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ANEXO al 23.05.10 - Consecuencias

La Derrota
19/05/2010 09:43
1232 mensajes en el foro, registrado desde 14/10/2001
laderrota arroba gmail punto com


Siempre ha habido crisis. Ha habido muchas crisis desde que escribe para los domingos. Desde el 94 en casi 900 artículos.


«… Lo de la crisis, y los parados, y todo eso, no es un cuento chino. Hay crisis de verdad, crisis general en la economía de los españoles, aunque sólo la aceptemos de boquilla y sigamos empeñados en vivir a todo trapo, a base de rebotar letras y hacer juegos malabares con el final de mes y la familia. Hay crisis, pero bloqueamos las carreteras con los Audis y los Bemeuves y los Opeles en todos y cada uno de los trescientos puentes anuales que se hacen en este país de irresponsables, y formamos colas en los grandes almacenes, en las gasolineras, en el día de los Enamorados –permitan que me chotee con las efemérides-, en las compras de Navidad, en los viajes a Estambul todo incluido en paquete turístico, en la tapadera Jurásica o en cualquier otra película de moda que Hollywood y sus sicarios locales hayan decidido obligarnos a ver, por el morro, este invierno.

Pero esos signos externos son falaces. El peón del tablero, quien no tiene otro remedio que bailar con la música que le tocan, sabe que hay crisis. Lo sabe en primera persona de indicativo mientras oye tocar a degüello alrededor, en el puesto de trabajo ajeno o en el propio, cada vez más claro y más cerca. Pero sigue intentando vivir como si nada, empeñado en emular a los alfiles, los caballos y las torres tal y como aparecen, o cree verlos aparecer, en las revistas ilustradas y en los anuncios de la tele.»


Y ese premonitorio artículo que dio la vuelta a internet:


Los amos del mundo Los amos del mundo - 15 de noviembre de 1998
http://icorso.com/hemeroteca/profeta.htm
«… Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena. Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento el tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, el tanta especulación y de tanta poca vergüenza.»





Desde que el presidente Zapatero negó la existencia de la crisis durante las últimas elecciones generales ha tratado varias veces. Fijándose en los dramas particulares, esas pequeñas historias de la gente normal, como ocurre con el de esta semana.



«… Pero claro, no se trata de eso nada más, en un país donde combatir los delitos urbanísticos y la corrupción política tropieza -que también es casualidad, mecachis- con el hecho de que se haya decidido no perseguir delitos por debajo de los quinientos kilos, que ya es una pasta, y donde nadie pega un puñetazo en la mesa ni se pronuncia a menos que esté muy obligado y se destape el asunto. Y aun en tal caso lo hace con mucho tiento, porque nunca se sabe. O al contrario: porque se sabe. A fin de cuenta: aunque uno sea honrado y limpio como lo chorros del oro, cosa que en política ocurre a veces, siempre hay alguien -si no eres tú será un pariente, un colega o un compañero de partido que tiene un esqueleto enterrado en hormigón-. Y así es como se explica, entre otras cosas, parte de la boyante economía de esta España que en materia de negocios va tan de puta madre: un monipodio de compadres que se callan o que trincan mientras ladrones convictos enriquecidos precisamente con la especulación urbanística -otra casualidad- no sólo no ingresan en prisión, ni se les embarga nada porque nada tienen a su nombre, sino que pasan el verano rascándose los huevos en su yate mientras espera el indulto. Mientras que a una abuela de ochenta años, que cobra una mierda de pensión, se le pasa hacer un año la declaración de la renta y la persiguen hasta la tumba. »




«… Y a mí me toca por primera vez votar en marzo. Por eso, señor Reverte, cuando el islamismo radical, las hipotecas y los mierdas de nuestros políticos nos metan en una movida gorda, si me da tiempo le juro que me voy a reír como un puto enfermo. No sé si me explico. Gracias por esas cervezas, amigo. Y por las tetas de Lola.»




