Felix Cubero
El asesino dentro de la botella
Capítulo 7

 

Era curioso, una coincidencia, pero en el Eurobuilding era el hotel donde se veía con Gerard,el hotel en que se hospedaron los funcionarios españoles,el día del asesinato de las prostitutas, la beurre y la baterflaypino habían celebrado en él su despedida, su último intercambio sexual.Fue el punto a los polvos.Era el hotel donde en aquel momento más adulterio se cometía por metro cuadrado en París. Al principio Gerard no creía del todo en la ruptura que el mismo había iniciado, pero poco a poco lo comprendió.La seriedad con que ella se lo planteó no dejaba dudas. Aquel último día,9 de febrero, Mel vió presentar una paella valenciana a un grupo que creyó de ejecutivos españoles. A Gerard y a ella le pudieron hacer una pequeña. La tomaron en la habitación con los vinos Brunello de Montalcino y Sauvignon de Collio. Gerard bebía y bastante. Ella tomó agua. Una noche potente. El alcohol y la "morfa" de los medicamentos que ingería Gerard le ponían realmente cachondo. Un animalito al que domaba siempre con la lluvia dorada, cuando le mojaba le derretía, luego unas ligeras presiones de los dedos sobre el comienzo de su ano y lo tenía bajo sus piernas como a un bebe a punto de amamantar. Parpadeando pausadamente. Aguantando sin pestañear hasta el último momento por si había más. Mel había tratado de dominar en algún que otro lance sexual a Gerard, y sabía muchos y no. Sólo se dejaba en lo de la lluvia dorada. El pobre se comía literalmente sus bragas de encaje. Una vez le sorprendió con braguitas de tejido comestible, y tal desproposito hortera tuvo un efecto de fuerte y sucio erotismo inexperado. Mel se detuvo en su caminar y miró el lateral del edificio contiguo al de su apartamento. Tenía unos balcones y ventanas pintadas en ciertos huecos en los que no había reales. Ahora el efecto era malo pero al atardecer, con otra cadencia de luz, no es que diera el pego, pero tenía más poesía. Se acordó de la exposición de Ivan Kleis, en el Reina Sofia, a la que le había invitado Gerard. Mirando aquellos balcones falsos, tan inoportunos e infantiles entre los verdaderos ,recordó como Kleis en los años 30 vendía espacios desde un puente del Sena a hombres adinerados, que tenían practicamente todo. Les vendía ámbitos. Les enseñaba una ventana de un edificio y Kleis les daba un documento por el que el portador era dueño de ese espacio aunque este fuera habitado por otras personas que eran propietarios. El nuevo comprador ni siquiera entraba nunca. Era féliz simplemente poseyéndolo. Sus dueños originales creían ingenuamente que lo poseían pero no, allí estaba Kleis que luego de sellado y firmado el pacto ,quemaba el contrato dando un cariz al acto de seguridad e inmortalidad para el nuevo propietario,el ricachón de turno. A Mel le gustaba el azul-ultramarino de Kleis. Encontraba en el monocromatismo, un sitio, una circunstancia o quien sabé qué: Si ella fuera Kleis el monocromatismo lo hubíera explorado con el color anaranjado, ese si que sería un buen viaje. Monocromatismo naranja ultra-mandarina. Mel sabía menos pintura que Gerard. Se sorprendía de que Francia sin tener el pasado pictórico de Italia o España fuera el pais que más amaba este arte. Ella y el monocromatismo de Kleis en Madrid. Un sólo color, sentimientos, siempre lo mismo bajo distintos prismas. Pensar esto, pensó, era algo que en definitiva separaba al concepto del hombre del de una cadena de televisión. De repente Mel entró en una cabina telefónica, al lado de su nuevo portal. Marcó el número telefónico, que ya había memorizado. Sintió de nuevo ese recelo ante el auricular del teléfono, teléfonos..Una voz le contestó
-Buenos días,Alcohólicos anónimos.Mel no contestó y colgó.
En el sueño que le acompañaba de por vida cuando le perseguía el enmascarado, cada vez más y más cerca, había un terrible teléfono de peluche enorme, de color azul añil. Tan grande o más que aquellos teléfonos clásicos y antiguos de sus masturbaciones enloquecidas. Consoladores comunicativos, consoladores telefónicos .... Iría mañana, lo había decidido. De mañana no pasaba. Su terapia alcóhólica no debía esperar mucho más. En su apartamento volvió a ducharse. Dos duchas en una mañana, hacía mucho tiempo que no lo hacía. Desnuda en su salón se entregó a saborear un cigarro Camel-blando, sin filtro.
