Re: ANEXO al 15.04.2012 - Y muy buenas, XDD
Vigilio
16/04/2012 17:35
1306 mensajes en el foro, registrado desde 11/03/2001
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Aunque, de momento, la mejor y más efectiva sea, en mi opinión, la de una guillotina en la Puerta del Sol. Para los que bajan por la calle de Preciados, al menos. Los primeros. XDD
A partir de tu anexo, rebuscando, rebuscando, he dado con cierto diálogo en El Maestro de Esgrima. Aquí lo transcribo, y dime si no te parece, como a mí, que el jefe lleva unos meses en plan Agapito Cárceles que no hay quien lo tosa.:-)
-La cosa está clara -sentenciaba Cárceles-. Rousseau dio una respuesta a la cuestión de si el hombre es bueno o malo por naturaleza. Y su razonamiento, caballeros, es aplastante.
Aplastante, don Lucas, entérese de una vez. Todos los hombres son buenos, luego deben ser libres. Todos los hombres son libres, luego deben ser iguales. Y aquí viene lo bueno: todos los hombres son iguales, ergo son soberanos. Como lo oyen. De esa bondad natural del hombre resultan, por tanto, la libertad, la igualdad y la soberanía nacional. Lo demás -puñetazo sobre la mesa- son pamplinas.
-Pero también hay hombres malos, mi querido amigo -intervino don Lucas con picardía, como si acabase de pescar a Cárceles en su propia red.
Sonrió el periodista, desdeñoso y olímpico.
-Toma, pues claro. ¿Quién lo duda? Ahí tentamos al Espadón de Loja, que se estará pudriendo en el infierno; González Bravo y su pandilla, la Corte... Los obstáculos tradicionales, ya saben. Pues bien. Para ocuparse de todos ellos, la Revolución francesa alumbró un ingenioso artilugio: una cuchilla que sube y baja. Zas. Archivado. Zas. Archivado. Así se liquidan todos los obstáculos, los tradicionales y los otros. Nox atra cava circunvolat umbra. Y para el pueblo libre, igual y soberano, la luz de la razón y del progreso.
.......
Don Lucas se retorcía el bigote amarillo de nicotina mientras fulminaba a Cárceles con la mirada.
-Acaba de hacer usted por enésima vez -dijo en tono mordaz- su habitual exposición destructiva de la realidad nacional. Nadie se la había pedido, pero hemos tenido que soportarla.
Bien. Sin duda la veremos mañana publicada en cualquiera de esos libelos revolucionarios que le dan cobijo en sus panfletarias páginas... Pues escuche, amigo Cárceles.
También yo por enésima vez le digo no. Me niego a seguir escuchando sus argumentos. Usted todo lo soluciona tocando a degüello. ¡Haría un bonito ministro de la Gobernación!...Recuerde lo que su querido populacho hizo en el treinta y cuatro: ochenta frailes asesinados
por la chusma agitada por demagogos sin conciencia.
-¿Dice usted ochenta? -Cárceles disfrutaba sacando a don Lucas de sus casillas, lo que ocurría a diario-. Pocos me parecen. Y yo sé de qué le hablo. ¡Vaya si lo sé! Conozco la sotana por dentro, ¡vaya si la conozco!... Entre el clero y los Borbones, este país no hay hombre honrado
que lo aguante.
-Usted, por supuesto, lo arreglaría aplicando sus consabidas fórmulas...
-Sólo tengo una: al cura y al Borbón, pólvora y perdigón. ¡Fausto! Otras cinco medias, que paga don Lucas.
-Ni lo sueñe -el digno anciano se retrepó en su silla con los pulgares en los bolsillos del chaleco y el monóculo fieramente incrustado bajo la ceja-. Yo pago lo que sea a mis amigos, siempre y cuando disponga de corriente; que no es el caso. Pero me niego a convidar a un fanático vendepatrias.
-Prefiero ser un fanático vendepatrias, como usted dice, a pasarme la vida gritando vivan las caenas.
Gracias, LaDe. Y un saludo :-)
A partir de tu anexo, rebuscando, rebuscando, he dado con cierto diálogo en El Maestro de Esgrima. Aquí lo transcribo, y dime si no te parece, como a mí, que el jefe lleva unos meses en plan Agapito Cárceles que no hay quien lo tosa.:-)
-La cosa está clara -sentenciaba Cárceles-. Rousseau dio una respuesta a la cuestión de si el hombre es bueno o malo por naturaleza. Y su razonamiento, caballeros, es aplastante.
Aplastante, don Lucas, entérese de una vez. Todos los hombres son buenos, luego deben ser libres. Todos los hombres son libres, luego deben ser iguales. Y aquí viene lo bueno: todos los hombres son iguales, ergo son soberanos. Como lo oyen. De esa bondad natural del hombre resultan, por tanto, la libertad, la igualdad y la soberanía nacional. Lo demás -puñetazo sobre la mesa- son pamplinas.
-Pero también hay hombres malos, mi querido amigo -intervino don Lucas con picardía, como si acabase de pescar a Cárceles en su propia red.
Sonrió el periodista, desdeñoso y olímpico.
-Toma, pues claro. ¿Quién lo duda? Ahí tentamos al Espadón de Loja, que se estará pudriendo en el infierno; González Bravo y su pandilla, la Corte... Los obstáculos tradicionales, ya saben. Pues bien. Para ocuparse de todos ellos, la Revolución francesa alumbró un ingenioso artilugio: una cuchilla que sube y baja. Zas. Archivado. Zas. Archivado. Así se liquidan todos los obstáculos, los tradicionales y los otros. Nox atra cava circunvolat umbra. Y para el pueblo libre, igual y soberano, la luz de la razón y del progreso.
.......
Don Lucas se retorcía el bigote amarillo de nicotina mientras fulminaba a Cárceles con la mirada.
-Acaba de hacer usted por enésima vez -dijo en tono mordaz- su habitual exposición destructiva de la realidad nacional. Nadie se la había pedido, pero hemos tenido que soportarla.
Bien. Sin duda la veremos mañana publicada en cualquiera de esos libelos revolucionarios que le dan cobijo en sus panfletarias páginas... Pues escuche, amigo Cárceles.
También yo por enésima vez le digo no. Me niego a seguir escuchando sus argumentos. Usted todo lo soluciona tocando a degüello. ¡Haría un bonito ministro de la Gobernación!...Recuerde lo que su querido populacho hizo en el treinta y cuatro: ochenta frailes asesinados
por la chusma agitada por demagogos sin conciencia.
-¿Dice usted ochenta? -Cárceles disfrutaba sacando a don Lucas de sus casillas, lo que ocurría a diario-. Pocos me parecen. Y yo sé de qué le hablo. ¡Vaya si lo sé! Conozco la sotana por dentro, ¡vaya si la conozco!... Entre el clero y los Borbones, este país no hay hombre honrado
que lo aguante.
-Usted, por supuesto, lo arreglaría aplicando sus consabidas fórmulas...
-Sólo tengo una: al cura y al Borbón, pólvora y perdigón. ¡Fausto! Otras cinco medias, que paga don Lucas.
-Ni lo sueñe -el digno anciano se retrepó en su silla con los pulgares en los bolsillos del chaleco y el monóculo fieramente incrustado bajo la ceja-. Yo pago lo que sea a mis amigos, siempre y cuando disponga de corriente; que no es el caso. Pero me niego a convidar a un fanático vendepatrias.
-Prefiero ser un fanático vendepatrias, como usted dice, a pasarme la vida gritando vivan las caenas.
Gracias, LaDe. Y un saludo :-)