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ANEXO al 20.03.11 ~ Aaaguaaaa ~

La Derrota
17/03/2011 23:49
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Este que os presento hoy es el mejorado y completo ANEXO de las apariciones de don Ángel Ejarque en los artículos dominicales de Arturo Pérez-Reverte.



Hoy recordando viejos amigos nos detenemos en Ángel Ejarque. Muy colega de don Arturo, un hermano:


«…O del colega Ángel Ejarque, que es casi mi hermano y estuvo treinta años de su vida subiendo por la cara cada vez que a un madero se le ocurría decirle estás servido…»
Cuánto cuento - 05 de Marzo de 1995


«…Es la del tranvía 1001, la hizo Paco El Muelas, íntimo colega de Antonio y de mi plas Ángel Ejarque, y hasta Luis García Berlanga le dedicó un cortometraje al evento…»
El tranvía 1001 - 24 de mayo de 1998


Ángel - 13 de diciembre de 1998
Se ha casado la hija de Ángel, y estuve en la boda para verlo de padrino, con una flor en la solapa, y repartiendo puros en el convite. Se ha casado con un chaval grandote, buena gente y trabajador, de esos a quienes las suegras adoran y a quienes los suegros ofrecen tabaco. Se ha casado la hija de mi tronco el rey del trile, el ex delincuente que hablaba por la radio, que luego se hizo honrado y que ahora vive como puede con veinte mil duros al mes, trabajando en una empresa -hay que joderse- de seguridad. Se ha casado la chinorri de mi plas, el que fue ladronzuelo de mercados, boxeador sin fortuna, timador callejero, trilero y golfo de pro. El que llegó a manejar la borrega y los tapones como nadie, y a quien la aristocracia del barrio, o sea, el personal que se busca la vida, respetó siempre como hombre cabal y de palabra, de esos que no se derrotan de un amigo ni se chotean de los enemigos, por muy perros que sean.
Ángel y el arriba firmante nos conocimos hace quince años. Yo necesitaba, por motivos profesionales, un chorizo experto en ciertas inquietantes habilidades. Él era el mejor en su registro, así que llegamos a un acuerdo entre caballeros. Luego vinieron muchas cañas y muchos bares y muchas conversaciones, y aquel programa de radio de los viernes por la noche, La ley de la calle, con Manolo el pasma y los otros, que duró cinco milagrosos años hasta que, cuando obtuvo el premio Ondas, se lo cargó el entonces director de RNE, un tal Diego Carcedo, honesto defensor de las libertades y demócrata de cojones.
Daba gloria ver a Ángel de padrino, con esa nariz de boxeador y esos ojos oscuros y atentos que no pierden comba y te miran fijo, como leyendo los libros de estudio que él nunca tuvo. Sus estudios fueron otros: la calle, la vida, la madera, el talego, los consortes. Por eso es como es. Duro y cabal como la madre que lo parió. El caso es que Ángel es mi tronco, mi colega, mi hermano. Hasta me dejó usarlo de modelo en La piel del tambor para el personaje de el Potro de Mantelete. Y el otro día me llama y me dice, oye, colega, se casa la niña, así que te quiero ver, y si tengo que levantarme yo de la mesa del convite para que te sientes tú, pues me levanto. Y allí me fui, qué remedio, con una chaqueta azul marino y una corbata. Y todos los invitados eran gente honrada, amigos y familiares del novio o compañeros del actual trabajo de Ángel, pero todavía pude encontrar algún resto del pasado, algún superviviente de otro tiempo. Así que me estuve primero en la puerta de la iglesia con el Patillas y el Mellao, hablando de los viejos tiempos, y el Patillas, que ya está mayor que te cagas, me ofreció un pitillo disculpándose porque el tabaco rubio que fuma ahora es una mierda, pero es que cuando te retiras de la calle, dijo, hay que ir mirando con tiento la viruta que uno gasta. Y el Mellao, que también se bandea ahora lejos de las comisarías, me habló de cuando él y el Patillas y Ángel eran más jóvenes y se iban a la feria de Sevilla, y a los sanfermines, y en verano a Ibiza a tangar guiris y pringaos, y en una noche de juerga quemaban doscientos papeles. Y luego fuimos a la comida, y hubo mariachis y baile, y Ángel bailó un pasodoble con la madrina y luego él y yo nos fuimos a un rincón a mirar el panorama y a los invitados, y me fumé un farias hablando de otros tiempos, y le dije ojalá tengas treinta nietos cabales como tú, colega, y yo vaya a los treinta bautizos. Y entre los treinta te jodan vivo.
Fui el único del antiguo grupo de la radio que estuvo en la boda. Ángel los había invitado a todos, pero el tiempo pasa, y la gente tiene cosas que hacer, y cambia, y Manolo el madero es ahora una estrella y anda, lo justificó Ángel, con mucha ruina y muchos compromisos. Y Mayte vive en otros rollos, y Mar Racamonde estaba de reportaje. Y el resto de la banda se perdió en los vericuetos de la calle y de la vida, como Ruth, la lumi que salía de los servicios de señoras de RNE vestida con minifalda para hacer la carrera, y que vete a saber por dónde anda ahora. O como Juan, pequeñito y rubio y duro, Juan y su tándem y sus camisas limpias planchadas por su vieja, de quien no hemos vuelto a saber nada, nunca más. Y con el farias mediado y una ginebra con tónica en la mano, yo miraba a Ángel y le sonreía, y el alzaba una ceja, como siempre, con aquel aire de resignado estoicismo, y decía así es la vida, amigo. Y yo pensaba para mi forro: suerte que tienes, Arturín. El privilegio de que un tío como Ángel te invite a esta boda y te llame amigo.


