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La novia y dos más ~ Sobre aventura y responsabilidad ~

La Derrota
23/02/2014 12:02
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La aventura es la aventura - Arturo Pérez-Reverte
1 de febrero de 1998


Resulta que a los del París-Dakar o como se llame ahora, en Mali o en no sé dónde, unos guerrilleros armados hasta los dientes les choraron el otro día un camión de esos con ruedas grandes y muchas pegatinas de los que hacen el rallye, y a otro coche que no paró le soltaron una sarta de tiros que no lo escabecharon de milagro. Y luego los del turbante se abrieron con el botín, el camión y lo que llevaba dentro, y dejaron a los intrépidos conductores allí, al solanero, con cara de esto no puede haberme ocurrido a mí. Y hasta hoy.

No me digan que no mola. Los Carlos Sainz de turno, que no sé cómo se llamaban ni me importa, allí con el volante y los monos y los cascos y toda la parafernalia de Pijolandia —un año hasta fue Carolina de Mónaco—, tirándose el folio de las dunas y tal, curva a la izquierda, Borja Luis, o Marcel-François, o como carajo te llames, y ahora en quinta por toda la pista hasta el Oasis de Kufra según pasamos el uadi a la derecha. Iban así, imagino, muy atentos al cronómetro Breitling y a los ratings y a las prestaciones y al tacómetro, con ese gesto duro y audaz de aventurero de pastel que ponen quienes tienen hasta el pinchazo programado por cuenta de la organización y el GPS. Iban así, decía —y a ver si lo digo de una puta vez—, y en esas va el copiloto y le apunta a su consorte: oye, mira, Jean-Pierre, voilá unos aborígenes que nos saludan al borde de la pista, procura no echarles mucho polvo ni atropellarlos como al negro de hace tres días, que éste es un rallye racialmente correcto, o sea. Y el conductor, que va a lo suyo y lleva un retraso crono de una hora, dieciséis segundos y tres décimas, está a punto de decir anda y que se jodan y meter la directa cuando el copiloto comenta qué curioso, oyes, fíjate en los moros, o los bantúes, o lo que sean ésos, que nos hacen señales de parar, y llevan algo al hombro, como si nos fueran a hacer una foto, o tomarnos un vídeo. Hay que ver qué cariñosos y entrañables son estos negros de color, tan muertos de hambre y escuálidos y aún les queda simpatía para acercarse a saludarnos cuando pasamos a toda hostia, que te dan ganas de parar y regalarles un llavero de nuestro Capulling Racing Team. Y el caso es que eso que llevan al hombro es una cámara de vídeo algo rara, ¿no te parece? Así, tan larga y verde. Y qué tontería, no te lo vas a creer, pero yo diría que más que grabarnos con ella, nos apuntan. Hay que ver lo que son los espejismos del desierto, Jean-Pierre. Te vas a reír cuando te lo diga. ¿Pues no parece que nos están apuntando con un bazooka? Je, je. Y el caso es que yo diría que parece... Joder. Para, para, para, para, cojones. Esos hijoputas tienen un bazooka.

Les juro a ustedes que habría pagado por verlo. O por estar allí con mi turbante, mis pies descalzos, mi RPG-7 o mi Kalashnikov al hombro, y el cuchillo entre los dientes haciéndome relucir la sonrisa. Salam Aleikum, chavales. Jambo. El racing team de los huevos saliendo de la curva, los de color soltándole cebollazos, y Jean-Pierre y su primo jiñándose por la pata abajo mientras los sacan del camión. Hola míster, efendi, bwana, ¿cómo lo llevas? Pongo en tu conocimiento que eres el tercer héroe de la ruta que cae hoy. ¿No querías aventura? Pues aquí tienes aventura gratis, colega. Y fuera de programa, que lleva más morbo. A ver las llaves del 6x6 treinta y seis, y el casco, y la cartera, y el Rolex ese que llevas en la muñeca. Y dad gracias que os dejamos la cantimplora, y también que ya hemos sodomizado hace un rato a un motorista japonés de la Honda y venimos aliviados; que si no, pareja, íbamos a poneros mirando a La Meca para que os fuerais del rallye con un souvenir. O a ver si creéis, tontosdelculo, que podéis venir cada año a pasarnos por el morro los camiones, y los coches y las motos y los helicópteros, a marcar tecnología y paquete jugando a Beau Geste con todos los riesgos cubiertos, y radio, y apoyo logístico, y vehículos de superlujo, y cascos de kevlar presurizado, y monos de goretex sanforizado que valen un huevo de la cara; que con sólo lo que cuesta uno de esos guantes que lleváis para que no os salgan ampollas al cambiar de marchas podría vivir aquí una familia durante año y medio. Y encima, en los finales de etapa, todavía queréis haceros fotos con nosotros para contarle después a la peña lo exótica y lo típica y lo aventurera que es toda esta gilipollez. Así que gracias por el camión y lo demás, so tiñalpas. Esto es solidaridad con el Tercer Mundo, y no lo del 0,7 por ciento. Iros por la sombra, y hasta el año que viene.



