego enciende un pitillo y sonríe para sí mismo con ojos entornados, de aventura. Si tú supieras, piensa. Si tú supieras.


¿No son achuchables? "Animalicos"

Gracias don …Arturo, gracias Salva, gracias suecas…

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