“Todo es ficción, hasta cuando cuento cosas reales”

 

Viernes, 20  de marzo de 2015

 

reverte--575x323.jpgMadrid, EFE En las novelas de Arturo Pérez-Reverte "todo es novela", todo es ficción, incluso cuando escribe sobre "cosas reales", algo que ha vuelto a ocurrir en su último libro, "Hombres buenos", recién llegado a las librerías, una historia, dice, de "libros y amistad".

 

Sobre esta intriga ambientada en el siglo XVIII, el escritor y académico ha conversado en Efe Radio con Marta Robles, presentadora y directora de "Entre comillas", programa en el que Pérez-Reverte ha desgranado los pormenores de su último relato, en el que ha trabajado durante dos años.

 

Una novela que permite al lector sumergirse en un París fascinante y prerevolucionario, a donde acuden, por encargo de la Real Academia Española, el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante Pedro Zárate para traer a Madrid l'Encyclopédie de Diderot y D'Alembert.

 

El primero es un hombre ilustrado que "creía conciliables fe y razón" y el segundo un "científico, frío, racional", un personaje al que su creador reconoce que le ha prestado parte de su forma de ver el mundo.

 

"Es -según el escritor y académico- una aventura de amistad ambientada en el siglo XVIII. Es una trama llena de guiños. Mi lector ya sabe cómo me gusta jugar, mezclar libros falsos con libros verdaderos, hacer trampas, guiños, cosas así; adivinanzas y secretos en la misma escritura".

 

El "territorio básico" en el que se mueve el nuevo relato de Arturo Pérez-Reverte es "que los libros son cultura, un territorio noble. Y cuando la gente se mueve en ese territorio crea lazos de amistad". Y "una amistad cimentada -continúa- en torno a la aventura y a los libros es la amistad más sólida y hermosa del mundo".

 

"Hombres buenos" (Alfaguara) es la "única vez" en su vida como escritor que ha querido que el lector, concluida su lectura, "acabe con una sonrisa en los labios".

 

"Hay demasiada amargura y desesperanza en el mundo, y en mis novelas también, pero es cierto que hay cosas que se pueden salvar de todo esto. Esta novela la he hecho reuniendo en ella todos los restos del naufragio que todavía flotan, todas las esperanzas que aún quedan, las cosas que no están rotas, las inocencias que no están perdidas, las admiraciones que aún me quedan, los afectos que puedo sentir,...".

 

Esa "parte agradable, amable, esa sonrisa final que he procurado que le quede al lector al concluir la lectura, también -reconoce- me ha quedado a mi" tras escribirla. "En este sentido, es una historia buena, noble en el sentido que pretende que el lector se sienta mejor".

 

Que entienda, insiste, "que pese a toda la basura en la que vivimos, de cuanto vemos y nos rodea, siempre hay hombres buenos y territorios en los cuales poder ser buenos, y donde hay esperanza".

 

A propósito de estas reflexiones, Arturo Pérez-Reverte confiesa que ha habido amigos que, medio en broma medio en serio, le han dicho que se está "ablandando". "Pero no, estoy seguro que no", asegura.

 

"Tenía la necesidad de abrir una ventana y de que entrara la luz. Escribo con lo que tengo en la cabeza, y el mundo en el que he vivido y en el que vivo tampoco me gusta demasiado. Tenía la necesidad de salvarme a mí mismo, de alguna forma. Esta novela me ha ayudado a querer más a la gente, a la gente que merece la pena que la quieran", puntualiza.