- ¡Muchas gracias, Salva! - Oliva - 9 - 06/06/2026 16:43
Vaya trabajo, buscar las fotos de los objetos. No sé lo que opinará quien se ocupa pasar el plumero XDDD.
- PATENTE DE CORSO 07.06.26 ~ Algunos objetos de una vida ~ - Salva - 66 - 06/06/2026 12:05
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1. Unas aventuras de Tintín completas, en primeras y segundas ediciones con lomo detela.
2. Un busto del santo Malverde, patrón de los narcos de Sinaloa.
3. Un trozo de estuco chamuscado de la biblioteca de Sarajevo.
4. Una carta manuscrita de Patrick OBrian, autor de la serie de novelas de Jack Aubrey yel doctor Maturin.
5. Una navaja Aitor Commando con muchas historias que contar.
6. Un busto de Homero.
7. Un desnudo de mujer dibujado por un pintor sevillano.
8. Una butaca de la rotonda del hotel Palace.
9. Un revólver Webley colonial británico del siglo XIX.
10. Un catalejo de barco ballenero forrado en piel de cetáceo, regalado por Javier Marías.
11. El rinoceronte de peluche Murphy, mascota del equipo de TVE en la primera guerra delGolfo.
12. Una jarra de metal azul para vino retsina griego.
13. Un fragmento de metralla de la guerra del Líbano.
14. Sables de caballería de los siglos XVIII y XIX.
15. Un busto de bronce tamaño natural de Napoleón Bonaparte.
16. Un posavasos del casino de Montecarlo.
17. Un trozo de piedra de la torre de Montaigne.
18. Un portarretratos con una rama de olivo de la cárcel donde murió Sócrates.
19. Un exvoto pintado sobre hojalata agradeciendo a la Virgen de Guadalupe que mi hija se compuso del vicio muy feo al que se dedicaba.
20. Un compás náutico antiguo.
21. Un cartel de cuando la Marcha Verde en el Sáhara con las palabras Peligro minas enespañol y en árabe.
22. Un Kalashnikov AK-47.
23. Un trozo de capitel de una columna romana de Tiro.
24. Una maqueta del navío de línea San Juan Nepomuceno y otra del Santísima Trinidad.
25. Un cenicero triangular de Cinzano.
26. El casco del piloto del helicóptero de Aduanas Javier Collado.
27. Un barco en una botella.
28. La medalla de Santa Elena concedida al exgranadero de Waterloo Jean Gal y unportarretratos con flores secas recogidas en el campo de batalla.