PATENTE DE CORSO
22-08-1999 - Morir como bobos


Anda tú. Ahora resulta que, en eso que se ha dado por llamar deportes de riesgo, a la gente que los practica le molesta morirse de vez en cuando. Pretenden tirarse por un barranco, o ir al Polo Norte, o hacer el pino en el asiento de una moto a doscientos por hora, y luego, pasado el subidón de adrenalina, contárselo a los amiguetes, tan campantes, y aquí no ha pasado nada. Luego, cuando por casualidad sale su número, ponen mala cara. No fastidies, hombre, dicen. Que esto es un deporte de alto riesgo, pero un deporte. Que para eso me visto de lycra y uso cuerdas con naylon poliesterilizado, y llevo chichonera de PVC y chaleco antibalas, y además me grabo en vídeo. Los fulanos y fulanas que practican el asunto quieren aventuras espantosas pero que transcurran, ojo, dentro de un orden. Arriesgar la vida con seguridad de que no la van a perder. Que una cosa es ser aventurero, dicen, y otra ser lelo.

Lo que pasa es que no. Que a veces fallan la cuerda o el mosquetón, o por el barranco viene una crecida de agua de la que no avisó Maldonado en el Telediario, o al barril con el que te tiran rodando por el monte se le sale una duela, y entonces vas y te mueres o te quedas tetrapléjico ; y pides, si te queda con qué pedirlo, que te devuelvan el dinero. Que por lo general se le pide a una agencia, porque ahora estas capulleces se hacen con agencias y con organizaciones y con presuntos especialistas, que lo mismo te llevan a hacer footing a Kosovo que cobran por colgarte de los huevos en una encina manchega mientras la novia hace fotos. Porque, y ésa es otra, sin fotos no hay aventura que valga. Uno hace eso para contárselo a los amigos y para poner cara de aventurero intrépido mientras les pasa el vídeo y les pone unas cervezas, sintiéndose Indiana Jones.

En otro tiempo había hombres y mujeres que se preparaban a conciencia, años y años, antes de enfrentarse a la aventura con la que soñaban. Viajeros que durante toda una vida estudiaban, investigaban, se aprendían de memoria los mapas del desafío en el que alguna vez se adentrarían. Gente silenciosa que pasaba meses observando la cara norte del pico donde tal vez iba a perder la vida. En todo ese periodo de estudio, de reflexión, de preparación intensa, esa gente tenia tiempo de calcular y asumir los azares y los riesgos, el dolor y la muerte. Eso formaba parte de un todo armónico, valiente, razonable, que iba en el mismo paquete. De algo consustancial al ser humano, que desde que existe memoria ha estado yéndose a la caza de la ballena, como en el primer capítulo de Moby Dick, cuando no tiene dinero en el bolsillo o cuando su corazón es un húmedo y goteante noviembre.

Pero eso era antes. Ahora, cualquier retrasado mental está viendo Expediente X y decide que él también quiere emociones fuertes y adrenalina, y coge un folleto publicitario, y al día siguiente, previo pago de su importe, se encuentra con un arnés oscilando a cinco mil metros de altura, o nadando entre pirañas con una cocacola fría en la mano, sin tener ni remota idea de lo que está haciendo allí. A veces hasta ignora geográficamente en dónde está. y lo que es peor, sin asumir ni por el forro su propia responsabilidad. Exigiendo por contrato que no le pase nada. Que lo metan y lo saquen intacto de las cataratas del Niágara. y luego, cuando se rompe la crisma, porque en esos sitios lo normal es romperse la crisma, monta un cirio, o lo montan sus familiares enlutados, argumentando que a él le habían garantizado que hacer tiburoning en los cayos de Florida con un calamar en el culo era como una película de Walt Disney.

Así que por mí, como si se despeñan todos. Prefiero reservar mis lágrimas para otras cosas que merezcan la pena. No para quienes convierten el riesgo en un espectáculo estúpido e irresponsable, olvidando que la vida real no es como las películas de la tele. La vida real es muy perra y mata de verdad; y cuando uno está muerto o tiene la columna vertebral hecha un sonajero, clíng, clíng, ya no hay modo de darle al mando a distancia y ver qué ponen en otra cadena. y además, el mundo está lleno de gente que palma cada día en aventuras obligatorias que maldita la gana tienen de protagonizar. Profesionales del riesgo voluntarios o forzosos. Gente que muere entre enfermedades, guerras y barbarie. Mujeres violadas y hombres macheteados como filetes, que con mucho gusto cederían su puesto en el espectáculo a toda esa panda de gilipollas que buscan adrenalina, arriesgando estúpidamente una vida preciosa cuyo manual de uso ignoran.


