“La razón es el único analgésico”

 

Miércoles, 27 de mayo de 2015

 

Arturo Pérez-Reverte Escritor. El autor cartagenero presenta en Murcia su última novela, 'Hombres buenos', un homenaje a los ilustrados españoles de finales del siglo XVII

 

Rosa Martínez | MURCIA

 

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El escritor cartagenero Arturo Pérez-Reverte, fotografiado en el patio del Centro Cultural Las Claras de Cajamurcia, ayer. / VICENTE VICÉNS / AGM

 

No se les oye porque hay mucho ruido. Existe, mantiene Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), «tal bombardeo de información que es difícil advertir sus voces», pero «están ahí», recuerda. Habla el escritor de los hombres buenos, de los hombres comprometidos, críticos y entregados, que perfila en su nueva novela, de la que ayer se desprendió en Murcia, última parada de lo que llamó el «bombero torero» de presentaciones que, desde el pasado mes de marzo, cuando salió a la venta la obra, ha realizado por diversas ciudades españolas: «Una novela nunca termina cuando la escribes, hay que acompañarla para que el lector la conozca. Por suerte, ya termino y por fin puedo dedicarme a mi próximo libro».

Pérez-Reverte presentó, primero ante los medios y más tarde ante sus lectores, con los que se reunió en el Aula de Cultura de Cajamurcia, 'Hombres buenos' (Alfaguara, 2015), una obra a la que empezó a dar forma en la biblioteca de la Real Academia Española (RAE), y en la que narra el periplo que emprenden a París, a finales del siglo XVII, dos académicos españoles con el fin de adquirir para la institución una edición completa de la 'Encyclopédie', de D'Alembert y Diderot, un libro prohibido entonces dentro de las fronteras castellanas y en el que se recogían los principios y valores de la ilustración, el progreso y la modernidad. A partir de ahí, Pérez-Reverte imagina, dialoga y crea un debate en torno a lo que pudo ocurrir y no tuvo lugar, ante «la España que pudo ser y no fue», define el escritor. Un debate sobre el pasado que hoy se puede trasladar al presente: «'Hombres buenos' es una novela que habla del siglo XVII pero también del XXI», apuntó el autor.

 

«Mientras escribía recurrí en varias ocasiones a Voltaire, a Rousseau, a Jovellanos. Buena parte de sus ideas se mantienen en la actualidad. Los hombres buenos siguen estando ahí. Quise recuperar esos argumentos en un territorio de amistad». Con esta novela, dijo Pérez-Reverte, «he querido demostrar que en un mundo como el actual, el fanatismo y el radicalismo absurdo están haciendo mucho daño, también en España; y la cultura, el diálogo y la razón siguen siendo el único mecanismo de salvación, la única terapia y analgésico. La novela nos recuerda que siempre hay elementos que nos permiten superar la estupidez».

 

En 'Hombres buenos' Pérez-Reverte propone una «novela de ideas» que el autor alimenta con la conversación constante entre los dos académicos -Hermógenes Molina y Pedro Zárate- a los que pone en camino a fin de conseguir la ansiada edición de la 'Encyclopédie', y a los que enfrenta dialécticamente con el objeto de poner sobre la mesa puntos de vista diferentes y dar cuenta de cómo a través del diálogo es posible el entendimiento. La conversación se adereza con un viaje trepidante que no está exento de acción y de intriga: «El lector sabe desde el primer momento que van a ocurrir cosas», afirmó el autor, quien vuelve a introducir en sus páginas aquellos elementos que a lo largo de 30 años han acompañado su escritura.

En este libro, confesó, ha disfrutado con el juego de los metales -«en un mundo en el que se mata con drones, la espada sigue siendo un símbolo, porque te obliga a estar cerca del adversario, a mirarle a la cara y a arriesgar tu vida»- y con ese personaje antagonista y «'revertiano'» que también aquí encuentra acomodo: «Hay un tipo de malo que me interesa mucho, que me seduce y con el que disfruto. Ese malo tiene muchos matices, es un personaje al que la vida le ha privado de palabras mayúsculas como honor y patria, y de ellos se pueden esperar muchos recursos narrativos», apuntó el escritor, que reconoció sentirse «satisfecho» con un libro en el que sumerge vida, experiencia, angustia, pérdida, odios y triunfos.