«…Y como se venía de venir, que dice mi amigo Ángel Ejarque, algunas damas se me han tirado a la yugular…»
Pijolandios de diseño - 28 de febrero 1999


«…Yo nunca me berreo, como dice mi colega Ángel Ejarque, alias -sé lo que me digo- El Potro del Mantelete, que por cierto acaba de ser abuelo por segunda vez…»
La foto del abuelo - 04 de noviembre de 2001


«Me telefonea Ángel Ejarque, el rey del trile, mi colega de La ley de la calle, que es también abuelo de mi ahijada Inés -me hizo esa faena el cabrón-: el choro impasible que utilicé de modelo para el Potro del Mantelete, y que hace años cambió de registro y ahora es de honrado y ejemplar, el tío, que aburre a las ovejas. Es como lo de las lumis, dice: si un primavera las quita de la calle, ya nunca vuelven. 0 casi nunca. El caso es que él no ha vuelto, pero le queda el punto de vista; así que cuando nos vemos o nos llamamos le damos cuartelillo a las cosas de la vida, como en los viejos tiempos, cuando le dedicaba canciones en el arradio los días que no estaba de cuerpo presente porque dormía en AlcaláMeco. Puños de acero, de los Chunguitos. O La mora y el legionario; de javivi, me parece. Todas ésas. Dedicado a mi colega Ángel, que se está comiendo un marrón, etcétera. De noche no duermo, de día no vivo. Bailando un tango en un burdel de Casablanca. Hay que ver cómo pasan los siglos. Ocho o diez años hace de eso, creo. O más…»
Sicarios en el país de Bambi - 08 de septiembre de 2002


«…He telefoneado a mis compadres Ángel Ejarque y Antonio Carnera, viejos colegas de oficio, que lo conocían y respetaban. Un clásico, ha dicho Ángel. Era un maestro y un clásico.…»
La última aventura de Pepe el Muelas - 26 de enero de 2003


«…Mi compadre Ángel Ejarque, sin ir más lejos, ahora jubilado de la calle, pero que en su momento fue el rey del trile, capaz de hacer palmar a un guiri dos mil dólares en diez minutos en plena Gran Vía, me lo dice siempre: «Las ratoneras funcionan, colega, porque al ratón le gusta el queso»…»
La foto de la zorrimodel - 01 de febrero de 2004


«…Aunque parezca mentira, aún hay pringaos a los que endiñársela, como dice mi amigo Ángel Ejarque Calvo, de quien varias veces he hablado en esta página: ex estafador y ex trilero que dejó la calle hace ya quince años –cómo pasa el tiempo, colega– y trabaja honradamente, lo que no le impide seguir siendo, más que mi tronco, mi plas. Mi hermano…
…Cuando el otro día le comentaba la cosa a mi plas, bebiéndonos unas garimbas en un bar de Leganés, el antiguo rey del trile enarcó una ceja, como suele hacer, con esa cara de boxeador currado –el Potro del Mantelete– que tiene, se apoyó en el mostrador y dijo muy serio: la codicia, colega. Parece mentira que aún te aligeren de esa manera, cuando todo cristo sabe lo del timo. Pero la codicia es mala que te rilas. Te pone un trapo en el careto y no ves más que lo que te interesa. Y los viejos más que más, oyes, porque algunos, con los años y los achaques y la artrosis –yo empiezo también con la artrosis, colega, hay que joderse–, se vuelven egoístas que no veas, y todo es amarrar para ellos. Y claro, como a pesar de los tiempos que corren, y de la chusma que hay suelta, aún quedan artistas de la calle, a veces llega gente fina, con arte y labia, y les da el tiznao. Como en mis tiempos del cuplé.
Después de decir eso, Ángel encendió un Marlboro –todavía lo llama rubio americano, porque es un clásico–, le dio un sorbo a la garimba y se quedó pensativo. Y en cuanto a los abuelos, añadió de pronto, qué quieres que te diga. Pensamos que los puretas, por la edad y las canas y la experiencia, son todos buenos, sabios y tal. Pero los abuelos son como los demás, colega. Pueden ser unos marrajos de mearse y no echar gota. Un delincuente, un estafador, un trilero, cualquiera que se busca la vida en la calle por necesidad o por vicio, puede ser, como te digo, un golfo o un obligao por las casualidades. Cada uno es cada cual, y ahí no me meto. Pero entre la gente que se llama decente, muchos lo son porque no tienen más remedio, o nunca tuvieron ocasión de tocar otro registro, o no tienen huevos para currárselo. Hasta que de pronto creen que salta la liebre, y que sale gratis. Ésta es la mía. Y claro. Se aprovechan. Pero no te hagas ilusiones, tronco. Lo mismo entre los jóvenes que entre los abuelos hay perros a punta de pala. Lo de sinvergüenza es una de las pocas cosas que no se quitan con la edad. »
Estampitas en Chiclana - 20 de febrero de 2005


