“Hay que asumir con serenidad el horror de la vida”.

 

Domingo, 14 de mayo de 2006

 

Arturo Pérez Reverte presentó ayer su última novela, 'El pintor de batallas', en un acto en el que intervino el periodista Óscar Lobato

jesús marín 

el acto. Arturo Pérez Reverte presentó ayer su libro 'El pintor de batallas', a través de las preguntas formuladas por el periodista Óscar Lobato.

 

VIRGINIA LEÓN

 

Cádiz. La fiesta de las letras de Cádiz vive hoy sus últimos momentos en una recta final repleta de importantes citas literarias. Una de ellas fue protagonizada ayer por Arturo Pérez Reverte, que se acercó a la XXI edición de la Feria del Libro para presentar su última novela, El pintor de batallas.

Tras un cambio de última hora en el emplazamiento para celebrar el acto –dado el calor que hacía en el patio del Baluarte de La Candelaria, donde estaba previsto el evento inicialmente–, el escritor cartagenero desgranó ayer las claves de su libro a través de las preguntas lanzadas por el periodista Óscar Lobato, en una desbordada sala de esta fortaleza centenaria.

 

De esta forma el académico se refirió ayer a El pintor de batallas como el resultado de un ejercicio de serenidad, una obra reflexiva en la que "por primera vez, he hecho algo más que contar una historia intensa. He querido ofrecer una visión del mundo y de los seres humanos en el mundo". Concretamente, aborda en su obra la manera de "asumir con serenidad las reglas terribles, dolorosas e implacables que tiene la vida y la muerte, asumir que vivimos continuamente en territorio hostil. Pero ante esto tenemos mecanismos de defensa que proporcionan la cultura". No obstante, asegura el autor que si bien "la cultura no soluciona nada, ayuda a solucionarlo".

 

Esto lo plasma en su libro a través de la mirada de Andrés Faulques, un fotógrafo que decide cambiar la cámara por los pinceles, en busca de una foto que nunca pudo hacer, para pintar un gran fresco circular en la pared, el paisaje de una batalla.

 

La pintura simboliza así el vehículo para llegar a la lucidez, utilizada en este caso como mecanismo de defensa. Es aquí donde el escritor ensalzó la autenticidad de la pintura, calificando a Goya, otro de los pintores de batalla del siglo XVIII, como el "último pintor honrado". En el sentido, añadió, "de que en aquellos momentos la imagen no estaba en un mundo que la mercantilizaba y lo manipulaba". Prosiguió aseverando que "hasta los indiscutibles iconos fotográficos de guerra del siglo XX son falsos", para lo que se valió de ejemplo de algunas fotografías de Robert Capa, como la del miliciano muerto.

 

Pérez Reverte quiso volver entonces la mirada hacia nuestros antepasados, "nuestros abuelos", porque ellos "sufrieron la guerra, el hambre, las fiebres", en contra de la sociedad actual, "cada vez más lejos de estos mecanismos de defensa". Una sociedad a la que definió como anestesiada y a la que le hace falta analgésicos para soportar el dolor, pero con lucidez. "Porque antes había justificación, pero ahora, el que no quiere ver el horror es porque no quiere verlo".

 

Los atentados del 11-S le sirvieron al autor en el acto de presentación de ayer para materializar su visión del mundo. "La gente decía cuando veía esto en la tele que esta barbarie no podía ser, y yo ya llevaba veinte años contando que esto ha existido siempre. Pero ¿creíais que estábais a salvo?. Yo veía las Torres Gemelas y veo Caballo de Troya, te das cuenta de que la historia se repite", señala Arturo Pérez Reverte incidiendo de nuevo en la importancia de la cultura y la literatura a la hora de formar un tejido sólido y sereno.

 

Al hilo de esta reflexión central de su novela, también habló de lo que él considera una mentira muy peligrosa. "Nos han hecho creer desde hace siglos que el ser humano es bueno y que es la sociedad la que lo hace malo. Pero esto es mentira porque el ser humano es muy peligroso". Explicó al respecto que lo ocurrido es que "hemos tenido suerte y con inteligencia nos hemos hechos jefes del garito con muchos procedimientos civilizados, consecuencia de la lucidez de la cultura. Pero somos depredadores peligrosos, y cuando todo se va al carajo, cuando pasamos hambre, por ejemplo, comenzamos a matarnos unos a otros".

