“Trabajar la parte buena del ser humano me ha devuelto algunas esperanzas que creía perdidas”

 

Lunes, 4 de abril de 2015

 

Europa Press - 06/04/2015

 

fotonoticia_20150406140103_800.jpgArturo Pérez-Reverte ha presentado este lunes en Sevilla su último libro 'Hombres buenos' (Alfaguara), un intriga histórica en el París prerrevolucionario, que narra la heroica aventura de quienes se atrevieron a cambiar el mundo con libros. "Esta novela me ha obligado a trabajar la parte buena del ser humano y me ha devuelto algunas emociones y esperanzas que creía perdidas", asegura el autor sobre esta novela "de libros y amistad".

 

A finales del siglo XVIII, cuando dos miembros de la Real Academia Española, el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate recibieron el encargo de viajar a París para conseguir de forma clandestina los 28 volúmenes de la 'Encyclopédie' de D'Alembert y Diderot, que estaba prohibida en España, nadie podía sospechar que los dos académicos iban a enfrentarse a una peligrosa sucesión de intrigas, a un viaje de incertidumbres y sobresaltos que los llevaría desde el Madrid ilustrado de Carlos III al París de las agitaciones políticas en vísperas de la Revolución francesa.

 

Durante la presentación, Pérez-Reverte, para quien Sevilla es parada obligada de sus novelas desde 'La piel del tambor', ha señalado que el XVIII, siglo en el que España "estuvo a punto de hacer un montón de cosas", la Academia "tuvo un papel importantísimo". Además, "es muy desconocida, porque la gente cree que hace un diccionario para España, y lo hace para 500 millones de hispanohablantes", por lo que la institución "es una especie de organismo diplomático que mantiene la unidad del español en 22 países, y ese trabajo de puente y diplomacia es muy complejo y muy delicado".

 

"En el siglo XVIII la Academia era un organismo necesario e importante en un Estado que intentaba ser moderno, de modo que cuando me enteré de esta historia de la 'Encyclopédie' pensé que era una buena forma de dar a conocer la Academia y de hacer una reflexión sobre la España que tenemos y la que pudo ser", manifiesta el escritor y periodista, quien reconoce que quería que el libro tuviera también una lectura presente. "Quería que además de explicar cómo era España en el XVIII, valiera para entender el presente, que proyectado en el Occidente actual sirviera para comprender como los fanatismos, los inmovilismos, las fuerzas oscuras han lastrado siempre el progreso y el entendimiento de los hombres", añade.

 

Pero, "sobre todo, es una historia de amistad y de libros como mecanismo de salvación; dos hombres buenos que haciendo un viaje peligroso se hacen amigos, y en esa amistad y esos diálogos surge el respeto mutuo. Dos personas que además son muy diferentes -un ilustrado radical y un ultraconservador-, de modo que quería demostrar que fe, religión, razón y progreso son compatibles si hay buena voluntad", asegura. "Esta novela es una especie de modesta guía de entendimiento, con la cultura y la amistad como mecanismo de progreso", insiste el autor, que destaca que en el proceso de creación "hay un proceso de enriquecimiento personal muy interesante". "Yo no soy el mismo cuando termino una novela que cuando la he empezado, y espero que el lector tampoco lo sea", subraya, toda vez que afirma que "cuando un tío tiene 63 años y mucha vida vivida saber que todavía hay cosas que sorprenden, de las que aprendes, con las que vas a enriquecer tu vida, es una experiencia maravillosa".

 

Asimismo, Pérez-Reverte asegura que cuanto mayor se hace más se da cuenta de que "sin libros estamos perdidos", y que "mientras no se es culto no se es libre", de ahí siempre su "continuo reproche" a los ministros de Educación sucesivos, que "durante muchos años han estado desmantelando los mecanismos culturales del pueblo español, que los deja indefensos frente a los intereses particulares de quienes intentan utilizar a la gente como carne de cañón", asegura.

 

En este sentido, destaca que hoy "no es el Estado quien cuida de que las luces brillen en España, sino al contrario, el Estado es el que hace a menudo dejación de sus obligaciones y deja indefensos las luces y a los ciudadanos a los que éstas deberían iluminar". "En España las luces están en manos de gente particular, héroes solitarios, a veces sin ningún apoyo, maestros de escuela que en sus pequeñas parcelas de educación intentan explicarle a los niños, héroes pequeños, modestos, que luchan en batallas que saben que nunca van a ser grandes triunfos", pero "sumando pequeñas batallitas, esos pequeños héroes particulares son los que mantienen la luz", porque "hay gente realmente buena que intenta cambiar las cosas". En este sentido, Pérez-Reverte manifiesta que el escribir esta novela le ha hecho "respetar más a la gente buena, mirarla más", y en este sentido "espero que me haya hecho mejor y haga mejor a quien la lea", concluye.