Un año y medio de relaciones había sido todo un record. Sus otras relaciones habían sido dramáticamente menos duraderas. Lo que sí sabía y no podía ocultarlo es que Gerard sabía follar. Ofrecía juego, prometía entreteminiento a simple vista, y desde luego no defraudaba. Rubio cano, 35 años, fuerte, atractivo y francés. Un auténtico depravado y perturbado sexual. Hicieron mucho sexo, placentero, sofisticado. Incluso Mel le condujo a sus queridos romances en alguna ocasión. Como aquella en el tugurio de yonquis rebozados en la infección, entre harapos de sábanas sucias, con vómitos y sangre seca. Allí tuvo Mel uno de sus mayores orgasmos. A Gerard no le disgustó seguro que había aprendido algo. Mel tuvo ese día y alguno más en su biografía lagunas mentales . Lapsus ,amnesias ,faltas ,omisiones ,desmemorías, neglijencias en blanco.Lagunas mentales que cuando aparecían tomaban protagonismo en su vida.
Desnuda, solo con bragas, sobre el cómodo sofá de cuero negro no tenía ganas de vestirse. Se encontraba cada vez más excitada. No dejaba de mirar el maldito teléfono que cada vez tomaba formas más diversas en su imaginación.Un Motorola nuevo sobre la mesa de marmol era testigo de sus pensamientos. No tenía miedo pero le intranquilizaba este despertar sensual "midi". Inundada de deseo obsesivo, impaciente e hipersensible ante cualquier tacto, olor e incluso colores. Los colores naranjas de las paredes de la habitación. Color que insistentemente pidió en la agencia de alquileres para su apartamento. Era naranja, sí, pero no tenía el color mate y desafiante en singular armonia con el mandarina claro. No estaba mal. Sudaba, aunque el aire acondicionado funcionaba con normalidad. Pensó en una copa. No, en una copa no, en un trago. Solo un trago. Hacía tiempo que este deseo no le venía a la cabeza. Pero ahora podía ver hasta el vaso, como al principio, como hace tiempo. El vaso era transparente e ingenuo como los críos. Cristal de cuarzo con huecograbados en la base, de whisky ¿ No decían que el cuarzo daba suerte ? Veía los hielos tan perfectos que parecían de metacrilato como los que utilizan los fotógrafos publicitarios. Ah, y el color amarillo del Whisky que ella veía con tonos naranjas. Sobre todo Jhonny Walker. Con Daniels, Jack Daniels había tenido menos conversaciones pero con Jhonny si había hablado a menudo. En las malas épocas el caballero de las etiquetas de las botellas, Jhonny, bajaba y charlaban. Temas generales sin interés, los examenes, los chicos, el aborto que tuvo y siempre al final le vendía el teléfono. Ese teléfono voluptuoso. Como una escultura poderosa, algo abstracta, un pene, color carne, nervudo y daliniano. Mel sintió ahogo, sus nalgas comenzaron a temblar al principio levemente. Sus ojos se posaban una y otra vez en el teléfono inalámbrico de la mesa de marmol del centro del salón. Miraba ansiosamente su antena que parecía agitarse como una palmera en una isla desierta. No pudo evitar pasar sus largas y cuidadosas uñas por la entrepierna abierta con unas bragas negras, pequeñas, algo húmedas. Al quitarselas y haciéndolas descender por sus piernas, se enrollaban sobre si mismas, mojadas por algo más que el sudor. Y el viejo Jhonny le vendía el teléfono. Un teléfono al que podías pedir todos los deseos, todos se realizaban, ya lo creo que sí. El placer venía y venía cada vez que se le llamaba. Era a menudo. Como en el cuento que tanto le gustaba de Stevenson "El díablo dentro la botella", sólo podría desprenderse de él al comprarlo si lo vendía por un precio inferior. Lo compré por un céntimo. Lo compró muchas veces. ¿ Encontraría alguna vez al comprador? ¿ Quería sinceramente venderlo? En este momento desde luego que no. El teléfono estaba en la mesa por algo. Su deseo también. Se enderezó para cogerlo y sintió como su piel húmeda ofrecía resistencia al desprenderse del cuero del sofá. Abrazó el teléfono en su regazo y cerró los ojos sobre los que caía un pelo despeinado cada vez más escaso pero bello, castaño, no tan claro