A pesar de todo lo dicho anteriormente en mi conversación con la piconera y después de reflexionar más pausadamente tengo que reconocer que tal vez me he excedido con una cuestión que después de todo no tiene tanta importancia y hubiera sido más sensato dejarla pasar y no darme por enterado.
Por eso, jazz, no tengo ningún inconveniente en pedirte disculpas por lo gruesas de mis palabras. No creo que te las merezcas.
Un saludo, si me lo permites.
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La verdad desnuda nos parece invisible, no sabemos dónde está. Sólo cuando se muestra rodeada de apariencias comenzamos a percibirla. Y cuanto más se adorna con ellas más definida la contemplamos. |