Con acercanza
BRBnero
- Hay un problema -dice Ricardo Maraña.
El primer oficial de la Culebra ha salido de la oscuridad donde lo anunciaba, inmóvil, la brasa rojiza de un cigarro. Es alto y pálido. Viste de negro con botas finas vueltas, a la inglesa, y no lleva sombrero. La luz central del farol ahonda las ojeras en su rostro delgado.
-¿Grave?
-Depende de ti.
Los dos hombres caminan juntos ahora, calle abajo. Maraña, con una leve cojera. Hay bultos de mujeres y hombres en los portales y en las bocas de los callejones. Susurros en español y otras lenguas. Por la puerta o ventana de alguna taberna salen voces, risas, insultos. A veces, el sonido de una guitarra.
-El piquete vino hará cosa de media hora -explica Maraña-. Han apuñalado a un marinero americano, y buscan al culpable. Brasero es uno de los sospechosos.
- ¿Y ha sido él?
- No tengo ni idea.
-¿Hay otros detenidos?
-Una jábega de seis o siete, pero ninguno más es nuestro. Los están interrogando allí mismo.
Pepe Lobo mueve la cabeza con fastidio. Conoce desde hace quince años al contramaestre Brasero -el nostramo, en jerga de a bordo- y sabe que, cuando anda metido en uvas, es capaz de apuñalar a un marinero americano y al padre mismo que lo engendró. Pero Brasero es también elemento clave de la tripulación que llevan días reclutando en Cádiz. Su pérdida, semana y media antes de hacerse a la mar, sería un desastre para la empresa.
Al parecer de los pareceres parece ser que pareciendo lo que parece puede parecer parece lo que es. O parecido.