PATENTE DE CORSO 08.06.08
Vístete de novia, y no corras - 779

Me van a volver diabético, entre tanto gilipollas. Nunca hubo tal cantidad de soplacirios en la política, el sindicalismo, la cultura, el feminismo, la sociedad. Empieza a alterarme la salud tanto buen rollo y buenas intenciones, tanta mermelada a todas horas, tanta propuesta de besarnos masivamente en la boca para que las cosas vayan bien, tanta certeza de que con demagogia y corderitos de Norit triscando saltarines por el prado conseguiremos una España, un mundo, un universo mejor y más justo. Eso está bien para los jóvenes, cuya obligación antropológica, por edad y hormonas, es batirse en defensa de todo eso y de algunas cosas más. En tales lides se desbrava uno, y con el derroche de energía, si sobrevives a ello, y con la estiba que la realidad sacude en el morro, al final terminas madurando, camino de la serenidad, la experiencia y el razonable respeto a ti mismo, a lo que fuiste, eres y acabarás siendo. Ni más ni menos que la vida, en suma. El trámite obligatorio.
Por eso me hace echar la pota el comportamiento y discurso de tanto simple, de tanto cantamañanas y de tanto golfo apandador entrado ya en experiencia y años. Toparte en cada telediario, en cada programa de radio, en cada titular de prensa, con simplezas propias de colegas de bachillerato dichas por pavos con canas en la barba, o por tordas con edad de ser abuelas, lleva a la inevitable conclusión de que, o estamos rodeados de retrasados mentales, o se trata de que los resortes sociales han sido secuestrados por una legión de embusteros y sinvergüenzas. Aunque también puede ocurrir que todo sea lo mismo: con frecuencia, un tonto al que nadie pone límites termina convirtiéndose, por puro hábito del ejercicio, en resabiado y contumaz sinvergüenza. Y más cuando, como ocurre ahora con triste frecuencia –antes sólo ocurría con la política–, es posible hacer de cualquier ideología un rentable medio de vida.

No se trata sólo de España, claro. Lo nuestro es simple contagio. El mundo –el occidental, al menos– apunta por ahí: cantamañanismo como espíritu universal. Eso, con la que está cayendo; aunque tal vez la que está cayendo –y la que va a caer– provenga precisamente de que, cada vez más, los resortes que mueven la vida y la sociedad están en poder de perfectos tontos del haba en el sentido parmenidiano –me parece que era ése– del asunto: redondos, compactos y sin poros. Hasta no hace mucho, teníamos el consuelo de saber que, en el fondo, nadie se creía de verdad lo que circulaba como moda o tendencia; más o menos lo que pasa en Italia con la política. El problema es que ahora ya no es así. Ahora, la gente empieza a creérselo todo en serio. Y a actuar en consecuencia. En la sociedad actual, la línea más corta entre dos puntos es la estupidez. Y la dictadura que, a la larga, nos impone.

Hay un símbolo reciente de todo eso. Pensaba en ello hace un momento, cuando empecé a teclear estas líneas: Pippa Bacca, la artista italiana de treinta y tres años que hace dos meses decidió viajar, vestida de novia y haciendo autostop, por algunos de los lugares más peligrosos del planeta, en nombre de la paz, para demostrar, decía, que «cuando uno confía en los demás recibe sólo cosas buenas». Lo del traje nupcial, ojo al dato, era «metáfora de un matrimonio con la tierra y con la paz, del blanco y del femenino»; y lo del autostop, «ponerse en manos de otros viajeros y fiarse de la gente». Con tales antecedentes, a lo mejor a alguien le sorprende que, a poco de empezar el viaje, Pippa Bacca fuese violada y estrangulada en la frontera entre Turquía y Siria por un fulano con antecedentes penales. A otros, que somos unos cabrones suspicaces y mal pensados, no nos sorprende en absoluto. A los sitios peligrosos se los llama así precisamente porque hay peligro. Y el principal peligro se llama ser humano, sobre todo cuando nos empeñamos en creer que los valores que predicamos en nuestras confortables salitas de estar, discursos políticos y tertulias de la radio y la tele, son los mismos que manejan un talibán cabreado con un Kalashnikov, un africano hambriento con un machete, o cualquier hijo de puta con pocos escrúpulos y ganas de picarle el billete a una señora. Por ejemplo.

Dice el recorte de prensa que tengo sobre la mesa que a esa pobre chica la mató un turco desaprensivo. Pero, en mi opinión, el recorte se columpia. La mató la estupidez. La suya y la de la sociedad occidental, cada vez más idiota y suicida, que la convenció de que el mundo, en el fondo, es un lugar simpático que sólo necesita un traje de novia para convertirse en el bosquecito de Bambi.


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