Foro sobre Arturo Pérez-Reverte
Un lugar de encuentro donde "discutir" sobre la obra del escritor Arturo Pérez Reverte
-RESULTADO DE LA BÚSQUEDA-



  • PATENTE DE CORSO 23.08.09 APR ~ Tontos (y tontas) de pata negra - La Derrota - 0 - 22/08/2026 21:53
    Para hoy no he podido decidirme, por tonto, y he traído DOS Patentes de este día. En este profundo agosto tenemos tiempo para leer y sonreír.
    Por orden de antigüedad:


    1998-08-23 Gili-restaurantes
    Arturo Pérez-Reverte (El Semanal, 23-8-98)


    Hay gilipollas y gilipollas. Quiero decir que hay tontos del haba congénitos, de pata negra, que no lo pueden evitar por mucho empeño y buena voluntad que le echen al asunto. Individuos e individuas que si se presentaran a un concurso de gilipollas serían descalificados en el acto, por gilipollas. Gente cuya naturaleza biológica incluye la gilipollez de modo perfectamente natural, como la de otros incluye tener los ojos azules o alergia al pescado. O sea, gente de esa que llega la enfermera y le dice al padre que está fumando en el pasillo: “Enhorabuena. Ha tenido usted un gilipollas de tres kilos y seiscientos gramos”.

    Como ven, hablo de gilipollas que no pueden evitar serlo, hasta el punto de que algunos, de puro chorras, llegan a caer bien. Uno los ve, los oye y se dice: “Es simpático este imbécil”. Sin embargo hay otra variedad más común, más de andar por casa. Más ordinaria. Hablo del gilipollas vocacional: del que se esfuerza a diario por avanzar paso a paso en el perfeccionamiento de una gilipollez a la que aspira con entusiasmo. Esos gilipollas aficionados dan lugar a un fenómeno que podríamos definir como pseudo-gilipollez o variante hortera de aquélla. Lo malo es que, a diferencia de la otra, perfectamente localizada en lugares y medios especializados de las Españas, esta última te la encuentras en la vida diaria, a la vuelta de la esquina, contaminándolo todo.

    Pensaba en todo eso el otro día, cenando en un restaurante pijolandio de los que pretenden cierto nivel, Maribel, en una localidad costera. Uno de esos en cuyo vestíbulo hay una señorita muy arreglada, con falda corta y pulseras, muy peripuesta y dinámica como en las películas de ejecutivas que salen en la tele, y que nada más verte entrar dice: “Hola, ¿tenéis reserva?”, tuteándote cual si hubieseis vivido ella y tú intimidades previas, hasta el punto de que te sientes en la obligación de dirigirle a tu acompañante una mirada de excusa, como diciéndole: “Te juro que no conozco de nada a esta tía”. (De cualquier modo, peor sería que te estampara una par de absurdos besos en las mejillas, muá, muá, como hace ahora a las primeras de cambio toda mujer a la que te presentan. Vulgaridad notoria que, cabroncete como soy, suelo prevenir dando antes la mano a distancia y prolongando unos segundos el apretón, para que las besuconas se den con mis nudillos en el estómago al acercarse dispuestas al ósculo.)

    El caso es que el restaurante era playero, con pretensiones de diseño y alta cocina moderna y unos precios que te rilas, Arturín, y menudeaba de clientes ad hoc: Lacoste, pantalón corto hasta la rodilla y con raya, zapatos tipo mocasín sin calcetines, teléfono móvil y toda la parafernalia, incluyendo la prójima operada y haciendo juego. Hecho un paria entre tanta elegancia, con mis viejos tejanos de pata larga y la barba de semana y media, me vi obligado a decirle al camarero “estará bien, no se preocupe” ante su extrañeza de que no catase el vino, que él había servido con mucho aparato y movimiento de corcho, en vez de dedicar yo a tan fundamental operación los diez minutos que en las otras mesas se consagraban al asunto, fruncido el ceño, moviendo la copa para aspirar el aroma, chasqueando la lengua antes de declarar “excelente” con tanta gravedad y aplomo como si los tiñalpas hubieran pasado la infancia entre viñedos de Borgoña.

