| Felix Cubero |
|
Capítulo 8
|
Gerard daba cabezazos en el taxi, el conductor lo advirtió y sonrió
maliciosamente. Llegaron a su Hotel. Pagó, le cobraron de más
y el taxi desapareció. Era muy tarde, las 4 de la mañana. Entró
por la puerta. El vestíbulo y la recepción estaban vacíos.
En el mostrador había varias llaves, también la suya. La cogió
y tosió fuerte por si alguien acudía. Nadie. Subió en
el ascensor hasta el tercer piso. Fue a dar la luz de la escalera y no se
encendió. No había luz, tampoco había reflectores de
emergencia. Encendió una cerilla y con ayuda de la luz de su llama,
llegó hasta su puerta. Buscó las llaves que había cogido
en el vestíbulo. Se tanteó por los bolsillos de la americana
y los pantalones hasta que las encontró y se le calleron al suelo.
Al agacharse a cogerlas vió que la puerta estaba entreabierta. Se le
quemaban los dedos con la cerilla y la apagó. Encendió otra.
Tanteó su cartuchera y sacó su pistola Browings de 7,65 m.m.
Un arma ligera, antigua y automática. Su camisa blanca de algodón,
su traje cruzado de lino color hueso y sus zapatos de lona a juego blancos,
destacaban en la oscuridad a la luz de la cerilla. Gerard exclamó
-... Bueenas noches, estáis cómodos mes cheeeeries...-
Al comprobar que nadie contestaba abrió del todo la puerta. Avanzó
con lo que le quedaba de cerilla encendida.En la habitación introdujo
fugazmente la cabeza y la pistola para echar un vistazo. No vió a nadie.
Sólo un candelabro que no estaba cuando se fue. Las persianas tampoco
las había dejado cerradas a cal y canto cuando se marchó. La
borrachera se le había diluido por los poros que sudaban al compas
de un ritmo cardíáco acelerado. Entró lentamente y
encendió las velas del candelabro y lo cogió. Su mano derecha
seguía sujetando la pistola montada. No había nadie. La puerta
del baño estaba cerrada. Dejó a un metro de esta puerta en
el suelo el candelabro. Se acercó. La luz del candelabro daba un aire
tétrico a la habitación. Abrió hacía afuera la
puerta del baño. Se encontraba protegido por ella y se asomo fugazmente
por si alguien le esperaba. Nadie. No vió nada extraño. El
bidé y su sombra, el inodoro y su idem etc.... Las cortinas de la
ducha estaban cerradas. Tras la puerta de la habitación apareció
una sombra que se dirigió pausadamente hacía Gerard. La sombra
llevaba algo así como un impermeable de plástico que hacía
un leve ruido al andar que Gerard no escuchó. Gerard apuntó
con su pistola hacía las cortinas del baño y las corrió.
Vió la pared de loza clara y en una décima de segundo al bajar
la mirada al fondo de la bañera se sobresaltó. Allí
entre sombras y abundante sangre estaba el recepcionista del hotel. Desangrado,
su cara lívida, blanca,con los ojos sin expresión de un besugo
navideño. Rigor Mortis. Bajó la pistola hasta su cintura y
notó de repente un tacto frío en el cuello, como una ráfaga
de aire helado. Un segundo, dos y un líquido frío le corría
por la camisa, miró hacía ella pero estaba a espaldas de la
luz del candelabro y no pudo ver nada. Si hubíera podido ver, hubíera
visto su sangre proyectada en chorro, por sacudidas, que formaban gotitas,
salpicaduras y manchas en globitos en sus ropas claras. Un golpe puntiagudo
en sus riñones y otro; y otro, y otro. Hasta que el mareo le hizo
desplomarse, disparando su Brownings de 7,65 m.m. hacía el suelo.
El sonido del disparo hizo reacionar al asesino que cesó el apuñalamiento.
La sombra del cuchillo goteando sangre era rotunda, una pequeña espada
que debía medir casi 20 cm. con la hoja. Gerard inconsciente en el
suelo manaba sangre como un surtidor sobre sus ropas blancas. Pasaron 5,
10, 15 segundos. Una voz se escuchó en la habitación de al
lado. La sombra asesina soltó el cuchillo, llevaba guantes. Sacó
un abridor de botellas y con urgencia fracturó el dedo índice
de la mano derecha de Gerard que inconsciente se inmutó en el último
suspiro de vida. Sólo se escuchó en la habitación el
crujir de los huesos y el sonido de las llamas del candelabro en plena combustión.
Luego se oyó el motor de una moto a lo lejos, y la voz del vecino
de al lado que volvía a preguntar
- ¿ Qué ha sido eso?- ..... un poco más bajo- ...Ha
sido un disparo.-
La sombra se irguió y apagó el candelabro. Con paso ligero
y ayudado por una linterna el asesino desapareció en la oscuridad.
Alguien le había hurtado el placer de la noche. Ese maldito disparo
a destiempo.Aurrevoir, amor mio.
|
|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 | 29 |