UN BRINDIS POR ELLOS DOS
Este domingo 31, esté donde esté, sea cual sea el reloj que marque las doce brindaré – si tengo con qué – por ellos dos. No voy a escribir aquí sus nombres porque no me fío fio de ustedes - me fío de algunos, de muchos,pero no de todos ustedes, y no quiero que mencionarlos en esta págjna signifique marcarlos con el dedo para toda la vida que les quede por vivir, que igual es mucha. Que deseo con toda mi alma que sea mucha.
Voy a brindar por ella – la llamaré María - porque hace cinco áños,apenas cumplidos los veinte, trastornada por los golpes de su marido, loca, desconfiada, triste, encontró Ia sonrisa perdlda, la abnegación y el respeto. Por esas bromas que tiene la vida, todo lo halló en un hombre ensimismado en su soledad, con treinta años como treinta navajazos, con el regusto de la droga todavía en las venas y paseándose del brazo del diablo por el filo del ablsmo.
Tenían frío - ahí afuera hace un frío del carajo - y se acercaron el uno al otro para darse calor. Al poco estaban viviendo juntos, y cada uno aportó su singular dote: ella una cría pequeña y la ternura que no habían podido romperle las humillaciones y palizas. Él su mirada vacía, una ternura infinita y un perro de dos años. Hagánse cargo del capilal social: una desequilibrada con una hija y un yonki con un chucho. Como para no jugarse un duro por ellos
Y sin embargo, funcionó. El aprendizaje fue lento y duro, pero perfecto. María y su hombre habían sacado el número correcto en esa tómbola que tiene tan mala leche pero que a veces, cuando se le entra con ganas, es capaz de deslumbrar con el más hemoso premio del mundo. Sufrieron, soportaron problemas de dinero, de trabajo, de salud, de vivenda. Tropezaron con muchos miserables en el camino, pero también con gente honrada que les echó una mano cuando la necesitaron, que les dio comida cuando tuvieron hambre, que les devolvió poco a poco la fe en sí mismos y en los demás. Tuvleron algo de trabajo, compenetración, amor. Complicidad. Y un dia se miraron y él dijo “soy féliz” y ella respondió “soy féliz”. Y no era una de esas frases que repites para creerte un sueño o para convencerte de algo,sino que era de verdad. Esa especie de rayito de sol, de calor que te alegra el alma, aunque sea un poco, y aleja el frío, te hace pensar que después de todo, bueno, aqul vamos a estar sólo un rato pero igual si nos abrazamos fuerte resulta que hasta vale la pena.
Pero la vida se lo cobra todo y un dia, hace pocas semanas, él tuvo un accidcnte y fue al médico, y le contó sus antecedentes y el médico le preguntó si quería hacerse los análisis del Sida. Y él se acordó de casi todos sus amigos muertos de eso, enganchados en el talego Y se acordó de María y de las chlquillas y del chucho, y diio que sí, que vale, que venga el análisis de los cojones. Y no fue un análisis slno tres, con resultados confusos y contradictorios. Y vino el miedo. Y la incertidumbre. Y hace unos días él llegó tarde del trabajo, cansado, distinto, y le contó a María que habia ido a la iglesia, a la parte vieja de esa ciudad del sur, cerca del lugar donde nació. Y le dijo que había ido a pedr por ellos dos, y por la niña. En realidad – añadió - a pedir por la niña y por ella, poque después de todo él se lo había buscado y ella no.
María es calor y tibieza, y consuelo. Y él es aire fresco, con unos ojos claros que se parecen al mar, o al cielo, o a ambas cosas a la vez. Y durante estas últimas semanas han vivido con la esperanza puesta en el último pétalo de la margarita deshojada, día tras dia, sin abandonarse al miedo o a la desesperación, en atroz espera.Y de ese modo, si alguna vez dudaron de su capacidad de amarse, ya no les queda duda alguna Y cuando escribo estas líneas el perro está inmóvil enroscado a sus pies, y la chiquilla duerme con ese olor a fiebre y a sudor suave de niño que tienen los críos cuando descansan. Y ellos siiguen mirándose el uno al otro callados, eperando el papel del laboratorio que les traiga la liberaclón, o la sentencia.
Pensaré en ellos esta noche, cuando irresponsables asesinos cargados de alcohol se rompan el alma en las carreteras, malgastando una vida que otros han aprendido, con tanto amor y sufrimiento a valorar en lo que cuesta. Por esos fiambres anunciados del matasuegras y eI dleclséis válvulas no enarcaré ni una ceja. Pero brindaré de corazón por María y por su hombre, por la cría y por el chucho. Por es vida que ellos sí merecen vivir. Se cual sea el resultado del ánalisis. Lo sepan ya o no lo sepan.
En realidad, ¿quién de nosotros lo sabe?.
El Semanal. 31.12.1995
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