    El maître, muy serio y muy consciente de la solemnidad del momento –ilustres intelectuales de aquí afirman que comer es un acto cultural comparable a leer a Proust-, nos recomendó algunas especialidades de la casa, destacando las cigalitas, los boqueroncitos y las almejitas, y sugirió la doradita o la lubinita, esta última con unas patatitas a lo pobre o unos buñuelitos de bacaladito con salsita de frambuesita. Y no faltó, a los postres, la visita del cocinero, o vete a saber quién era el pájaro, un fulano vestido de blanco con su nombre bordado en el bolsillo, que recorría las mesas estrechando manos y dando conversación en un compadreo que a algunos clientes parecía encantarles, pero a mí me hizo temer se nos sentara en la mesa y nos chuleara un café por el morro. Así que pedí apresuradamente la dolorosa –el maître se mosqueó un poco cuando le dije que hiciera el favor de traerme la fuentecita porque nos íbamos a la callecita- y me encaminé a la puerta con mucho alivio. Y todavía allí, al paso, la torda de la minifalda y las pulseras nos obsequió con un “hasta luego”. Como si hubiéramos quedado para después en el bar de la esquina.


    PATENTE DE CORSO 23.08.09
    Arturo Pérez Reverte ~ Tontos (y tontas) de pata negra ~ 842


    Uno comprende que tiene que haber tontos, como tiene que haber de todo. Me refiero al tonto social, o sea. Al que normalmente llamamos tonto del haba. Al imbécil de andar por casa. De diario. Son criaturas de Dios, como dijo San Francisco del hermano lobo, si es que lo dijo, y tampoco es cosa de pasarlos por el lanzallamas. O de pasarlos sin más. Tienen tanto derecho a existir como cualquiera. Incluso un tonto evidente, lustroso, bien cebado, de esos que da gloria verlos, tipo cuñado Mariano, hace su papelito en determinados lugares. Decora el paisaje. Sobre todo si, como ocurre a menudo, no tiene conciencia de lo tonto que es. O de lo que puede ser si se lo propone, en plan película de superación deportiva americana, con el entrenamiento y el esfuerzo adecuado.

    Y es que un tonto en condiciones, situado en el lugar idóneo, el trabajo, la vida cultural, la política, completa la vasta y asombrosa obra de la Naturaleza. La armonía del Universo. Enriquece la vida, para que me entiendan. Sirve como referencia. Como tontómetro del entorno y como brújula para los demás. Por eso siempre he sido partidario de tener un tonto a mano. No demasiado cerca, ojo. Un tonto es como las escopetas: lo carga el diablo. Pero tenidos a distancia y bajo control razonable, se aprende mucho observándolos. La pega principal es que el tonto tiene una asombrosa capacidad reproductora. Se multiplica como una coneja. Y al menor descuido, te rodea como al general Custer. Ciertos ambientes, sobre todo los políticamente correctos, le son en extremo favorables. Y si además se trata de un tonto de aquí, español, con todos los complejos, inculturas, envidias y estupidez congénita propios de esta nacionalidad esplendorosa y autosatisfecha de la que gozamos, para qué les voy a contar. Si España exportara tontos al extranjero –a veces lo hace, pero sin organización ni método– seríamos la primera potencia mundial. Los tontos españoles son tontos conspicuos, de pata negra. Matizo, a fin de no avivar talibanismos feminazis: los tontos y las tontas. Para qué voy a mentir: en el fondo me hace ilusión. Si el tonto español desapareciera como especie, la cosa sería tan lamentable como la desaparición del toro de lidia, o la del tertuliano radiofónico que con la misma soltura analiza un resultado electoral que la teoría de campos de fuerza de Maxwell. Una de nuestras señas de identidad nacional se iría a tomar por saco. Cuando los últimos vínculos trimilenarios que unen a nuestra ruin tropa se aflojen del todo, y castellanos, catalanes, vascos, andaluces, inmigrantes y demás vayamos cada uno a nuestro aire, como realmente nos pide el cuerpo, sólo habrá dos cosas que nos sigan manteniendo unidos: el fútbol y lo tontos del ciruelo que somos, o que podemos llegar a ser cuando la Historia, la sociedad, la tele, la moda de turno, nos dan la oportunidad. Que suelen dárnosla.

