No leer si no se ha terminado El Asedio
Pues sí, parece que Lolita no ha conocido varón, y hubiese estado de morirse de regocijo que aquella noche junto al mar, entre el lobo y la cordera no hubiese quedado sitio más que para el tintineo de una medalla ni se hubiera oído más canción que los aullidos de Lolita, saliéndole de lo más hondo de sus cannnnnnes. Pero entonces, seguramente, no diríamos que Pérez-Reverte ha escrito una novela magnífica donde se nos muestra el alma humana sin veladuras. Sería una novela donde el escritor hecha mano de recursos fáciles, previsibles, comerciales y hasta anacrónicos. Y ese no es nuestro Pérez.
Sobre el comportamiento de Lolita en el hospital, es el único que podía tener. Me explico. Pepe Lobo es un hombre aún joven, fuerte, sano; un hombre que se ha enfrentado a la muerte, de cara, en cada embate del mar sobre su barco, en cada cañonazo que le caía, en cada taberna y en cada pendencia. Lobo ha tenido en sus manos la vida de un montón de hombres que le seguían en cada embarque, incluso ha tenido el poder de decidir si mata a un hombre o le permite seguir viviendo. Todo eso valiéndose únicamente de sí mismo; de sus brazos y sus piernas. Y de su libertad, de la libertad que da el valerse por sí mismo. Ahora, Lobo es un mutilado; un tullido, un inútil. Porque si ahora en nuestros días ser discapacitado es ser un ciudadano de segunda, en 1811 te puedes imaginar. Era algo así como una vergüenza. La gente escondía a sus familiares inválidos, los dejaba en casa ocultos a la vista de los demás porque eso era considerado un castigo de Dios; esa era la mentalidad. Y es igual, aunque Lobo no lo considerase así, el caso es que al marino le ha pasado lo peor que puede pasarle a un hombre orgulloso y rebelde como es él. A Lobo le han cortado la pierna casi por la ingle y le han matado la vida. Se siente un deshecho y un inútil. Lolita lo sabe, lo conoce bien y por eso se mantiene quieta, sentada junto a él en el hospital; no hace ningún gesto de cariño. Podría haberle puesto la mano sobre el brazo, transmitirle calor, sí, pero eso Lobo no lo hubiera soportado. Tal como se siente, ese gesto, o cualquier otro, lo hubiera interpretado como un signo compasivo, de caridad, y lo último que quiere Lobo en ese momento es que tengan lástima de él. En ese momento Lobo tiene el sentimiento de pérdida más absoluto, es víctima del desastre más devastador y está cayendo en un abismo sin fondo que le encoge el alma, le duele hasta el pensamiento. Sólo siente dolor, dolor y dolor, y para eso no hay calmantes ni apósitos, ni nada, no hay consuelo. Lobo no tendrá más salida que retirarse sólo a su guarida a lamerse las heridas. Nadie va a poder ayudarlo. Lolita lo sabe perfectamente. Y sobre lo de abanicarse, hay hospitales en los no basta con abanicarse cuando se entra en ellos, a veces hay que salir fuera y respirar hondo.
A Tizón he llegado a desearle que le cayera una bomba en lo alto, pero el cabrón es como un imán, no puedes desprender la atención de él. Lo único que me chirrió de este personaje fue que pasara a la zona enemiga a entrevistarse con Desfosseux, es más si lo hubiera escrito otra persona no me lo hubiera creido, pero tratándose del Jefe y viendo cómo se descojona de risa cada vez que ve a la gente patinar y pegarse de cabeza contra el piano en el que tocaba Dizzy Gillespie…. ¡Ni lo dudo que estuvo allí!
Saludos
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"Todo el mundo es como Dios lo hizo, y con frecuencia, peor". Cervantes |