Gracias por todo, Diego. Descanse en paz.
Una mujer de bandera - 27 de abril de 1997
“…Conocí a Eva y a sus amigas cuando unos colegas y el arriba firmante aún hacíamos La ley de la calle: aquel programa de radio de los viernes por la noche a base de presidiarios y yonquis y lumis, que estuvo cinco años en antena hasta que unos individuos llamados Diego Carcedo y Jordi García Candau se lo cargaron de la forma miserable en que solían cargarse en RTVE todo lo que no podían controlar.…”
Los que no se estiran - 12 de febrero de 1995
“…Y entre aborígenes, tres cuartos de lo mismo. Cuando andaba muy tiesa de viruta, uno de los chorizos habituales en La Ley de la Calle –aquel programa marginal de putas, delincuentes y presidiarios, que estuvo cinco años en antena hasta que se lo cargaron Jordi García Candau y Diego Carcedo en cuanto le dieron el premio Ondas– empalmaba navaja y daba una sirla en cualquier esquina antes de ir al estudio de RNE, a fin de pagar una ronda cuando nos íbamos de copas después de la emisión. Porque en eso de preguntar qué se debe, como en muchas otras cosas, los humildes y los desgraciados tienen dignidad y vergüenza torera. Más que los directores generales, la presunta gente de bien, los políticos y los meapilas.…”
Ángel - 13 de diciembre de 1998
“…Ángel y el arriba firmante nos conocimos hace quince años. Yo necesitaba, por motivos profesionales, un chorizo experto en ciertas inquietantes habilidades. Él era el mejor en su registro, así que llegamos a un acuerdo entre caballeros. Luego vinieron muchas cañas y muchos bares y muchas conversaciones, y aquel programa de radio de los viernes por la noche, La ley de la calle, con Manolo el pasma y los otros, que duró cinco milagrosos años hasta que, cuando obtuvo el premio Ondas, se lo cargó el entonces director de RNE, un tal Diego Carcedo, honesto defensor de las libertades y demócrata de cojones.…”
El estafador anacrónico - 2018 febrero 11
“…Pero en mi caso, además, llueve sobre mojado. Porque no se trata sólo de cine. Este fulano del aeropuerto, de estilo más bien cutre, me trae a la memoria a varios viejos, queridos y ya fallecidos amigos, como los que en aquellos años fascinantes de La ley de la calle se asomaban al programa legendario –periodistas, putas, yonquis, choros, policías– que hicimos en RNE hasta que un mal sujeto llamado Diego Carcedo se lo cargó por turbias razones personales. …”
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