    En tal sentido, me preocupaba que las universidades españolas quedaran al margen del asunto. Perdieran el tren, para entendernos. A fin de cuentas, en sitios así lo que menudea es la inteligencia, la cultura y cosas por el estilo, y a la idiotez se le supone sólo un carácter mínimo, testimonial. Pero la Universidad de Zaragoza acaba de tranquilizarme mucho. El que más y el que menos prevé el futuro siniestro que espera a los universitarios españoles, y sabe que cuanto tiene que ver con progreso, innovación, ampliación de titulaciones, investigación, calidad en la docencia y nuevas tecnologías recae exclusivamente sobre el esfuerzo individual y el sacrificio de un profesorado que cobra menos de 2.500 mortadelos al mes, y eso cuando tiene 20 años de antigüedad. Con este paisaje, la última iniciativa de la docta institución cesaraugustana, de cara al próximo curso, ha sido apadrinar una campaña que, bajo el título Nombrar en femenino es posible. ¡Inténtalo!, y con los nombres y símbolos bien a la vista de la Universidad –cátedra sobre Igualdad de Género, nada menos– y del Gobierno de Aragón, que supongo soltaron la viruta apropiada, reparte a troche y moche folletos de cuatro páginas a color, para que los jóvenes universitarios zaragozanos dejen de invisibilizar a las mujeres mediante deliciosas construcciones en la línea del tópico habitual: el ser humano en vez del hombre, el alumnado sin empleo en vez de los estudiantes desempleados, profesionales en régimen laboral autónomo en vez de trabajadores autónomos, y otros brillantes hallazgos al uso. Con la siguiente –y confusa– afirmación final, que transcribo literalmente en toda su espléndida y analfabeta incongruencia gramatical: «Seguro que, con la práctica, prestas más atención al lenguaje y usas términos para que todos y todas seamos visibles en el discurso».
    Por eso digo que estoy tranquilo con lo de las esencias. No hay como la estupidez institucional, con cátedra incluida, para asegurar el futuro. Y el nuestro está garantizado. Tenemos tontos y tontas para rato y para rata.

    Salud!
  • Información incompleta - La Derrota - 37 - 19/08/2026 09:46

    Arturo tendrá sus razones y sus sentimientos sobre el abandono del dominical XLSemanal, –que al final era físicamente ridículo–; no me importa. Yo tras más de 30 años, tengo costumbre, hábito, dependencia del “Patente de corso”.

    ¿Va a seguir escribiendo semanalmente? ¿Dónde?
    Después de 30 años, estoy enganchado a desayunar los domingos con el artículo de Arturo. Eso es lo que nos ocupa.

    “…pero a estas alturas hay demasiada gente que la sigue hace tiempo y ya no puedo ni renunciar. Sería una especia de traición a los amigos.…”¿Han cambiado las reglas?
    Si decide abandonar la página semanal, lo sufriré y lo dejaré; como abandoné el café, el alcohol, las drogas, el tabaco, los tacos, y las mujeres. Mi vida será definitivamente una auténtica mierda. Sanísima sí, pero una mierda que se me va a hacer muy larga.

    Así que, Salva, por favor, tira de tus fuentes, tus contactos, tu libreta negra o por la calle de enmedio y trae info completa, fresca y veraz. Acaba con esta inquietud.

  • Pérez-Reverte ya no escribirá más en XLSemanal los domingos. - Salva - 53 - 18/08/2026 17:11
    Sí, es cierto...



    Arturo Pérez-Reverte anuncia su adiós de la revista XL Semanal tras más de 30 años

    Arturo Pérez-Reverte deja su colaboración con XL Semanal tras más de tres décadas y Andrés Trapiello ocupará su espacio desde septiembre

    La reflexión de Arturo Pérez-Reverte sobre el paso del tiempo: “Son las reglas, no hay que hacer dramas”

    Una de las columnas más longevas y reconocibles de la prensa española llega a su final. Arturo Pérez-Reverte dejará de publicar semanalmente en XL Semanal después de más de tres décadas vinculado al suplemento dominical, una decisión adoptada por voluntad propia y que pone fin a una etapa iniciada a comienzos de los años noventa.

    Según ha informado El Confidencial, el escritor había comunicado ya durante el mes de julio su intención de abandonar su colaboración regular con la publicación de Vocento. Si no se producen cambios de última hora, Andrés Trapiello ocupará desde septiembre el espacio que deja Pérez-Reverte, después de que el grupo anunciara recientemente su incorporación como una de sus nuevas firmas.

    El movimiento cierra una relación periodística que ha acompañado prácticamente toda la carrera literaria de Arturo Pérez-Reverte y que ha dado lugar a más de 1.700 artículos sobre política, historia, libros, guerras, lenguaje, sociedad y vida cotidiana.

    Más de tres décadas de Patente de corso

    La relación de Arturo Pérez-Reverte con el suplemento comenzó en 1991, cuando publicó sus primeras colaboraciones de manera esporádica. Dos años después, en 1993, quedó definitivamente establecida Patente de corso, la columna con la que terminó convirtiéndose en una de las firmas más reconocibles del dominical.