como el de su pubis, un vello revoltoso y bien delimitado.Culminando, unas piernas largas, poderosas, iluminadas por femeninas caderas con alguna estría y lunares a discreción. Alguno estratégico. Volvieron los pensamientos del hombre enmascarado de sus sueños... y no pudo pedir más que un deseo, deseos, gusto, placer... no quería inquietud, prisas, stress... quería de eso. Comenzó a frotarse con las manos y con el teléfono sus órganos sexuales, y una compulsión que aumentaba dominaba su cuerpo. Gemía, cada vez más, cada vez más alto. Aquel hombre enmascarado aparecía y desaparecía... algún día tendría que saber quien era... estaba allí. Y ella sentía asco y placer... mucho placer y asco. Hasta sus jadeos eran apreciables para ella, cuando sentía la sangre de sus venas correr como droga placentera por sus terminales nerviósos. Se encontró un poco sucia y una nueva descarga de placer anexo le inundó brevemente. El enmascarado se acercaba como siempre y decía que tenía escondido el caramelo
- Envueltito para que lo pruebes tú y sólo tú, tesoro, tesoro mío- decía el hombre sin rostro y se quitaba un pañuelo naranja dejando ver un pene con forma de teléfono, increiblemente grande, le abofeteaba y escupía, aún mansamente, el líquido previó al semen lubrificando sus labios y mejillas. Anticipando entre cachete y cachete del pene-teléfono sus intenciones de penetración.. Y Mel tragaba en sueños su teléfono negro, clásico, señorial. Una vez le dolió, de pequeña, la primera vez,después ya no. Eso fue hace mucho tiempo. Aquella vez le hizo sangre. Pero ahora le daba gusto, mucho gusto y mucho asco. Y era entonces cuando más sucia se veía y volvía a experimentar mucho más gusto que asco. Oía la voz del enmascarado subiendo y bajando el volumen. A veces un gemido tímido y estimulante, a veces un eco como de canción infantil lejana perdida en el tiempo..."... de la era, era, era, era, del Japón. Mira china que no quiero discutir.... soy el chino, capuchino mandarín... de la era, era...."
Mel continuaba su cosa al ritmo de la canción interminable que tan buen sabor tenía. El miedo y el asco al sujeto enmascarado de sus fantasías oníricas contribuían más que tangencialmente a su placer privado. Paradojas. Como el que su telefóno real sonara inexperadamente. Dando los tonos, sonidos perturbadores en circunstancias delicadas. Pero como había ocurrido otras veces, la situación se integró y el sonido telefónico, como sirenas apremiantes o alarmas,contribuía al sexo. El enmascarado en sus sueños se sobresaltaba, sacaba su pene auricular y le dosificaba el placer acercándoselo y alejándoselo de la boca arbitrariamente, mientras preguntaba a Mel insistentemente- ¿ A quién se lo has dicho? Responde... responde. Respóndeme ¿ No vendrán por mí, hija mia? No alcanzó uno de sus sucesivos o múltiples orgasmos por su voz. El contestador automático saltó y la voz grabada inundó la estancia
. -" Pouvez-toi, laiser ton mesage, puis le signe. Merci."- tras una pausa lo repetía en castellano.- "Deja tu mensaje al escuchar de la señal. Piiii.
Una voz conocida empezó su soliloquio
-"... Mel...Mel... estás ahí. Oye, se buena chica y coge el teléfono. Oye, oye... Bien. Supongamos que no estás. Toma papel y lápiz.Está bien, te dejó utilizar un boli. El lúnes abrimos el ataúd de Bil.Hoy es sábado. Lo hemos hecho rápido ¿ eh? Debías encargarte de avisar a Paula su ex-mujer pero como oigo que no estás me encargaré yo. Alguien ligado a la familia debe dar su autorización para la exhumación. Su familia, hermanos, pasan de venir, viven fuera. La firma y presencia de Paula será suficiente. Ya sabes, mañana. Por ley debe hacerse antes de las 7, y como no hay personal cualificado en el tanatorio hemos tenido suerte. Es a las 5,30 de la madrugada. 5,30 A.M. Tanatorio Sur. Cementerio Sur. Carretera de Toledo. No tiene perdida. Ya sabes a los muertos los aglutinan. Los muertos son multitud. Acuéstate pronto y tenme presente en tus oraciones.¡ Ah, !soy Boca y me gusta mucho su programa...
