Algunos viejos del pueblo de este foro se me están mosqueando por la avalancha de críticas que ha recibido la película. Entre otras cosas, porque parece que solo ellos, únicos y auténticos fieles de El Jefe, tuvieran la autoridad moral para opinar, por supuesto bien, sobre cualquier asunto revertiano. Cainismo, envidias y mala fe, también dicen, como si hubiéramos estado deseando tal resultado, solo para desatar todo nuestro odioso rencor hacia las cosas y el mundo.
Pues hete aquí, que fuera de la cotidianedad de este foro, son muchos los que también de Reverte se han leído hasta sus listas de la compra, si las publicara o que esperan ansiosos el patente de cada semana, cautivados por su lucidez, su sentido común, su integridad, su sentido del humor y su prosa inapelable. Y digo que Alatriste no es una película cualquiera. No es la adaptación de una novela y punto. Demasiada gente ha hecho suyo el universo Alatriste, y revertiano en general. Le han dado forma, lo han vivido, lo han creado en su imaginación, cada uno a su manera y muy intensamente, pues tal es la fuerza de la literatura de Reverte. Es por ello, queridos amigos, que si éste y otros foros están que arden, no es solo por una pura y dura crítica de cine, objetiva y profesional, ni, por supuesto, de que se tengan ganas de lapidar a nadie. Simple y llanamente, se ha jugado con las emociones de mucha gente. Yo no fui al cine como el que va a ver Spiderman y sale diciendo que se podrían meter el filme por donde les quepa, sino esperando emocionado la encarnación en imágenes y sonidos de un mundo que tantas veces había imaginado. Y si además uno ha sido sometido a un bombardeo comercial sin precedentes y cuenta con los elogios y encomios del creador de todo el asunto literario, pues con más razón, al salir de la sala, se le queda a uno una careto de cabreo/frustación que dura varios días y cuando asoma la nariz por este foro, pues uno exorciza sus demonios a base de negro sobre blanco, como es lógico.
Por supuesto que, dentro de que es mala, muy mala, fría y objetivamente, me importe mucho, poco o un huevo el capitán Alatriste, la película tiene cosas muy buenas. El vestuario es magnífico, al igual que el maquillaje y la puesta en escena en general. La fotografía es fabulosa. Y Viggo está maravilloso de capitán Alatriste, que se come la pantalla el colega, imponente, mientras, claro, se mantiene callado( excepto cuando grita aquel ¡Excelencia!, que pardiez, impresionó) o no abusa de ciertas posturas toreras. La película es una magnífica galería de buenas fotografías sobre la vida de Alatriste, muy útiles y bellas para recurrir a ellas cuando se leen los libros, por enésima vez.
Pero no nos llevemos a engaño. Lo que importa es la sensación general, única, que se te queda en el cuerpo tras ver la película. No se puede desgranar en me ha gustado esto o lo otro y muy poco eso o aquello. Las cosas buenas de la película están totalmente difuminadas por la debacle general de una historia que no existe, unos personajes desdibujados o caricaturizados, un lenguaje simplón y en ocasiones soez, un montaje penoso, un abuso de los primeros planos y de la neblina de fondo, muy pobre en variedad de escenarios, una acumulación de cameos insufribles, unos veintipico o los que sean millones de euros transformados en nada, una batalla de Rocroi de vergüenza ajena, una parcial y retorcida muestra de las miserias de España (sospechosamente a la moda de minar la moral de los españoles) y en definitiva, una película que no solo desmerece absolutamente y que hace injusticia a la literatura en la que está basada sino que, así de claro, la ofende y la ridiculiza.
Y eso es, señores mios, lo que más duele y por lo que a uno le apetece muy mucho, después de soñar un rato con que le hubieran dado la película a Peter Weir, cruzarle la cara con un guante al tal Diaz Yanes o a quien sea menester, entre otras cosas porque se ha pitorreado de las ilusiones de muchos lectores, que ahora corren prestos a refugiarse de nuevo en los libros, huyendo como de la peste de más anuncios, carteles y hasta llaveros, con la imagen de un soldado de los tercios de flandes prostituido.
Y don Arturo, vive Dios que debió haber usted evitado lo que ha pasado.
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