«… En cuanto al padre, nos vale también para retrato robot del español medio. Echado a la calle de la empresa donde estuvo veinticinco años trabajando, perdió el juicio, como cada vez, o casi, que un trabajador se enfrenta en solitario a una multinacional. Después tuvo que pagar las costas procesales y la minuta del abogado, y ni siquiera pudo cobrar el finiquito. Ruina total. Tuvo que dejar el piso que ya estaba casi pagado, malvender el camión con el que trabajaba, liquidar letras e irse a vivir a un sitio más modesto, pagando 900 euros mensuales de hipoteca más gastos de comunidad. Al cabo de un tiempo de estar en el paro consiguió, temporalmente, un trabajo de seis días a la semana llevando un tráiler al extranjero, por 1.600 euros mensuales que, descontados seguros, hipoteca, comida, teléfono e impuestos, no alcanzaban a pagar la luz, el agua y el gas. Pero ese dinero lo dejó de cobrar al quedarse de nuevo en paro por la crisis –ésa que no iba a existir, y que ahora sólo durará, afirman, un par de telediarios–. Y resulta, para resumir, que un hombre que ha trabajado toda su vida, desde los catorce años, se encuentra a los cincuenta y tres con que el mes que viene no puede pagar la hipoteca de la humilde vivienda donde se refugió tras perder el primer trabajo y la otra. Porque no tiene los cochinos 900 euros cada mes. Porque resulta que el único dinero que entra en casa, justo esa cantidad, es el que gana su hija: la joven cuyo futuro maravilloso planean con tanto esmero y eficacia la ministra de Educación, el de Economía y el resto de la peña. Y esa chica, con el sueldo miserable que percibe por trabajar ocho horas diarias seis días a la semana, con la casa familiar puesta a su nombre –el padre, comido de embargos, no pudo ponerla al suyo–, tiene ahora la angustia añadida de que, con los tiempos que vienen, o están aquí, en la tienda entra menos gente, y cualquier día pueden cerrarla y ponerla a ella en la calle. Y mientras, mantiene a su padre y a su madre, paga la luz, el agua, el gas y el teléfono, compra comida y lleva un año sin permitirse un libro o un revista, ni ir a un museo –los cobran– ni al cine, ni salir con su novio un sábado por la noche. Porque no puede. Porque no tiene con qué pagarse, a los veintiocho años y con una carrera hecha, trabajando desde hace cuatro, una puta cerveza.»


Ha sacado a pasear su ironía feroz y brutal:


«… Y el consejo maestro, que reclamaba mármol a gritos, ayudaba a situar la novedad en el contexto adecuado: «En tiempos de crisis no sólo hay que ser pobre, sino parecerlo». Ahora, dejando aparte las ganas naturales que a muchos de ustedes, como a mí, les habrán entrado de masacrar y colgar de una farola al ingenioso autor de la frase, échenme una mano, porfa, y procuren representarse mentalmente diversos modelos y estilos de muebles clásicos y modernos, tapizados todos ellos con telas cutres y remendadas: sacos, arpilleras, retales guarros, zurcidos bastos y costuras deshechas, con los hilos rotos. Todo lleno de desgarrones, con el detalle encantador, refinado que te vas absolutamente de vareta, colega, de que no es que el tiempo haya dejado ahí sus huellas, sino que asientos y respaldos están rotos a propósito, mostrando los muelles o el relleno interior. Como esas sillas –sitúo geográficamente la cosa– donde algunos se sientan a vender droga a la puerta de una chabola de las Barranquillas, pero en tiendas caras y aflojando una pasta horrorosa. Para que se hagan idea: una silla francesa con el asiento despanzurrado y los muelles fuera cuesta 800 mortadelos; y un sofá de madera tallada, tapizado en tela de saco guarro y con un roto en el respaldo, 6.800 del ala. Tampoco se pierdan, ojo, el texto fascinante con el que se introduce el prodigio: «Maderas decapadas y formas al desnudo para dar a tu casa un estudiado toque de abandono. ¡Entra a saco!».


«… Así que ya lo saben. No hay crisis incompatible con un estómago lleno, ni con el glamour de una mesa que firmarían Arzac o Ferrán Adrià. Con talento y buen ojo, todo es posible en Granada. La señora o el caballero llegan a casa, por ejemplo, después de pasar la mañana en la cola del paro o buscándose la vida con su navaja en una esquina, y con una simple lata de berberechos y los consejos de cualquier revista pueden despertar la admiración de su familia, y de paso subirse unos puntos la autoestima, cocinando, sin ir más lejos, unas almejas deconstruidas al aroma de esturión con cebollas glaseadas a la roteña con guarnición de arroz de Calasparra travestido a lo salvaje del Orinoco. Por lo menos. Así que, por mucha crisis que haya o vaya a haber –además, el Gobierno ya prepara eficaces medidas para cuando la crisis pase y sigamos siendo el pasmo de Europa–, no se disminuya, amigo. Igual hay quien lo llama gilipollas. O si es de Murcia, tontolpijo. Pero tranquilo. Si los perros ladran, es que cabalgamos. Coma usted barato, original y caliente. Sobre todo, divertido. Fashion. Y ríase la gente.»



Así acabamos con sonrisa de lobo.
A todos estos debemos unir el artículo del próximo domingo que cuenta hechos ocurridos no en el bar de Lola, sino en España del 2010.

Gracias don Arturo, gracias Salva, gracias tripulación.







30 de enero de 1994 - Matar la Gallina
15 de noviembre de 1998 - Los amos del mundo Los amos del mundo

21 de Septiembre de 2003 Golfos, ayuntamientos y ladrillos

PATENTE DE CORSO 21.10.2007 Iker y el escote de Lola
PATENTE DE CORSO 19 .10.2008 Gilisoluciones para una crisis - 798
PATENTE DE CORSO 05.04.2009 900 euros al mes ~ 822
PATENTE DE CORSO 27.09.2009 Un estudiado toque de abandono ~ 847
PATENTE DE CORSO 11.10.2009 ~ Las tiendas desaparecidas ~849
PATENTE DE CORSO 07.02.2010 ~ Intrusos en el comedor ~866


PATENTE DE CORSO 23.05.2010 ~ «¿Qué voy a hacer ahora?» 881

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