«…El hecho de que a veces, cuando se me pone, puche el golfaray o les haga homenajes a pájaros ilustres como a mi paisano el Maca –«Le tiré cuando se iba»–; al gran Pepe Muelas, virtuoso de la estafa, que en paz descanse; a mi plas Ángel Ejarque, rey del trile; a ese querido Juan Rabadán del que nunca más supe –uno de mis viejos remordimientos– y a otros cuyos nombres no derroto porque siguen en activo, no significa que sea un julandra que no sabe distinguir a un casta legal de un resabiado cabrón…»
Un lector indeseable - 26 de junio de 2005



«… Alejandra era entonces un travelo morenazo, de bandera. Esa noche nos hicimos amigos. Luego, a veces, iba al programa La ley de la calle, que hacíamos en Radio Nacional, a acompañarnos a Manolo el policía, a Ruth la lumi, a Juan el rey del tandem, y a Ángel Ejarque, ex boxeador y trilero profesional: mi colega, que lo sigue siendo. Mi plas. Y de ese modo, entre garimbas, humo de cigarrillos y largas madrugadas, supe cosas de Alejandra que ahora me vienen a la memoria. Cosas que me contó -yo utilizaba bien el verbo escuchar como herramienta profesional- como se las habría contado a un amigo íntimo, o a un cura.…»
15.06.08 - Una cerveza con Alejandra


«… Algunos creerán que eso es raro, pero no lo es. El arriba firmante, por ejemplo, tuvo en otro tiempo oportunidad de presenciar dos situaciones parecidas, una como testigo y otra como estrella invitada, a medias con el rey del trile, Ángel Ejarque Calvo. La primera fue durante un reportaje nocturno en los barrios duros madrileños, allá por los ochenta. Avisada la policía de que un tío le estaba dando a su legítima las suyas y las del pulpo, acudió una patrulla. Y cuando redujeron al fulano, poniéndole unas esposas, la mujer, a la que el otro había puesto la cara guapa, se revolvió como una fiera contra los maderos. «¡Dejadlo, dejadlo, hijos de puta! –gritaba desgañitándose–. ¡Dejadlo!»
La segunda vez salía de calzarme unas garimbas con Ángel en las Vistillas –acababan de soltarlo del talego–, cuando nos topamos con un jambo que le daba fuertes empujones a una mujer contra el capó de un coche, mientras discutían. Le afeamos la conducta y se nos puso bravo. Ángel –hoy honrado currante y abuelo múltiple–, que fue boxeador y todavía entrenaba en La Ferroviaria, lo miró fijo y muy serio, calculando en dónde iba a calzarle la hostia. Y en ésas se nos rebotó la torda. «¿Pa qué os metéis vosotros?», preguntó. Me encogí de hombros y le dije a mi plas: «Tiene razón, colega. ¿Pa qué nos metemos?». Y Ángel, que siempre rumia las cosas muy despacio y todavía andaba mirándole el hígado al otro, levantó una ceja y dijo: «Vale». Y nos fuimos. Y al rato, después de pensarlo un rato, concluyó, filosófico: «Sarna con gusto no pica, colega».…»
21 de Septiembre de 2008 - Sobre palos y vela



Gracias Mare por el enlace, no podemos decir que esté muy actualizado el blog, pero tiene buenas fotos.
http://angelejarque.blogspot.com/



Gracias don Arturo, gracias Salva, gracias trileros.

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