"La comunicación se cortó. El frío chorro de agua caía sobre el rostro de Mel en su tercera ducha antes del mediodía. Inquieta bajo el agua intentaba evitar pensamientos sobre su expansión sexual del salón. Integrar estos sucesos en su esquema espiritual era complejo. La avergonzaba que su Dios con la cara de su madre, el Divino, pudiera observarla. Al Divino lo tenía casi creado iconográficamente, y le perturbaba poder ver sus gestos de asombro con respecto a ella y a sus masturbaciones. Ayudada por la refrescante agua intentó concentrarse en lo que se traía entre manos y que no fuera la alcachofa de la ducha, que curiosamente se parecía a un teléfono. Uno de ellos era un sicópata asesino sexual, o padecía psicosis alucinatorias crónicas con desequilibrios y perversiones instintivas homicidas sexuales. Uno, o porque no varios que tenían una auténtica locura moral que les conducía al asesinato con vejaciones. ¿ Podría ser Paula ? También estuvo comiendo con ellos el día del asesinato de las prostitutas. Una de ellas puta de lujo con nombre de pobre.Baterflaypino. Hija ilegítima de un ministro francés ¿ Qué pintaba Bil y su muerte en eso ? ¿ Colaboró o era también víctima ? Una víctima que se enteró de algo que no debía y le silenciaron con cardos. Gerard y ella estuvieron esa noche en el Eurobulding, tomaron paella y tuvieron acceso a esas excelentes botellas de vino. Pero Gerard y ella no contaban. Aunque ya se sabe un buen policía nunca... "Seamos niños" "Todo ha ocurrido ya" "Hagalo con calma". Sus lemas le templaban o más bien lo intentaban. Allí en el baño no se estaba mal del todo además aún no había espejos. Pero al salir ¿ Qué? Se encontraba en mitad de lo que ella llamaba una borrachera seca. Sólo los alcohólicos secos, las conocen. Pueden ser tan horribles como un delirium tremens o un mal viaje de ácido. Se encontraba tan disturbiada como en sus desvarios alcohólicos, le era difícil concentrarse en su investigación. Podía tener lagunas mentales momentáneas parecidas a las de su etapa etílica. Cogió la caja de calmantes y se lanzó por el pasillo a por un café solo, con hielo mucho hielo. El frío serenaría el ambiente. Dudaba que este volcán sicosexual-doméstico lo hubíera provocado la presencia de Gerard hacía una hora. Sólo le había visto a él, bueno, y a Almodovar. Mel se preguntó si Gerard y la comandancía de París sabían la coincidencia de la presencia de Mel en Madrid en las fechas que murió Bil.En Mayo,hace dos meses El motivo era el entierro de sus padres.El papeleo y la triste comprobación de lo poco generosos que fueron estos con sus bienes hacía su hija,ella. Un jodido accidente de tráfico. Precisamente estaban enterrados en el cementerio sur.
Mel esperaba que Gerard regresará a París entre hoy y mañana. No tenía sentido que se quedara pasmado. Podía hacerlo sola. Al menos seguro que unos días tenía para probar. Sonrió al imaginar la cara que le habría dejado en el café al abandonarle inmisericordemente. No sabía que era la última vez que lo vería vivo. El caso lo iba a llevar sola. Tomó otro calmante y más café. Y sóla se encontraba para elucubrar.Se sento en la cama sin quitarse de la cabeza lo que Jena Paul Sartre escribió en su obra Huis Clos. El poeta ha dicho: "Si, yo amo la inocencia que estás en el fondo de los crimenes". Mel estaba convencida como Sartre de que el hombre es conducido al infierno por los impulsos, los instintos y los escrúpulos. Sintió una presión sobre el hombro,un pinchazo y sueño,mucho sueño;sueño hasta en el brazo.Tanto que el domingo suiguiente no existia en su vida.Lo juro por el dios en el que creo.
 
 


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