29. Una escafandra de buzo.
30. Una maqueta de la Bounty.
31. Una piedra de la muralla de Adriano.
32. La pistola Browning FN, la pluma Shea􀆯er y el encendedor de plata Parker RollerBeacon de Lorenzo Falcó.
33. El timón del barco de Paco el Piloto.
34. Una taza del restaurante Munich Recoleta de Buenos Aires.
35. El guante de esgrima de un niño.
36. Una vieja cajetilla de cigarrillos Players.
37. Una carta náutica del Mediterráneo del siglo XVIII.
38. Un casco de legionario romano.
39. Una lata de tabaco de pipa Balkan.
40. Un cenicero del hotel Negresco de Niza.
41. Un tricornio de la Guardia Civil.
42. Clavos del navío francés Neptune, hundido en Trafalgar.
43. Un librillo de papel Bambú.
44. Una navaja de afeitar con hoja de Solingen.
45. Una botella de whisky Loch Lomond.
46. Una tabla con el retrato del cardenal Richelieu.
47. Un frasco con arena de la playa donde Odiseo conoció a Nausicaa.
48. Un cenicero del hotel Vesuvio de Nápoles.
49. La espada utilizada por Viggo Mortensen en la película Alatriste.
50. Un plato de cobre pintado con la lucha entre Menelao y Héctor.
51. Un busto de Voltaire.
52. Un retrato enmarcado de Joseph Conrad.
53. Un casquillo de ametralladora de un avión, que además de ametrallar lanzó napalm.
54. Un cenicero de cristal de la Compañía Trasmediterránea.
55. Un Tintín de tamaño casi natural con Milú.
56. Un casco de periodista de la guerra de los Balcanes.
57. Una lata de puritos Panther.
58. La insignia de un oficial marroquí muerto en Mahbes.
59. Una antigua máquina de escribir Underwood y una portátil Olivetti Lettera 32.
60. Un clinómetro náutico de metal.
61. Un pequeño armario con 132 plumas estilográficas.
62. Un telégrafo de órdenes del puente de un barco mercante.
63. Un caballo de tiovivo.
64. Una virgen de Fátima comprada en un anticuario de Lisboa.
65. Una polvera de Maderas de Oriente.
66. Un botijo de barro.
67. Dos maiale de plomo.
68. Un autógrafo de Alejandro Dumas.
69. Un mechón de cabello de mujer.
70. Un tablero y un ajedrez con los que jugaron, sucesivamente, Karpov y Kasparov.
71. Una caja de latón del hotel Danieli de Venecia.
72. Una botella de vino Vranac.
73. Una placa de mármol con la inscripción Civis romanus sum.
74. Una taza del café Gijón.
75. Una mascarilla mortuoria de Napoleón.
76. Tres cuellos de ánfora romana sacados del mar hace sesenta años.
77. Dos pequeños ídolos de barro nicaragüenses.
78. El casco de un soldado serbio muerto en Vukovar.
79. Un pisapapeles familiar del siglo XIX.
80. Una vitrina con cuchillos árabes y africanos.
81. Una moneda del banco de Etiopía.
82. Una maqueta del Graf Spee, una cinta de gorra con el nombre de ese barco y untornillo de su torre Bruno.
83. Un chapiri del Tercio.
84. Una pistola de duelo del siglo XVIII.
85. El bastón estoque usado por Omero Antonutti en la película El maestro de esgrima.
86. Un halcón maltés de porcelana negra.
87. El submarino del profesor Tornasol.
88. Una figura de Sherlock Holmes meditando en una butaca.
89. Un sable de abordaje inglés de 1805.
90. Una máscara de mosaico azteca.
91. Un servilletero de plata con la inscripción A.P-R. 28-5-60.
92. Un maniquí de tamaño natural con uniforme del 4º de Húsares.
93. Una pequeña urna de madera de olivo con una piedra de Ítaca en su interior.
94. Un brazalete de hospital con el nombre de una niña recién nacida…
- Gracias Salva. Llega tarde, pero llega. Para mi gusto debería aparecer en elgún - Burnel - 40 - 31/05/2026 13:53
rinconcito del libro: tapas, guardas, contraportada, agradecimientos... incluso faja, que todo el mundo acaba perdiendo.
Y es que más de 25 años de guardianes de la hemeroteca de iCorso no es cosa baladí, y por el respeto a quienes hicieron ese trabajo tan brutal, dinosaurios de iCorso, mereciamos esa línea y media a la arqueología periodística.
Petisús, Solano!
- ... una labor importantísima de archivo y digitalización que hizo la página iCorso ... - Salva - 144 - 30/05/2026 18:17
ÚLTIMOS DÍAS DE LA MUESTRA
El infierno de Pérez-Reverte como reportero de guerra, imagen a imagen
Hablamos con la escritora y comisaria María José Solano de Fotografías de guerra (1974-1985), la muestra que recopila la obra gráfica del autor de Línea de fuego y que termina este fin de semana.
Por Abraham River 30/05/2026
Con 23 años, Arturo Pérez-Reverte se lanzó al mundo y sus guerras. Se dice pronto. Eritrea, Sahara, Chad, Kuwait, Arabia Saudi, Croacia. Allí fue un barbilampiño reportero del diario Pueblo, el más importante de la época. Y desde aquellos lugares contó lo que vio, con una cámara de fotos y su inseparable Olivetti Lettera 32. Objetos que pueden verse en la exposición Fotografías de guerra (1974–1985), una muestra imprescindible si se quiere conocer un poquito de lo que fue un oficio que con los años, y las nuevas tecnologías, ya es muy diferente. Y de cómo uno de nuestros grandes escritores se desenvolvió en trincheras, hospitales y campamentos de refugiados. Son 42 fotografías que retratan sobre todo a personas, a niños guerrilleros y a destinos que cualquier día podrían ser el nuestro. “La selección ha sido dificilísima”, destaca la comisaria y escritora María José Solano. “Pero el trabajo de archivo y de elección fue extraordinario, porque además las imágenes son muy buenas: retratos, escenas de combate, momentos íntimos”. Y así es. El trabajo es de un nivel magnífico, ya que además el propio Pérez-Reverte enviaba aquellos carretes sin revelar. La mayoría de esas fotografías ni las vio ocupando las portadas del periódico.
3.000 fotografías de conflictos.