    Desde entonces, prácticamente cada semana ha publicado un texto en el que ha mezclado experiencia personal, memoria periodística, literatura y opinión.

    La columna sobrevivió a cambios de nombre, de diseño y de etapa editorial. El antiguo El Semanal terminó convirtiéndose en XL Semanal, pero Pérez-Reverte permaneció como uno de sus autores de referencia durante más de treinta años.

    Su propia página oficial conserva además un enorme archivo de esos artículos, muchos de los cuales fueron posteriormente recopilados en volúmenes como Patente de corso, Con ánimo de ofender, No me cogeréis vivo o Los barcos se pierden en tierra.

    Una columna construida desde la libertad

    Patente de corso terminó adquiriendo una identidad muy definida. Arturo Pérez-Reverte utilizó durante décadas ese espacio para escribir sin necesidad de ajustarse a los asuntos de la actualidad inmediata.

    En una misma temporada podía abordar una guerra que había cubierto como reportero, recomendar una novela de aventuras, discutir sobre el idioma, recordar una taberna desaparecida o lanzar una crítica política especialmente contundente.

    El propio escritor explicó en una ocasión que había escogido el nombre porque poseía una auténtica patente de corso del siglo XIX y le parecía una buena justificación para “navegar sin dios ni amo”.

    Esa independencia se convirtió precisamente en la principal característica de la columna, tanto para quienes compartían sus opiniones como para quienes discutían frecuentemente con ellas.

    Andrés Trapiello ocupará su lugar desde septiembre

    La salida coincide con la llegada de otra de las grandes firmas de la literatura española contemporánea. Andrés Trapiello se incorporará en septiembre a XL Semanal y escribirá cada domingo para la revista.

    El escritor leonés, nacido en 1953, ha construido durante más de cuatro décadas una extensa trayectoria como novelista, poeta, ensayista y diarista.

    Vocento lo ha presentado como una de las nuevas grandes voces de opinión de la publicación, donde compartirá páginas con autores como Juan Manuel de Prada, Isabel Coixet, Carmen Posadas o Lorenzo Silva.

    Su desembarco se produce además después de abandonar El Mundo para incorporarse también a las páginas de ABC.

    El Mundo mueve ficha por Pérez-Reverte

    La salida de Trapiello ha provocado otro movimiento dentro de la prensa nacional. Según las informaciones conocidas hasta ahora gracias a El Confidencial, El Mundo ha planteado una propuesta a Arturo Pérez-Reverte para incorporarlo a su nómina de articulistas.

    No existe, sin embargo, un acuerdo cerrado. El escritor ya había publicado ocasionalmente algunos textos en el diario durante los últimos años, pero eso no significa que su salida de XL Semanal vaya a desembocar necesariamente en una colaboración fija.

    Su último texto ocasional en esa cabecera apareció en julio bajo el título Lecciones de la cloaca, donde construía un particular “manual de educación política para una futura reina”.

    Vocento, por su parte, confía en que Pérez-Reverte pueda mantener alguna colaboración ocasional en ABC, aunque desaparezca su compromiso semanal.

    De corresponsal de guerra a una de las firmas más leídas

    La retirada de Patente de corso también permite medir la extraordinaria duración de la carrera periodística de Arturo Pérez-Reverte.

    Nacido en Cartagena en 1951, comenzó a trabajar como periodista a principios de los años setenta. Durante más de dos décadas ejerció fundamentalmente como reportero, primero en el diario Pueblo y después en Televisión Española.

    Cubrió conflictos en lugares como Líbano, Eritrea, el Golfo Pérsico, Croacia o Bosnia. Buena parte de aquella experiencia terminaría alimentando posteriormente tanto sus novelas como sus artículos.

    Cuando abandonó el reporterismo diario para concentrarse en la literatura, la columna semanal quedó como uno de sus vínculos más estables con el periodismo.

    El final de una cita semanal que comenzó en 1993

    La marcha de Arturo Pérez-Reverte no significa que vaya a dejar de escribir artículos ni que desaparezca su presencia pública. Continúa desarrollando su obra literaria, mantiene una intensa actividad a través de Zenda y sigue interviniendo con frecuencia en debates culturales y políticos.

    Lo que termina es algo mucho más concreto y, precisamente por eso, significativo: la obligación autoimpuesta de entregar una columna cada semana a la misma revista durante más de treinta años.