 

En este punto habló del "único aspecto bueno que tienen las guerras, y es que al no tener los frenos sociales de la educación, lo puedes ver con lucidez extrema, una lucidez que no se tiene en la vida real". Aunque también señaló que no es necesario ir a la guerra, ya que "existen mil maneras de plantearlo en la vida cotidiana".

 

La pregunta de Óscar Lobato sobre otro de los "dos personajes y medio que aparecen en la novela" que, a su vez, viene a sembrar el horror y a matar pero de una forma excepcional, llevó a Reverte a citar el acto de la comprensión. "Creo que el ser humano debe tratar de matarse pero de forma civilizada, sabiendo, tanto el verdugo como la víctima, por qué lo hacen, con el consuelo de que lo que están cumpliendo es un ritual".

 

También se abordó en el transcurso de esta cita la aparición de una historia de amor redonda mediante otro de sus personajes, la mujer. "Es la primera vez que introduzco en una novela una historia de amor perfecta, porque nace, se desarrolla y termina, como todo en la vida". De hecho, afirma, "hasta ahora mis historias de amor eran frustradas, imperfectas, atormentadas".

 

En El pintor de batallas, al igual que ocurre en la vida real según el autor, "la mujer ayuda a alcanzar la lucidez, pues Faulques se da cuenta de que llega a entender el arte moderno gracias a ella".

 

Otro de los puntos de interés que se trató en esta improvisada entrevista fue el paisaje estático en el que se desenvuelve la obra, precisamente en una torre aislada junto al Mediterráneo, en medio del paisaje.

 

En este sentido, contestó el escritor que todo en la novela son guiños, que todo está lleno de símbolos. "El paisaje en cualquier novela forma parte de ella, al igual que el ruido, la luz y hasta la temperatura. Todo tiene su significado". Es por esto que eligió Reverte un paisaje estático que responde al paisaje intemporal de una batalla "en el que no tenía que pasar nada y pasa de todo".

 

La temática elegida puso también en evidencia la pasión de su autor por la pintura, por la que aseveró sentirse atraído por razones personales. No obstante, reconoció que para escribirla se ha impregnado de los procedimientos técnicos de este arte, lo que le ha valido para "mirar de una forma distinta los cuadros que ya conocía. No me situaba como quien soy sino como el pintor de batallas, y esto me ha dado una riqueza enorme, ha sido una experiencia muy interesante", expresó.

 

Los entresijos de esta obra llegan a un final que Arturo Pérez Reverte asegura haber descubierto un día cualquiera, en un amanecer, mientras navegaba. "Ese día vi el final de la historia. Comprendí que no pasa nada. Que nacemos y morimos y que no es tan grave, que hay que asumirlo, hay que asumir que vivimos en territorio enemigo y que existen mecanismos de consuelo". Para, de esta forma, "llegar al final sin prisas, preparados, sin atajos y con serenidad romana. Se trata de conseguir no gritar cuando cae el avión. En esto se resume mi novela, lamento comunicarlo", dijo en clave de humor, antes de proceder a la firma de los libros que numerosos seguidores le solicitaron. 

 

SU EXPERIENCIA

 

"Era joven y cruel, pero hacía mi trabajo"

 

"Yo era un hijo de puta profesional, era un mercenario, estaba allí para eso", dijo ayer Arturo Pérez Reverte en alusión a su dilatada trayectoria como corresponsal de guerra, un aspecto estrechamente vinculado a su novela, ya que se su protagonista también ocupa precisamente esta profesión.

 

"Yo me limitaba a hacer mi trabajo, era joven y cruel. Primero filmaba, aunque fuera el horror, y después ayudaba a trasladar heridos", señaló. Pero con la madurez y los años llegan "los fantasmas", que no las pesadillas, "el fantasma de un niño que me dice por qué no me ayudaste, en el que ves la cara de un familiar, fantasmas que te acompañan en tu vida". Es aquí donde entra en juego su última obra. "Entonces tienes que escribir novelas para explicarlo".

 

No obstante, señaló que El pintor de batallas no se trata de un libro autobiográfico, pero en el que se ha servido de su experiencia, de sus recuerdos y de su reflexión personal para introducirse en la mente de su protagonista.