Esos carretes y negativos Pérez-Reverte los recuperó en 1984, cuando Pueblo cerró. En un cajón de su casa, “estaban durmiendo el sueño de los justos”, como le gusta decir al escritor. “Estamos hablando de miles de imágenes, unas tres mil fotografías aproximadamente, tomadas durante toda aquella etapa como reportero. En Pueblo era al mismo tiempo periodista y fotógrafo: escribía las crónicas y hacía también las fotografías”, señala Solano. “Los carretes llegaban a Madrid de las formas más accidentadas que podamos imaginar: en manos de azafatas, amigos, conocidos, gente que salía de un territorio en guerra y podía transportar el material hasta España”. Con la ayuda del fotógrafo Jeosm, el archivo se positivó. Se revelaron las fotografías, se ordenaron y se guardaron. “Algunas las fuimos viendo poco a poco, aunque evidentemente era imposible revisarlo todo de golpe. Y aquello quedó ahí durante bastante tiempo”, dice Solano. “Recuerdo que en el XL Semanal hubo un momento en el que algunas de esas imágenes se publicaron por primera vez. Debió de ser hace un par de años. No se exactamente si coincidió con la publicación de Línea de fuego o vino a raíz de aquello, pero el caso es que parte de ese material empezó entonces a salir a la luz”.
Y así llegó ya el proyecto actual, acompañado de la recopilación y edición de los artículos de guerra de Arturo Pérez-Reverte, de cuya edición se ha ocupado también ella. “Ahí es donde todo empieza a conectarse. Los textos, las fotografías, el archivo personal y toda esa memoria periodística acumulada durante décadas”, advierte. Enviado especial (Alfaguara, 2026) recoge muchas de las crónicas que escribió el autor de Soldados de Salamina desde el frente armado, y que sirven como excelente lupa desde la que contemplar la exposición. Una obra fundamental también para disfrutar, comprender e imbuirse de todo el aura que esos años nos transmiten.
Compartir el peligro desde dentro
“Él está especialmente orgulloso de esas imágenes en las que compartía el mismo peligro que los soldados, recibiendo las mismas balas y corriendo exactamente el mismo riesgo. Hay fotografías tomadas a pie de batalla: detrás de un soldado que corre en Eritrea, después de estallar un obús, o en las noches de los hoteles de Beirut. Son imágenes imposibles de conseguir si no estás realmente allí dentro”, destaca Solano mientras menciona también algunos de los objetos que acompañan a las fotografías (en riguroso y nitido blanco y negro), como es el casco que llevó en la guerra de los Balcanes, las cámaras de fotos (una Pentax MX y una Pentax Spotmatic, la Nikon la vendió) o las diversas acreditaciones de prensa.
Un recorrido gráfico donde hay una presencia constante de niños. “Niños refugiados, niños armados, niños soldados. Eso impresiona muchísimo en la exposición y también en el catálogo. Porque, al final, son el rostro más brutal de todas esas guerras. Él hablaba mucho de eso, de cómo los niños terminaban convirtiéndose en un paisaje habitual en el conflicto, algo casi insoportable de asumir”, nos recuerda la curadora.
Guerras que luego le han inspirado
Algunos de los militares de sus crónicas, luego se van a convertir en personajes reales. Por ejemplo, Andrés Faulques, el fotografo de guerra que es uno de los personajes principales de su novela El pintor de batallas. “Era un militar real. Y como él, otros muchos personajes, otros muchos nombres y perfiles humanos que después terminarán reapareciendo en sus novelas”, comenta Solano, que también es la encargada de la colección Zenda-Edhasa, dedicada a publicar aventuras de corte clásico. “Y luego está, por supuesto, ese concepto tan profundamente revertiano del héroe cansado. Eso aparece ya clarísimamente en las crónicas”.
A Solano le gusta destacar como Reverte ya desde muy joven apunta a cómo será un escritor inquieto y perspicaz y perseverante. “Primero publica en Murcia, cuando todavía no era universitario, apenas un estudiante de bachillerato. Pero ya estaba ahí esa ambición, esa inquietud de reportero, esa necesidad de contar lo que ocurría”, se maravilla Solano, que recuerda una crónica en la que un jovencísimo Pérez-Reverte baja a las minas de La Unión y hace un reportaje fantástico sobre los mineros. “Lo importante es que baja con ellos. Él ya está dentro del territorio, dentro de la historia. Tiene desde muy joven esa obsesión por contar desde el lugar donde ocurren las cosas, nunca desde fuera ni desde casa”, incide.