    Desde septiembre, XL Semanal comenzará una etapa diferente con Andrés Trapiello. Y Pérez-Reverte quedará liberado de una rutina periodística que había acompañado a varias generaciones de lectores desde 1993.

    https://www.articulo14.es/cultura/arturo-perez-reverte-anuncia-su-adios-de-la-revista-xl-semanal-tras-mas-de-30-anos-20260817.html



    Siempre nos quedará la HEMEROTECA REVERTIANA ;-)



    http://www.icorso.com/hemeroteca/ARTICULOS/articulos.htm
  • Pérez-Reverte ya no escribirá más en XLSemanal los domingos. - Salva - 11 - 18/08/2026 17:09
    Sí, es cierto...



    Arturo Pérez-Reverte anuncia su adiós de la revista XL Semanal tras más de 30 años

    Arturo Pérez-Reverte deja su colaboración con XL Semanal tras más de tres décadas y Andrés Trapiello ocupará su espacio desde septiembre

    La reflexión de Arturo Pérez-Reverte sobre el paso del tiempo: “Son las reglas, no hay que hacer dramas”

    Una de las columnas más longevas y reconocibles de la prensa española llega a su final. Arturo Pérez-Reverte dejará de publicar semanalmente en XL Semanal después de más de tres décadas vinculado al suplemento dominical, una decisión adoptada por voluntad propia y que pone fin a una etapa iniciada a comienzos de los años noventa.

    Según ha informado El Confidencial, el escritor había comunicado ya durante el mes de julio su intención de abandonar su colaboración regular con la publicación de Vocento. Si no se producen cambios de última hora, Andrés Trapiello ocupará desde septiembre el espacio que deja Pérez-Reverte, después de que el grupo anunciara recientemente su incorporación como una de sus nuevas firmas.

    El movimiento cierra una relación periodística que ha acompañado prácticamente toda la carrera literaria de Arturo Pérez-Reverte y que ha dado lugar a más de 1.700 artículos sobre política, historia, libros, guerras, lenguaje, sociedad y vida cotidiana.

    Más de tres décadas de Patente de corso

    La relación de Arturo Pérez-Reverte con el suplemento comenzó en 1991, cuando publicó sus primeras colaboraciones de manera esporádica. Dos años después, en 1993, quedó definitivamente establecida Patente de corso, la columna con la que terminó convirtiéndose en una de las firmas más reconocibles del dominical.

    Desde entonces, prácticamente cada semana ha publicado un texto en el que ha mezclado experiencia personal, memoria periodística, literatura y opinión.

    La columna sobrevivió a cambios de nombre, de diseño y de etapa editorial. El antiguo El Semanal terminó convirtiéndose en XL Semanal, pero Pérez-Reverte permaneció como uno de sus autores de referencia durante más de treinta años.

    Su propia página oficial conserva además un enorme archivo de esos artículos, muchos de los cuales fueron posteriormente recopilados en volúmenes como Patente de corso, Con ánimo de ofender, No me cogeréis vivo o Los barcos se pierden en tierra.

    Una columna construida desde la libertad

    Patente de corso terminó adquiriendo una identidad muy definida. Arturo Pérez-Reverte utilizó durante décadas ese espacio para escribir sin necesidad de ajustarse a los asuntos de la actualidad inmediata.

    En una misma temporada podía abordar una guerra que había cubierto como reportero, recomendar una novela de aventuras, discutir sobre el idioma, recordar una taberna desaparecida o lanzar una crítica política especialmente contundente.

    El propio escritor explicó en una ocasión que había escogido el nombre porque poseía una auténtica patente de corso del siglo XIX y le parecía una buena justificación para “navegar sin dios ni amo”.

    Esa independencia se convirtió precisamente en la principal característica de la columna, tanto para quienes compartían sus opiniones como para quienes discutían frecuentemente con ellas.

    Andrés Trapiello ocupará su lugar desde septiembre

    La salida coincide con la llegada de otra de las grandes firmas de la literatura española contemporánea. Andrés Trapiello se incorporará en septiembre a XL Semanal y escribirá cada domingo para la revista.

    El escritor leonés, nacido en 1953, ha construido durante más de cuatro décadas una extensa trayectoria como novelista, poeta, ensayista y diarista.

    Vocento lo ha presentado como una de las nuevas grandes voces de opinión de la publicación, donde compartirá páginas con autores como Juan Manuel de Prada, Isabel Coixet, Carmen Posadas o Lorenzo Silva.

