" CÓDIGO UNO "

 

En marzo de 1993 presenta, junto a la periodista Mayte Pascual, el programa de sucesos "Código uno", de Televisión Española.

 

 

"CÓDIGO UNO" (TVE)   pincha aquí para descargar el video

 

29/03/1993 TVE-1 (21.30) La primera cadena de Televisión Española estrena hoy este programa, dirigido por Jesús Ortiz -responsable también de Quién sabe dónde- y presentado por Arturo Pérez Reverte  y Maite Pascual. Entre los casos que se tratarán esta noche destacan el de la búsqueda de Antonio Anglés, el asalto al tren correo Rías Bajas y el asesinato de Félix de los Santos. Además se ofrecen entrevistas con El Arropiero, su abogado y el forense García Andrade. Intervienen Manuel Giménez, portavoz de la policía, y la escritora y periodista Margarita Landi.
 

 

En Código uno se vio al Pérez-Reverte más desengañado, cínico y, probablemente, más auténtico. Podía decir cosas parecidas a ésta: "Hoy van a ver un programa realmente sangriento, con todo el horror que puedan imaginar y más. Es tan asqueroso que me niego a verlo. Adiós". Y se iba del plató. Y la audiencia subía semana a semana.

Poco después escribió su famosa carta de despedida a la dirección de TVE.

"-Estaba en la cama y tomé la decisión de dejar aquello. Me levanté, me duché y me fui a la redacción. Escribí la carta, imprimí dos copias y mandé una al director general. La otra la clavé en el tablón de anuncios. Serían las cuatro de la madrugada."

 

 

Código uno fue presentado y dirigido por el periodista y novelista Arturo Pérez Reverte, que dejó el programa al considerar que contenía "basura". Durante una conferencia en Pamplona, en la Universidad de Navarra, Pérez Reverte llegó a tildar los programas de sucesos de "dinamita pura". El periodista decidió regresar a Bosnia como corresponsal de TVE. Maite Pascual, que compartía con Pérez Reverte la presentación del programa, permaneció desde entonces sola al frente de Código uno.
El éxito del programa -con audiencias superiores a los 4,5 millones de espectadores- traspasó las fronteras españolas, y fue adquirido por la cadena francesa Antenne 2.

 

05/11/1993 -  El periodista Arturo Pérez Reverte anunció ayer en Pamplona su intención de abandonar el programa de Televisión Española (TVE) Código uno, al considerar que "contiene basura". Pérez Reverte, que participó en unas jornadas de periodismo de la Universidad de Navarra, afirmó que hay cosas del programa que no le gustan y subrayó la retransmisión en su programa del suicidio de una menor, "un caso del que me avergüenzo". El periodista, que es director del programa, señaló que los espacios de sucesos "son dinamita pura, siempre están en el límite y, a veces, uno se puede pasar".

 

11/11/1993 - Pérez Reverte viaja a Bosnia como corresponsal de TVE y deja 'Código uno'
El periodista Arturo Pérez Reverte ha abandonado definitivamente la dirección y presentación de Código uno, uno de los programas de mayor éxito de audiencia de Televisión Española (TVE). Según fuentes de la cadena estatal, Pérez Reverte, que la pasada semana realizó en Pamplona unas fuertes declaraciones contra el programa, del que dijo que "contiene basura", se trasladará hoy mismo a Bosnia como corresponsal de TVE. El periodista sustituirá a Ángela Rodicio, que según las mismas fuentes, ha solicitado regresar a Madrid. A partir de la próxima semana, Código uno será presentado por Maite Pascual, que hasta ahora compartía esta tarea con Pérez Reverte. Por el momento, TVE no sustituirá al periodista.
El relevo de Pérez Reverte se produce tras un amago de dimisión del periodista, descontento con la línea del programa. Fuentes de TVE salieron al paso de estas críticas y señalaron que el programa estaba a punto de desaparecer, como consecuencia de un nuevo código deontológico interno que perfila estos días la dirección de televisión.
Código uno nació tras la estela de ¿Quién sabe dónde?, el programa pionero de los reality-shows españoles, el género de moda en la televisión. Su estilo se orientó más hacia un programa de sucesos y cuenta con la colaboración habitual del portavoz de la policía Manuel Jiménez y la periodista Margarita Landi.
El pasado mes de septiembre, Código uno, que se emite los lunes a las 21.30, fue el segundo programa más visto del mes después del espacio de Paco Lobatón ¿Quién sabe dónde? Su audiencia media superó los 5,3 millones de espectadores y su cuota de pantalla llegó al 36,3%.

