| Felix Cubero |
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Capítulo 25
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Entraron por la puerta principal.Se sentían observados. Un largo
corredor hasta el recibidor, escaleras y esa piedra. La piedra granítica
majestuosa que imponía, aquí abajo y allí arriba, si
había un estado superíor. No había nadie y las puertas
estaban abiertas. ¿No debían recibirles los Hermanos, como
ordenaba la lacónica memoria del siglo XVII de S. Bernardo de Montreal,
ejerciendo la hospitalidad.? Al menos apareció uno. Era un hombre
alto con un hábito blanco con la gran cruz roja de las 8 beatitudes.
Se dirigió a ellos.Apenas podía vérsele el rostro por
la capucha.Un Zurbarán
- Les estábamos esperando hace 9 siglos. Acompáñenme.
Reflejamente tanteó su arma. Tenía mucho rencor pero las circunstancias
se iban a desarrollar dentro de un ámbito amable.
Mel le había conocido, era un popular presentador de la TV francesa
Antenne 2. Lejano y con una sonrisa tan sincera como la de Jesús Hermida
les siguió comentando el monje.
- Espero que la cena sea de su gusto.
El monje con parsimonia y avanzando por aquellos pasillos les exponía
por encima lo que parecía ser un menú muy apetitoso.La luz de
las antorchas dibujaba sus siluetas en la pared.
-... Ojos de león macho oreados a la luz de la luna del cuarto creciente,
puestos en infusión con granos de pimienta, vino blanco rancio y miel.
Sapo con ojos cosidos con nervios de gato negro.....
Mel y Nas iban detrás del monje, se miraban alucinados. ¿ Qué
posición debían tomar ?
¿ Empezaban a detener al personal sin éxito o jugar los dados
y tener la mayor información posible ?
Continuaron,.Iban a jugársela de todas formás.
-... Regarán el ágape los vinos Brunello del Montalcino y el
Sauvignon dell Collio......
El monje se detuvo ante una puerta.
- Cuando entre en la estancia, señora- se dirigía sólo
a Mel- vaya y tome asiento cerca de la Candela Mágica., una vela con
sebo humano. El Mariscal Gilles de Rais no vaciló en sacrificar centenares
de niños para su fabriación . Los nazis hicieron lo propio
con muchos judíos, jabón o velas.Sebo humano.¡ Qué
más les daba, todo se consume.!
Las campanas de L´hopital comenzaron a tocar a capítulo. En
los extremos del largo corredor empezaron a aparecer sombras, eran monjes,
muchos más monjes, les parecieron cientos.
- Sire, acompañeme.- dijo su cicerone. Nas hizo un gesto afirmativo
a Mel. No tenía otra opción. Nas continuó por el corredor,
el tenía un menú distinto, el monje-maître se lo iba detallando
en su camino.
Mel penetró en la estancia sola. Una candela con una vela iluminaba
el amplio comedor. Una gran mesa preparada, para 27 invitados, trece a cada
lado y una presidencia, donde estaba la vela. Mel se sentó dónde
le habían indicado y aguardó. Los Hermanos del Cisne debían
presentarse. Era una invitada muy especial y había llegado primero.
Sacó a Colette de su liguero y la puso bajo la servilleta de esparto.
Se sobresaltó, un gato le había acariciado las piernas, lo
miró era bonito, de color oscuro, negro con un ojo verde y otro amarillo.
Al menos no estaba sóla. Una voz resonó en la estancia. Mel
no pudo distinguir de dónde provenía, hacía eco en los
80 metros cuadrados de piedra. Era la voz del Juez Lesegue.Un misterío
resuelto,qué rosarío pero no tenía ninguna cuenca en
la mano.Bebió un trago
- Fuiste elegida hace muchos, muchos años, siglos. Tu advenimiento,
tu Parusia hacía el 2.000 fue anticipada por Nostradamus, Enrique Cornelio
Agripa, Hermes Trimejisto, el tres veces Sabio. Bienvenida.
Estaba soñando. Se hallaba en un núcleo románico de
colgados. A eso se debía referir Noorberto, jugaban con ella a la
Oca o lo que fuera, y le estaban esperando hace nueve siglos.Qué paciencia
tenían.Recordó el niño ese español que era la
encarnación de un lama o buda o yo que sé ,y Rosmary Baby´s
. El juego iba demásiado lejos y debía solucionarlo. Se sirvio
otra gran copa de vino. Los reconoció, eran los mismos que aparecieron
en el asesinato de "La Beurre" y la "Baterflaypino". Silencio. Se bebió
casi un litro mientras acariciaba su pistola bajo la servilleta. Tenía
la boca seca, su corazón palpitaba discontinuamente al ritmo de los
latidos de sus sienes que iban a estallar. La voz volvió a hablar.
- Por mí se va a la ciudad del llanto, por mí se va a la eternidad
del dolor, por mi se llega al lugar en donde no van los que no tienen salvación.
La justicia animó a mi sublime arquitecto y me hizo la potestad, la
suprema sabiduría y el primer amor. Antes que yo no hubo nada creado,
a excepción de lo inmortal y no duró eternamente. ¡ Oh
vosotros los que entrais, abandonad fuera toda esperanza!
Lesegue había entonado estos salmos, Canto III de la Divina Comedía,
con discutible acierto y voz meliflua.Las palabras bellas y majestuosas de
la literatura universal sonaron vacías,huecas.Cuando se trata de la
vida o la muerte poco lugar hay para los versos. Silencio.. Era una ficha.
Un peón de un juego. Lesegue, Santolaya habían controlado sus
movimientos. ¿ De qué demonios se trataba ?
Había bebido un brevaje con el vino italiano o había empezado
a aguantar mal las copas.Roque.Pentotal.Se dejó mecer por los brazos
de Morfeo sin haber probado bocado. Qué pena. Los sapos con los ojos
cosidos con nervios de gato negro sabían a trufas y los ojos de León
macho oreado sabían a miel, vino rancio y pimienta negra. Mel dormía
sobre su plato, acariciando con su mano a Colette. A la luz de la candela
mágica,unas sombras aparecieron. Monjes blancos. Iban a poner orden
en la historia, como venían haciendo hace muchos siglos.
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