Foro sobre Arturo Pérez-Reverte
Un lugar de encuentro donde "discutir" sobre la obra del escritor Arturo Pérez Reverte

Burnel escribió el día 24/07/2008 a las 22:13
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Otra vez, Matías Antolín con unas bonitas palabras para APR
A contracorriente

El capote de Cepeda

«Ellos dibujan el toreo puro, hondo, mecido, poético...»

Matías Antolín

Al citar a Fernando Cepeda, sopla en mi verbo un viento de complicidad que mueve la muleta de mis sentimientos. Alguien me sopló un día, quizá fue Arturo Pérez Reverte, que cuando escribes una novela, todo el mundo te reconoce a través del protagonista (sobre todo si eres un hijo de puta), y dicen: «Es su retrato». Pero si el protagonista no es vicioso ni antipático ni corrupto, es una buena persona, siempre exclamará alguien: «¿De dónde sacará sus personajes?». Esto quiere decir que casi nadie cree en su prójimo...

Este preámbulo ambiental para decir que Fernando Cepeda y Miguel Ángel Perera no son personajes de novela, pero podían serlo. Dos grandes toreros a los que admiro y respeto. Fernando ya no se viste de luces, apodera a Perera. Y lo hace con temple y sabiduría. Cuando Cepeda toreaba, le salía todo de muy adentro: la voz, la mirada, la ética, la lealtad, la bonhomía...Supo conquistar el corazón y el aplauso del gran público entregándose a su profesión con entusiasmo y talento. Su arte manejando el capote contiene sentimientos con intensidad emotiva. Su toreo se masticaba, se tragaba como un manjar para la mente, se digería y fermentaba en la memoria. Su mayor creación torera es él mismo y asesorar con un magistral apoderamiento a Miguel Ángel Perera, pero, a diferencia de otros apoderados, su «yo» no le devora.
Si el periodismo es el poder sin trono. El trono de la fiesta de los toros lo ocupa, con toda su carga de torería, José Tomás, El Número Uno. Pero a su vera tiene pisándole los talones en cada paseíllo a Miguel Ángel Perera. Este año arden las plazas donde torea y muchos nos quemamos de entusiasmo por este torero extremeño, un maestro del toreo. Su capote está a la altura del de Fernando Cepeda. Mi cartel favorito es José Tomás, Morante de la Puebla y Miguel Ángel Perera. Tres tarros de esencia torera. Los tres dignifican el noble arte de torear. Dibujan el toreo puro, hondo, mecido, poético... Tienen inteligencia torera. Para ellos, el toreo es un sueño que les quita el sueño. Miguel Ángel Perera provoca en cada plaza el delirio tras sus faenas. Muestra una hondura en su toreo que conmueve y cala. Es uno de los puntos imprescindibles para apoyar la palanca de la fiesta taurina. El día 24 de agosto compartirá cartel en Cuenca con José Tomás. Con este par de torerazos Perera en el ruedo, en la grada, se aceleran los latidos. Se desborda la emoción. Un aroma de capote. Un muletazo mezclado con un quejío que brota de la garganta. Miguel Ángel hace esculturas en el aire. Torea con el capote de forma soberbia; con la muleta da lecciones magistrales. Con asombroso coraje, siempre dando ventaja al toro, muy gallardo y garboso se situaba en la cara del morlaco por natural instinto torero y valor escalofriante. Desdeña el peligro.
A los buenos toreros, como Cepeda, como Tomás, como Perera, más que doblegar al toro, les excita vencer al público. A los buenos toreros, más que doblegar al toro, les excita vencer al publico. Hoy disfrutaré de su toreo en Santander. Me gusta en la lidia la armonía y el toque del pellizco que fusiona lo dionisiaco del toro con lo apolíneo del torero. Durante la lidia todo se hace instintivamente, no se racionaliza, el toro no deja pensar, sólo sentir. Cepeda y Perera son dos toreros auténticos. Tienen categoría humana y decencia profesional. Bravo. No retiro lo escrito.


(Lo pongo entero, por aquello del contexto)


En el 2002, Matías Antolín escribió:

CASETA DE FERIA: EL REY ARTURO


Ha hecho calor en la Feria del Libro madrileña. Poetas en llamas. Cuentistas a la brasa. Escritores en ascuas. Olor a chamusquina. Todos flambeados con vino-tinta. Todos transportados a la gloria en un carro de fuego. Escribidores chuletas a la parilla. Quimeras quemadas. Ya escribió el poeta Rilke aquello de “Ser amado quiere decir consumirse en la llama”. Confieso que he vivido mucho miedo escénico en la caseta, donde te sientes como un maniquí en el escaparate. En este supermercado al sol de la literatura, he visto a muchos novelistas quemados en El Retiro. La hoguera delas vanidades. Muchos autores parecen que han aprendido en fascículos cómo hacer en dos fines de semana un libro de éxito. Próceres que sacan viruta de cualquier leño. Un tonto ilustrado es más tonto que un tonto ignorante. ¿Habrá cebada en la feria para tantos asnos?. Quizá yosea un jornalero del fracaso, pero no disparo por la espalda a mis héroes heridos de éxito. Se vive para escribir lo vivido. Si me permiten esta pedantería, puedo decir y digo que con mi último libro (“Mujeres de ETA”) he estado en las listas de los más vendidos durante casi tres meses, dudo que esté entre los más leídos. Se compran libros que jamás se leen. Una de las mejores dedicatorias que he leído es ésta de Manuel Hidalgo: “Al Ministro de hacienda, que conoce todos mis libros con más detalle que el Ministro de cultura. Con mi admiración por el milagro de convertir mis letras en sus números. Ni Cristo llegó a tanto...”

A Veces la soberbia puede hacer imbéciles a lo más inteligentes. Ahí está Cabrera Infante diciendo que no piensa leer a Saramago porque recibió el Nobel en lugar de Jorge Amado. Por ahí estuvieron un tiempo despellejando a Arturo Pérez-Reverte porque dicen que llamó a Borges gilipollas. Arturo, después de elogiar la obra borgiana, se limitó a comentar el desprecio que Borges sentía por el idioma de Cervantes; Borges había leído “El Quijote” en inglés porque en castellano le parecía una mala traducción, esto lo calificó Arturo como una gilipollez. A mí también me lo parece. Quizá Pérez-Reverte tenga grandes manías pero jamás ha tenido manías de grandeza. La buena literatura sigue caminando ilesa, aunque los imbéciles mueran en cualquier esquina.

EL REY ARTURO

Decía Onetti que Literatura es mentir bien la verdad. No ha firmado ejemplares en la Feria del Libro el escritor que más vende. Ese marino en tierra que bucea, sin carta esférica, en una historia real y nos la cuenta como si fuera inventada. En “La Reina del Sur”, Arturo Pérez-Reverte, imbuido en su papel de investigador periodístico, ha ido reconstruyendo la vida de una narcotraficante (Teresa Mendoza) que triunfó en un mundo dominado por hombres donde reina la traición, la violencia, la venganza y la muerte, para contarnos una historia real cosida con hilos de leyenda. El autor te engancha desde la primera frase ”Sonó el teléfono y supo que la iban a matar”. Pérez-Reverte, antes de escribir un folio, se impregna de lo que quiere contarnos, se documenta a tope, se imbrica hasta las cachas de escenarios y personajes, después nos lo cuenta con un lenguaje muy cinematográfico. Hay en la novela unas tonalidades, unos climas, una atmósfera que dan realismo al discurso narrativo. Arturo no es un malabarista de la frase que sucumbe al despostismo de la palabrería: es concreto, conciso y conceptual. El gran novelista de Cartagena, tan riguroso y minucioso, ha convertido un corrido mexicano e una historia de aventuras, de amor y desamor, que teje con su magistral pulso narrativo hasta elaborar una de sus más conseguidas novelas, sí no la mejor. Injerta en la narración un lenguaje mestizo, preñado de mejicanismos y anglicismos. Este escritor canalla, que se ha hecho a sí mismo, ha escrito desde el corazón de una mujer una apasionante historia de contrabando y traición. Todo empezó el día que oyó cantar el corrido “Camelia la Tejana” en una cantina de México.

Muchos ven a Arturo como un escritor deslumbrante que proyecta sus propios focos sobre sí mismo. Algunos estreñidos mentales y envidiosos le insultan con adjetivos tipo soberbio, vanidoso y chulo; ignoran que es una de las personas más tiernas, generosas y tímidas que conozco. Mirar es un placer pero sentirse mirado es una angustia. Pienso que, aunque él lo niegue, siempre será periodista, uno de los mejores reporteros que he conocido. Es poco hablador, mira y escucha. Sabe que las lecciones no se dan, se reciben. Ávido de conocimiento, es esponja receptiva y todo lo choca contra sus ojos y calienta su cerebro, infectado por el virus de la literatura. Seguro que a Arturo le fascinan autores como Steinbeck, Doss Passos, Hemingway, Faulkner, Chandler... Por ser, antes que novelista, reporteros que escribían de sus propias vivencias. Pienso que Pérez-Reverte es un sentimental que inserta en sus novelas esa pizca de ternura íntima que sobrecoge el ánimo y anima a seguir leyendo sus obras construidas con un firme pulso narrativo donde el discurso dramático tiene una progresión equilibrada y rítmica. “La Reina del Sur” (me hubiera gustado más el título que propuso el autor –“el corrido de teresa Mendoza”_ ) es una bala literaria que va directa al corazón después de pasar por el cerebro y recibir el tiro de gracia y talento de este autor, mi querido “Rambo”, al que tanto admiro y estimo.

19.06.02

Saludos veraniegos :-)))


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