26/01/1994 - La dirección de Televisión Española (TVE) ha decidido mantener el título de Código uno para el espacio que dirigirá y presentará el periodista Julio César Iglesias los lunes por la noche en la primera cadena de la televisión estatal. El periodista, actual director de Las mañanas de Radio 1, en Radio Nacional de España (RNE), que en principio barajaba una serie de nombres para su programa, ha afirmado que variará no sólo sus contenidos sino también su decorado. Iglesias ha aceptado las razones comerciales alegadas por la dirección para mantener el título, ya que existían compromisos con la publicidad y con diversas televisiones extranjeras que se habían interesado por el programa. Código uno fue presentado inicialmente por el periodista Arturo Pérez Reverte. Pese a su éxito de audiencia, el espacio suscitó algunas críticas en la dirección por el contenido excesivamente sangriento de algunos tratamientos. Julio César Iglesias ampliará los contenidos del programa sin renunciar a los sucesos.


30/04/1994 - Pérez Reverte responde a TVE: «Que os den morcilla, Ramón. A ti y a Jordi García Candau»  Ayer envió una carta a Ramón Colom para anunciar su dimisión . La dirección del Ente remite su última novela a los servicios jurídicos para que sea investigada
El periodista Arturo Pérez Reverte envió ayer una carta al director general de TVE, Ramón Colom, en la que dejaba claro que su paciencia se había colmado, después de que Colom mandara a los servicios jurídicos del Ente su último libro, "Territorio Comanche", porque consideraba que contenía suficientes indicios como para acusar al periodista de justificar gastos con facturas falsas.

«Estoy harto de tus jefes y de ti. Así que puedes tomar esta afirmación como motivo para abrir otro expediente más serio, por desacato, en lugar de esa estúpida parodia. Te regalo, como ves, veintiún años de antigüedad en el Estado (12 en Pueblo y 9 en TVE) a cambio de mi dignidad y mi vergüenza, palabras cuyo sentido te hago honor de imaginar que conoces. Que os den morcillas, Ramón. A ti y a Jordi García Candau». Pérez Reverte anunció a este periódico que no estaba dispuesto a dejar empañar su carrera».
«Me voy a mi casa a escribir novelas donde no tengo jefes que me hagan jugadas sucias», adelantó.


«Lo que ocurre -continúa Pérez Reverte- es que mi novela ha sentado mal en la dirección de TVE y por eso están vertiendo injurias que me desagradan».
Reverte negó en todo momento que los empleados de TVE tuvieran ninguna queja sobre el libro. «La gente está encantada. Hay algunos a los que no les ha gustado, pero hay otros a los que les ha parecido bien».


Respecto al cámara que falleció de sida y al que en la novela se le aludía como un joven que murió tras «haberse bebido y cepillado todo», el escritor explicó que esa frase estaba sacada de contexto y que la mención a su compañero se hacía con mucho respeto.
«Mi libro es un homenaje a esta profesión, y en él queda bien todo el mundo», aclaró el periodista.


Pérez Reverte ha asegurado que no piensa volver a TVE y que será su abogado, «cuando lo busque», quien se encargue de recoger sus objetos personales y de negociar con la empresa. Y mantiene que esta decisión la ha tomado sin el respaldo de ninguna oferta.

«Me voy al paro. En estos momentos no tengo ninguna oferta».
Reverte, que ha destacado por su labor en TVE como corresponsal de guerra, -recibió el Premio Príncipe de Asturias de periodismo el pasado año por su información acerca de la guerra de la ex Yugoslavia-, abandonó Código uno, tras declarar en unas Jornadas organizadas por la Universidad de Navarra que su programa «contenía basura».
En aquella ocasión mantuvo que hubo momentos en ese espacio que le produjeron vergüenza, como cuando se retransmitió el suicidio de una menor.
Tres meses y medio más tarde, el 26 de febrero de este año, Reverte anunció que abandonaba Radio Nacional por negarse a aceptar el cambio de horario y de día de su espacio La ley de la calle, que se emitía, desde hace cinco años, todos los viernes de 0.30 h. a 2 h. de la madrugada. El espacio había sido galardonado en 1993 con el premio Ondas.
«El programa goza de una audiencia fija, con amigos que nos siguen desde hace cinco años. Por eso, no puedo aceptar estos cambios. Si emiten el programa de madrugada es como dejarlo morir y cambiarlo a los sábados -como le ofreció el director general de Radio Nacional, Diego Carcedo- tampoco tiene sentido», declaró entonces Pérez Reverte.
El periodista cree que desde que dejó Código uno, «el ambiente se ha enrarecido bastante».
Por su parte, TVE no quiso hacer declaraciones.
 