 

«He tenido una vida muy movida y he pasado por situaciones que dejan huella en la cabeza y en el cuerpo. Todo eso me ha dado mucho material para contar historias que no podría haber escrito con veinte años, porque con esa edad hay cosas que no entiendes; antes tu corazón tiene que haber sufrido estragos», advirtió el escritor, quien afirmó que «la prisa ha matado a muchos grandes escritores»: «Yo empecé a escribir con 36 años, y si lo hubiera hecho antes creo que habría copiado o robado a otros».

En 'Hombres buenos', recordó Pérez-Reverte, está presente «la mirada» de las guerras y conflictos que cubrió como reportero durante 21 años. También los «huecos de los amigos» conforman el bagaje emocional con el que Pérez-Reverte impregna su obra: «Siempre que vengo a Murcia recuerdo a Pepe Perona», señaló. A él, a Pepe Perona, profesor de Gramática de la Universidad de Murcia fallecido en 2009, y al escritor y poeta Rafael de Cózar, trágicamente fallecido en el incendio de su casa el pasado mes de diciembre, Pérez-Reverte les hizo un pequeño homenaje en el encuentro que mantuvo con sus lectores y en el que estuvo acompañado por el profesor y crítico literario de 'La Verdad', José Belmonte, y el catedrático de Literatura de la UMU y crítico José María Pozuelo Yvancos.

 

Suerte

 

De 'Hombres buenos', Pérez-Reverte ha vendido ya más de 120.000 ejemplares y el libro ha alcanzado su quinta edición. «Ahora tengo suerte pero moriré y desapareceré. La fama y la posteridad son problemáticas y no tengo la más mínima esperanza de sobrevivir a mis libros», expresó: «He visto quemar demasiadas bibliotecas como para saber que el mundo que viene no va a tratar bien a los libros», vaticinó el autor cartagenero. «Soy realista», dijo, «si fuera un joven escritor no haría novelas, me pondría a escribir guiones de series de televisión o videojuegos. El papel tiene fecha de caducidad y dentro de 15 o 20 años la gente no leerá novelas. Los mecanismos narrativos para el hombre moderno están en la televisión», aseguró.

Acostumbrado a ver muchas de sus novelas en la pequeña y gran pantalla, unas producciones con más éxito que otras -Viggo Mortensen protagonizó en 2006 un aplaudido 'Alatriste', personaje que Telecinco también ha llevado recientemente a la televisión, aunque con menor tirón-, Pérez-Reverte defendió que las series, si están bien hechas son «más eficaces que una novela»: «La adquisición de información es más potente en televisión y la series tienen como ventaja que entran por los ojos. Existe un público que nunca leería un libro pero sí consume ficción en la pequeña pantalla». «Los mecanismos audiovisuales -auguró Pérez-Reverte, quien aprovechó su intervención para anunciar que la cadena estadounidense Fox acaba de rodar el primer episodio de su obra 'La reina del sur'- desplazarán a las novelas».

 

«Por suerte -añadió- me ha tocado vivir una época buena y eso me ha dado independencia y libertad». Aun convencido de que el papel avanza con paso decidido hacia su final, el autor reconoció no poder evitar «pertenecer a un mundo en el que los libros son amigos y en el que tocar el papel, poder prestar un título y dejar marcas en sus páginas es muy hermoso», defendió.

 

Raíces

 

Desprendido ya de la novela que le ha mantenido ocupado durante el último año y medio, Pérez-Reverte, se lanzará a escribir ahora su próximo libro: «Vivo con un montón de historias en la cabeza, todas están ahí pero al final hay una que se impone a las otras». Así ocurre cada vez que arranca un nuevo proyecto narrativo, que se propone sumar un título más a su amplia biblioteca personal, en la que se asientan 'El húsar' (1986), 'El club Dumas' (1993), 'La piel del tambor' (1995), 'La carta esférica' (2000), 'El asedio' (2010) y 'El francotirador paciente' (2014), entre una larga lista de obras.

 

La tarea, la de buscar esa historia que se imponga por encima de las demás, la pensará «mucho», apunta: «No me puedo equivocar. Escribir un nuevo libro supone pasar un año y medio trabajando en él, viajando, leyendo y conversando en torno a ese tema concreto, y me tiene que gustar; necesito garantizar que voy a disfrutar de un año y medio de felicidad». «Tan presente tengo al lector como a mí mismo», reconoció el autor, quien aseguró: «No olvido de dónde soy, nunca he renegado de mis raíces aunque haya estado fuera, y sigo teniendo mis viejas querencias».