Foro sobre Arturo Pérez-Reverte
Un lugar de encuentro donde "discutir" sobre la obra del escritor Arturo Pérez Reverte

hAda escribió el día 26/02/2016 a las 11:33
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Blog en La Opinión de Málaga
La falsa corte de Arturo

Publicado por Lola Clavero | 26 Febrero, 2016

Podríamos decir que Arturo Pérez Reverte se está volviendo cervantino, a juzgar por cómo le van saliendo los Avellaneda.
Ya se habla de artículos apócrifos del autor que en las redes están cundiendo como la espuma. Dado por suyo, leí hace poco en facebook un texto antipodemita, clásico temático de la temporada, que ciertamente me sorprendió de forma y fondo. Era tal su falta de brillo, de estilo e ingenio que llegué a pensar que la pluma artúrica estaba en horas muy bajas, pero hete aquí que leo a continuación una publicación relacionada en la que se afirma que el artículo era más falso que la falsa moneda, al igual que otro que ya habían publicado como suyo el año anterior con más acierto en la imitación del estilo, con el título “Españoles ¿sois idiotas?”, que ponía en guardia a los ciudadanos sobre la desvergüenza de los políticos. Su verdadero autor, Jesús Sanz Astigarraga, lector, a lo que se ve, esmerado de Reverte, lo emulaba con tal veracidad, que el emulado no se dio por ofendido. Si bien admitió que nunca había escrito el artículo “Sois idiotas”, concedió que coincidía con él en casi todo.
Sobre este último texto, “Y luego no digamos que no lo sabíamos”, aún no se ha pronunciado, que yo sepa, aunque, a todas luces, se haga suponer por su total carencia de agilidad y de chispa, que es más postizo que un implante dental.
El segundo Avellaneda, sin cuidar nada la réplica, se ha limitado a redactar un informe plúmbeo, que, en su desmañado inventario de ataques, no se sabe si insulta más que a Pablo Iglesias, a la firma que pretenciosamente se quiere atribuir o a la inteligencia de los lectores que, sin perspicacia ni paladar alguno, darán por bueno todo lo que le sea presentado bajo la supuesta autoría de Pérez Reverte. Un autor, cuyas opiniones son asimiladas por muchos como un credo.
Si lo importante de este artículo es lo que dice y no quien lo dice como han defendido algunos ante las acusaciones de suplantación, por qué tuvo que recurrirse a la artimaña de vincularlo al escritor murciano para dotarlo de autoridad y relevancia e influir en las masas ¿no es esta una estratagema taimada y deshonesta?
Había oído decir a Arcadi Espada en una columna que, en las redes sociales, se fragua el populismo, pero lo cierto es que también allí el antipopulismo campa por sus fueros con toda su artillería, pues el contrapodemita ha resultado ser un individuo muy creativo, tenaz y persistente. En la guerra todo vale; noticias dudosas, artículos apócrifos o fotomontajes de Iglesias y sus secuaces, tridente en mano, arrastrando al paisanaje a las llamas del infierno.
El antipodémico es como esos ilustradores de antiguos catecismos que adiestraban a los niños, con imágenes sobrecogedoras, para hacerles abominar de las tentaciones pecaminosas del demonio, (suponiéndonos a todos infantes indefensos sin un criterio crítico ya formado, por fortuna, en décadas de democracia.)
Por supuesto que no se trata de coartar la libertad de expresión sino de pretender afinarla. Cuando los instrumentos de persuasión son tan torpes, terminan por ser disuasorios y alimentar el efecto contrario.
La lucha virtual por el poder está demostrando ser muy poco virtuosa. Abunda la aguerrida cobardía del anonimato, la puñalada trapera y la publicidad engañosa. Es más que aconsejable volver al papel, donde las opiniones vienen firmadas con los nombres y apellidos de autores que dan la cara. Una cosa es interactuar con los amigos en el chat y muy otra forjarse una orientación política con imágenes volanderas aquí y allá y titulares de sal gorda.
Los periodistas veteranos como Manuel Vicent, que vino a Málaga el martes pasado, nos advierten de ese peligro que es confiar toda nuestra información a las tecnologías. También porque en pantalla se soporta muy mal la lectura de un texto largo y hay que dudar de un pensamiento que no resiste más de 140 caracteres.
Umberto Eco, que era un escritor de volumen, no hubiese sido nunca leído, según estos nuevos parámetros. Abominando él también de la superficialidad informativa de las redes, se marchó de una época que ya no era la suya, sin el premio Nobel, que a los grandes, se les está quedando chico. En Estocolmo como en Eurovisión, ya se premia más por motivos políticos que por calidades artísticas.
A Umberto Eco, yo le debo uno de mis primeros amores de juventud; el fraile franciscano Guillermo de Baskerville que resolvía los misterios, aplicando a sus deducciones, la infalible lógica que desarrolla en el humano el estudio del latín.
La verdadera revolución, entonces como ahora, sería volver al latín, a la lógica y al papel. Este regreso es, en definitiva, el progreso.

http://blogs.opinionmalaga.com/lasmalaslenguas/
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