Y luego está también el viaje en petrolero. “Se embarca en un petrolero para narrar cómo viven los marinos, cómo es la vida dentro del barco, en un momento además muy delicado, los años de la crisis del petróleo, en torno a 1973, si no recuerdo mal”, cuenta de esa intuición periodística de estar donde está pasando algo importante. Todos esos artículos están incluidos en el libro de crónicas. “Son los antecedentes de que vendrá después. “Hicimos una selección, naturalmente junto al propio autor, de toda la parte vinculada ya a su trabajo como reportero de guerra y enviado especial”.
Del entusiasmo a la amargura
En los textos de principios de los setenta todavía se percibe el entusiasmo del reportero joven, casi aventurero, fascinado por el oficio y por el mundo. Según avanzan los años ochenta aparece ya otra mirada. “Sigue siendo un periodista joven, realmente muy joven, pero ya se nota una lucidez mucho más amarga y, sobre todo, un cansancio moral muy evidente”, expresa Solano que para recopilar, bucear y de algún modo asimilar a aquel escritor en ciernes, se va a patear mercadillos y va a comprar muchos de esos periódicos de la época.
“Durante mucho tiempo fui comprando ejemplares antiguos, revistas, copias originales. Tengo bastantes números de Pueblo y, sobre todo, de la revista Defensa, de la que Arturo fue editor durante unos años. Allí publicó muchos artículos, algunos reutilizados desde Pueblo y otros completamente originales”, comenta. Además, hay también una labor importantísima de archivo y digitalización que hizo la página iCorso. “Ellos digitalizaron prácticamente todos los ejemplares de Pueblo en los que escribía Arturo. Es una hemeroteca extraordinaria, casi una obra de arqueología periodística”, continúa explicando.
Desaparecer y volver
La exposición recoge un documento verdaderamente único. La carta que Manuel Cruz, jefe de internacional del diario Pueblo, envió a su corresponsal en El Cairo contándole que llevaba varias semanas sin saber nada de Pérez-Reverte. Se le daba por desaparecido. “Arturo estaba entonces en Eritrea, en plena ofensiva, y habían perdido completamente el contacto. Pensaban literalmente que había muerto”, señala Solano. “En la carta le pide que, por favor, si encuentra el cadáver, lo identifique para poder iniciar los trámites de repatriación y toda la documentación oficial”.
Lo fascinante es un final casi novelesco. Nadie logró averiguar nada porque Reverte había conseguido salir andando hasta la frontera. “Y tiempo después, de regreso a España, se cruzó por casualidad con aquel corresponsal en un aeropuerto. El otro se quedó completamente helado y le dijo: ‘Pero bueno, ¿tú estás vivo? Llevo semanas buscándote’. Y sí, estaba vivo”, bromea con una media sonrisa Solano.
Compañeros gráficos
Por último, tres compañeros que acudieron a la inauguración de la exposición que termina este fin de semana y que forman parte de ese oficio que tanto ha influido a Reverte. “Aunque en los años de Pueblo trabajaba muy solo —el sistema de reporterismo entonces era así. Mucha precariedad, mucha improvisación y muchísimo oficio aprendido sobre la marcha—, siempre ha mantenido una fidelidad enorme hacia aquella generación de reporteros de guerra con la que compartió oficio y riesgos”, relata Solano.
A la presentación acudieron José Luis Márquez, el cámara de guerra al que Pérez-Reverte dedicó Territorio comanche. También estuvo Paco Custodio, que fue quien grabó, entre otras imágenes históricas, el incendio de la Biblioteca de Sarajevo. Y estaba Luis Miguel de la Fuente, el más joven de todos ellos, que llegó cuando los demás empezaban ya a retirarse, aunque todavía coincidió con aquella generación en los Balcanes y sigue siendo hoy un estupendo reportero gráfico. “Arturo los cita constantemente. Sigue hablando de ellos con enorme admiración y con una mezcla de memoria, afecto y nostalgia por una manera de ejercer el periodismo que prácticamente ha desaparecido”, concluye Solano.
https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2026-05-30/el-infierno-de-perez-reverte-como-reportero-de-guerra-imagen-a-imagen_4363194/
- El punto de estima - La Derrota - 34 - 24/05/2026 22:25
Es el título del capítulo de Lacarta esférica en la que alguien escribió unas líneas en memoria de Odiseo.
Y desde luego, tiene su punto de estima.
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