Me pasa con películas de Spielberg. Cuando te quieres dar cuenta es como si estuvieras dentro. Pero con tanta jerga marinera me he encontrado con la cabeza embarullada a punto de caer por la borda por no saber dónde ponerme. También encuentro un poco precipitado el desarrollo de cada una de las partes que corresponden a las historias diferentes de los personajes principales: El policía, el frances, la dama protagonista, el corsario..., como si hubiera rodado una película y se hubiera visto obligado a recortar el metraje para poderla estrenar en las salas.
Pero he visto unas perspectivas en esta novela que no recuerdo en otras del autor. El mover una pieza en el ajedrez inmediatamente tiene unas consecuencias que pueden ser postreras. Las trampas no se producen al mover una figura puesto que el reglamento del juego no lo permite sino que se presentan a consecuencia de los movimientos que se realizan sobre el tablero. No son explícitas sino que se argumentan en la mente de los dos contrincantes. También apreciamos que hay trampas cuando asistimos al espectáculo de un mago y sin embargo nos quedamos con la boca abierta tras cada uno de sus números y pensando: nos ha engañado otra vez.
Es verdad que no resuelve el enigma policiaco pero es que no lo puede resolver. Se podría buscar una solución desde el punto de vista actual pero no sobre el conocimiento científico de la época. Aunque, y esto es lo que más me subyuga de la novela, me queda la duda de si realmente era así a la altura del momento cronológico en que se inscribe la novela o no, y si actualmente habría una explicación empírica y racional de porque coinciden las circunstancias de la trama policiaca que se desarrolla en la novela. Como si conocieramos cómo y por qué aparece la enfermedad pero no supieramos como curarla.
Sea como sea me ha pasado con esta novela como con una canción o una música muy escuchada (estoy pensando en el jazz) en grabaciones o en conciertos en directo de su intérprete original, o de otros ejecutándola o versionándola, y te encuentras ante un músico excelso que te mantiene en vilo y expectativo ante su interpretacíon en vivo: cómo la hará sonar, que variaciones tocará, como la culminará, para que parezca que suena por primera vez.
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La verdad desnuda nos parece invisible, no sabemos dónde está. Sólo cuando se muestra rodeada de apariencias comenzamos a percibirla. Y cuanto más se adorna con ellas más definida la contemplamos. |