    Su desembarco se produce además después de abandonar El Mundo para incorporarse también a las páginas de ABC.

    El Mundo mueve ficha por Pérez-Reverte

    La salida de Trapiello ha provocado otro movimiento dentro de la prensa nacional. Según las informaciones conocidas hasta ahora gracias a El Confidencial, El Mundo ha planteado una propuesta a Arturo Pérez-Reverte para incorporarlo a su nómina de articulistas.

    No existe, sin embargo, un acuerdo cerrado. El escritor ya había publicado ocasionalmente algunos textos en el diario durante los últimos años, pero eso no significa que su salida de XL Semanal vaya a desembocar necesariamente en una colaboración fija.

    Su último texto ocasional en esa cabecera apareció en julio bajo el título Lecciones de la cloaca, donde construía un particular “manual de educación política para una futura reina”.

    Vocento, por su parte, confía en que Pérez-Reverte pueda mantener alguna colaboración ocasional en ABC, aunque desaparezca su compromiso semanal.

    De corresponsal de guerra a una de las firmas más leídas

    La retirada de Patente de corso también permite medir la extraordinaria duración de la carrera periodística de Arturo Pérez-Reverte.

    Nacido en Cartagena en 1951, comenzó a trabajar como periodista a principios de los años setenta. Durante más de dos décadas ejerció fundamentalmente como reportero, primero en el diario Pueblo y después en Televisión Española.

    Cubrió conflictos en lugares como Líbano, Eritrea, el Golfo Pérsico, Croacia o Bosnia. Buena parte de aquella experiencia terminaría alimentando posteriormente tanto sus novelas como sus artículos.

    Cuando abandonó el reporterismo diario para concentrarse en la literatura, la columna semanal quedó como uno de sus vínculos más estables con el periodismo.

    El final de una cita semanal que comenzó en 1993

    La marcha de Arturo Pérez-Reverte no significa que vaya a dejar de escribir artículos ni que desaparezca su presencia pública. Continúa desarrollando su obra literaria, mantiene una intensa actividad a través de Zenda y sigue interviniendo con frecuencia en debates culturales y políticos.

    Lo que termina es algo mucho más concreto y, precisamente por eso, significativo: la obligación autoimpuesta de entregar una columna cada semana a la misma revista durante más de treinta años.

    Desde septiembre, XL Semanal comenzará una etapa diferente con Andrés Trapiello. Y Pérez-Reverte quedará liberado de una rutina periodística que había acompañado a varias generaciones de lectores desde 1993.

    https://www.articulo14.es/cultura/arturo-perez-reverte-anuncia-su-adios-de-la-revista-xl-semanal-tras-mas-de-30-anos-20260817.html



    Siempre nos quedará la HEMEROTECA REVERTIANA ;-)



    http://www.icorso.com/hemeroteca/ARTICULOS/articulos.htm
  • PATENTE DE CORSO 16-08-1998 Arturo Pérez-Reverte ⏝ El Sello Infame - La Derrota - 27 - 15/08/2026 23:02
    PATENTE DE CORSO 16-Agosto-1998
    El Sello Infame
    Arturo Pérez-Reverte.

    Pues resulta que recibo una carta con sus sellos pegados, y entre ellos hay uno con el careto de Fernando VII (1784-1833). Y me digo: hay que fastidiarse, colega. Con la de reyes que ha habido en este país, reyes para dar y regalar, y tiene que salir ése en mi carta, oye, el mayor hijoputa que llevó corona. El rey más cobarde, más vil y más infame que hemos tenido en esta tierra conde de monarcas chungos sabemos un rato, y a quien ni siquiera esa cara de atravesado y de borde relamido que le pintó Goya -el sordo sabía mirar adentro- hizo justicia.

    He escrito alguna vez que la estupidez, la ignorancia voluntaria, la deslealtad y la mala fe en políticos y monarcas me vuelven intolerante hasta el punto de hacerme añorar, a veces, una guillotina en mitad de una plaza pública. Pero en el caso de Fernando VII esa añoranza mía roza la frustración. Porque ese individuo, que nunca vio su cabeza en un cesto como el idiota de su primo el gabacho gordito, fue un perfecto miserable y un canalla, pero nunca fue un estúpido. Y su vileza ante Napoleón, la negra reacción en que sumió a España tras la expulsión de los franceses, su camarilla de canónigos y mangantes, su persecución de liberales, su desprecio a la Contitución entonces más avanzada del planeta y su despotismo salvaje, no se debieron a impulsos imbéciles, sino a cálculos inteligentes, astutos y cobardes. Fernando de Borbón fue capaz de denunciar a sus cómplices en la conjuración contra Godoy, de lamerle las botas al francés que lo despojaba de un reino, de condenar a muerte a quienes le devolvieron la corona; y todo eso lo hizo sopesando minuciosamente los pros y los contras. fue como los malvados de las viejas películas, pero peor. Fue un rey malo de cojones.