 



Jurados del pueblo popular

Me sonaba el asunto, así que acabo de remover papeles viejos para comprobarlo. Y sí. En noviembre hará ocho años, mi artículo de esta misma página se titulaba No quiero ser jurado, y en él explicaba las razones en mi constructivo tono habitual. Nunca en este país de hijos de puta, era más o menos la conclusión del asunto. A estas alturas de la feria no voy a tirarme pegotes, porque tampoco era difícil prever lo que se avecinaba; pero ahora, después de lo del fulano que se cargó a los ertzainas y la metida de gamba con Dolores Vázquez y compañía, debo reconocer que me quedé corto. Y además, rectifico. Entonces sostuve que era mejor no depender del capricho, antipatía, senilidad o mala digestión de un fulano, sino de doce. Y no. Me lo envaino. Lo de los doce es todavía peor. Lo del jurado popular integrado por el pueblo. Además, hace ocho años todavía no habíamos ganado a pulso el título de sociedad basura que ahora ostentamos con desvergüenza, aunque íbamos de camino.

Me explico. En aquellos tiempos podía tocarte, a lo peor, un jurado de espectadores de Código Uno - ése fue mío durante mes y medio- o de Lo que necesitas es saber dónde. O sea. Basuríta más o menos controlable. Los que ahora pueden juzgarte son espectadores contumaces de Gran Tomate, Salsa Marciana y demás. Gente que tiene en la tele exactamente lo que pide. Y lo que pide es espectáculo sin reglas, protagonizado por profesionales de la telemierda. Como la fórmula es eficaz, ya no se limita al ámbito clásico de las bisectrices de Carmen Ordóñez o Sara Montiel, sino que contamina todos los aspectos de la información general. Y así puede verse a cualquier pedorra autocalificada de periodista hablando de derecho penal a las cuatro de la tarde, a un maricón de penacho de plumas y pandereta subido a una mesa explicando cómo habría resuelto él la guerra de Iraq, o a un putón esquinero fichado como comentarista rosa explicando por qué le ve cara de asesina a ésta o aquélla. Amén de las rigurosas encuestas televisivas de costumbre a pie de obra, con los vecinos de la víctima o el verdugo aportando su objetiva lucidez al asunto.

Así que me ratifico. Y digo más. Si hace ocho años no quería ser jurado ni por el forro, ahora, tal y como han ejecutado la cosa, le rezo cada día a San Apapucio y al Copón de Bullas para no caer nunca en manos de doce sujetos cuyo único vínculo con la realidad pueda pasar a través de nuestra puta tele. Me importa un carajo, además, esa falsa polémica que se han montado algunos soplacirios de que el juez es algo de derechas y el jurado es de izquierdas. Si algún día, por ejemplo, me acusan de asesinar a mi editor, de plagiar a Corín Tellado o de darle dos hostias a un catedrático de Murcia, y me van en el lance la libertad o una pasta gansa, prefiero jueces expertos que conozcan su oficio, o mejor -y esto sería mi ideal- jurados mixtos dirigidos por profesionales del oficio, en vez del habitual desparrame popular, acéfalo e indocumentado que los defensores a ultranza de esa modalidad radical, acomplejados como demócratas de hace media hora, creyeron descubrir en las películas gringas, olvidándose peligrosamente de los a veces penosos resultados de esa clase de tribunales en el siglo XIX y en la Segunda República, e ignorando, sobre todo, dónde estamos, quiénes somos, y lo poco que nos dejan ser.

Porque ya me dirán. Sí el manejo de un cazabombardero se confía a un experto, no veo que sea antidemocrático negarle el derecho a pilotarlo en exclusiva a una maruja o marujo sin preparación técnica y' encima adictos a Qué me cuentas, Corazón. Lo mismo pasa con la administración de justicia, sobre todo en esta tierra violenta, analfabeta y de tan mala leche, abonada para el linchamiento, en la que, cuando cierta clase de pueblo abre la navaja y emite veredictos no queda resquicio alguno para razones técnicas ni veleidades intelectuales. Frente a eso, para aprovechar el sentido común de la gente bien, que la hay, y educar de paso a las malas bestias en el ejercicio de las libertades y responsabilidades, no basta entregar la administración de justicia como se arroja bazofia a una piara de cerdos, para que se la repartan e aire. Hay que orientar, aconsejar, dirigir. En un sistema mixto, un juez decente y eficaz puede ayudar a que los jurados sean decentes y eficaces. A que, en resumen, se haga justicia. Lo demás son complejos y son películas.

El Semanal 12 de Octubre 2003

 

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