    Recuerdo que hace cosa de un año estuve dándole vueltas al personaje, después de una representación de "El sí de las ninas", de Moratín. Cuando vi a Emilio Gutiérrez Caba interpretar de forma excelente al maduro don Diego en la última escena del tercer acto -"Eso resulta del abuso de autoridad, de la opresión que la juventud padece"- no pude menos que pensar, como me ocurre ahora ante el sello de marras: qué mala suerte, qué desgraciado país el nuestro, siempre a punto de conseguirlo y siempre recibiendo a última hora un sartenazo que lo pone todo patas arriba, que nos arroja de nuevo al abismo. Cuando por fin nos hacemos romanos y hablamos latín y construimos acueductos, llegan los bárbaros. Cuando el Renacimiento y los siglos de oro nos pillan siendo primera potencia mundial, aparecen Lutero y Calvino, viene la Contrarreforma y todo se va a tomar por saco. Y cuando por fin nos encontramos ante la gran oportunidad del siglo de las luces y la revolución, y hay gente como Jovellanos y Moratín y Goya, llegan los franceses y nos funden los plomos, y a los lúcidos los convierten en afrancesados. Y encima, sin proponérselo, hacen de un Borbón abyecto un héroe nacional. Y aún así hay militares que leen libros y hablan de soberanía popular y de libertad, y españoles dispuestos a ponerse de acuerdo, aunque sea para degollar franchutes, y políticos capaces de sentarse en Cádiz a hacer una Constitución que es la leche. Y entonces Fernando VII vuelve a por una corona que no se ha ganado, y asesorado por curas fanáticos, por correveidiles y lameculos, va y se lo cepilla todo, abole la Constitución, cierra periódicos y teatros, y ejecuta a los generales y guerrilleros que pelearon por él, menos a Mina, que se larga a Francia, y después a Riego, y al empecinado, y a Manzanares y a Torrijos y a Mariana Pineda; y Francia e Inglaterra se llenan de exiliados, y aquí se impone la reacción más siniestra, y otra vez, como siempre, a las tinieblas cuando estábamos a pique de levantar cabeza. Y encima, cuando se muere, el tío nos deja de herencia a la chocholoco de su hija Isabelita, que trajo cola. Y de postre, las guerras carlistas.

    En fin. Cuando empecé a teclear estas líneas iba a pedir que me ahorren cartas con la jeta de ese rey, que maldita sea su estampa. Pero, pensándolo mejor, rectifico. Es bueno recordar que la infancia existe, y que siempre acecha un vil mierdecilla dispuesto a cargárselo todo con el pretexto de la religión, la raza, la nación, la lengua o el chichi de la Bernarda. Caciques locales, mercachifles de feria, apostólicos postmodernos, reaccionarios a quienes ahora no se les cae la palabra democracia de la boca, pero siguen queriendo devolvernos al pozo de las sombras.



  • PATENTE DE CORSO 09.08.2009 Arturo Pérez Reverte ~ España cañí~ 840 - La Derrota - 33 - 08/08/2026 20:48
    Que el Jefe tome vacaciones no significa, ni mucho menos, que perdamos las buenas costumbres ni olvidemos las buenas maneras.
    Con la venia y nihil obstat, para ustedes, revertómanos:


    PATENTE DE CORSO 09.08.2009
    Arturo Pérez Reverte ~ España cañí~ 840

    Vamos a llamarlo, si les parece bien, hospital del Venerable Prepucio de San Agapito. O, si lo prefieren, de los Siete Dolores de Santa Genoveva. Para más datos, añadiremos que está situado en una ciudad del sur de España. Y el arriba firmante –yo mismo, vamos– camina por el pasillo de una de sus plantas después de haber conseguido, tras arduas gestiones, intensas sonrisas y mucho hágame el favor, permiso para visitar a un amigo internado de urgencia, al que sus innumerables pecados y vida golfa dejaron el hígado y otros órganos vitales en estado lamentable.
    Voy por el pasillo, en fin, pensando en un informe publicado hace poco: uno de cada diez trabajadores de hospital español sufre agresiones físicas por parte de pacientes o sus familiares, y siete de cada diez son objeto de amenazas o insultos ante la pasividad de los seguratas correspondientes. Que con frecuencia, según las circunstancias, prefieren no complicarse la vida. Y no deja de tener su lógica. Una cosa es decir no alborote, señora, caballero, a un ama de casa de Reus o a un jubilado de Úbeda cabreados con o sin motivo, y otra diferente, más peliaguda, impedir que un musulmán entre a la fuerza con su legítima en el quirófano, decirle a un subsahariano negro de color que no es hora de visitas, o informar a cuatro miembros de la mara Salvatrucha que la puñalada que recibió su amigo Winston Sánchez no se la podrán coser hasta mañana. Ahí, a poco que falle el tacto, sales en los periódicos.
    Pienso en eso, como digo, mientras busco la habitación B-37. En éstas llego a una sala de espera con los asientos y el suelo cubiertos de mantas, papeles, vasos de plástico y botellas de agua vacías; y cuando me dispongo a embocar el pasillo inmediato, dos gitanillos que se persiguen uno a otro impactan, sucesivamente, contra mis piernas. Me zafo como puedo, mientras creo recordar que en los hospitales están prohibidos los niños, sueltos o amarrados. Luego miro en torno y veo a una señora entrada en carnes, con una teta fuera y dándole de mamar a una rolliza criatura que sorbe con ansia de superviviente. Slurp, slurp, slurp. A ver dónde me he metido, pienso con el natural desconcierto. Entonces miro hacia el pasillo y me paro en seco.

    Imaginen un pasillo de hospital de toda la vida. Y allí, arremolinada, una quincena de personas vociferantes: seis o siete varones adultos, otras tantas mujeres y algunos niños parecidos a los que acaban de dislocarme una rótula en la sala de espera. Sobre los mayores, para que ustedes se hagan idea, tecleas juntas en Google las palabras García Lorca, Guardia Civil, Heredias, Camborios, primo y prima, y salen sus fotos: patillas, sombreros, algún bastón con flecos, dientes de oro y anillos de lo mismo. Sólo les falta un Mercedes del año 74. Los jóvenes visten de oscuro y tienen un aire desgarrado y peligroso que te rilas, a medio camino entre Navajita Plateá y las Barranquillas. En cuanto a las Rosarios, sólo echas de menos claveles en los moños. Las jóvenes tienen cinturas estrechas, pelo largo, negrísimo, y ojos trágicos. Una lleva un niño en brazos. Todas van de negro, como de luto anticipado. Y en el centro del barullo, pegado a la pared, un médico vestido de médico. Acojonado.

    «Ha matao ar papa, ha matao ar papa», gritan las mujeres, desgañitándose. Insultan y amenazan al médico los hombres, más sobrios y en su papel. «He dihe que ze moría y za muerto», dice uno de ellos, inapelable. «Te vi a rahá.» El médico, pálido, más blanco que su bata, la espalda contra la pared, balbucea explicaciones y excusas. Que si era muy viejo, que si aquello no tenía remedio. Que si la ciencia tiene sus límites, y tal. «Lo habei matao, criminá», vocifera otro, pasando mucho del discurso exculpatorio. Una de las Rosarios salta con extraño zapateado, agitándose la falda. «Er patriarca», se desmelena. «Er patriarca.» Lloran y gritan las otras, haciendo lo mismo. «Pinsharlo, pinsharlo», sugiere una de las jóvenes. «Que ha matao ar papa.»
    Me quedo donde estoy, prudente. Mejor el médico que yo, pienso. Que cada cual enfrente su destino. Algunas cabezas de enfermos y visitantes asoman por las puertas de las habitaciones, contemplando el espectáculo con curiosidad. Miro alrededor, buscando una ruta de retirada idónea. Los dos gitanillos continúan persiguiéndose sobre las mantas y las botellas vacías, y el mamoncete sigue a lo suyo, pegado a la teta. Slurp, slurp. En la máquina del café, dos guardias de seguridad, vueltos de espaldas a lo que ocurre en el pasillo, parecen muy ocupados contando monedas y buscando la tecla adecuada para servirse un cortado. Me acerco a ellos. ¿Hay capuchino?, pregunto, metiendo un euro. Ellos mismos pulsan mi tecla, amables. Estamos los tres en silencio mientras sale el chorrito.